Con más de veinte facultades tomadas en distintos puntos de la Argentina, una marea de miles de estudiantes y docentes de las 56 universidades públicas marcharon a Plaza de Mayo para exigirle al gobierno nacional un aumento salarial del 30% y mayor presupuesto universitario.

La movilización popular y el clima parecen estar enemistados. Al igual que en la jornada histórica del 8A, la lluvia y las temperaturas heladas penetraron cada fibra de quienes se movilizaron desde distintos puntos del país en defensa de la universidad pública. El agite a puro bombo y trompeta se fue multiplicando para combatir el frío y los cánticos en contra del gobierno se hicieron eco en cada avenida. Paraguas de todos los colores y tamaños desfilaron por el microcentro porteño al ritmo de “la educación del pueblo no se vende, se defiende”.

Las Artes, las Ciencias Naturales y Exactas, las Ciencias Sociales y las distintas disciplinas salieron a las calles a dar cátedra. Ingresantes, estudiantes avanzados, graduados, ayudantes de cátedra, docentes ad honorem, docentes de planta, todos y todas golpearon con un mismo puño la puerta de entrada de la Casa Rosada para que Mauricio Macri y su gabinete se enteren que las universidades no se rinden y dan pelea adentro y afuera de las aulas. La Avenida de Mayo, Diagonal Norte y Diagonal Sur rebalsaron de gente decidida firmemente a defender el derecho social a la educación universitaria.

La convocatoria sectorial que empezó en las instituciones de educación superior pronto se extendió al nivel inicial, primario, medio y terciario. Como reflejo también de la magnitud que tomó el conflicto, las organizaciones políticas y sociales se adhirieron y movilizaron el día de ayer. “Sin universidad no hay futuro”, rezaba la consigna que se viralizó en las redes sociales y que fue pancarta. La sociedad civil en su conjunto se pronunció en contra del recorte sobre las universidades y el vaciamiento de la educación pública en todos sus niveles.

Universidades en peligro

El fenómeno universitario viene sorprendiendo a propios y ajenos. En el marco de la cuarta semana de paro y con decenas de facultades ocupadas a lo largo y ancho del país, estudiantes y docentes ponen sobre la mesa el ajuste del gobierno nacional sobre la universidad pública y denuncian el acuerdo con el FMI, que viene aparejado de un recorte sobre la salud y la educación.

Foto: Virginia Robles

No hay registro en nuestra historia reciente de un conflicto universitario de esta magnitud. “Somos primera generación de universitarios, no queremos ser la última”, expresaba uno de los carteles en la movilización. Quizás sea esa la frase más acertada para describir la situación que atraviesan actualmente los y las estudiantes y docentes. Mientras los funcionarios del gobierno buscan minimizar la gravedad del asunto e insisten en deslegitimar el reclamo acusando a la izquierda y el kirchnerismo, hay universidades nacionales que tienen los días contados.

Los derechos no son del trostkismo, el kirchnerismo, ni el macrismo, son del pueblo, y eso quedó demostrado en la masiva marcha de la tarde de ayer. Lo que está en juego es el acceso irrestricto a la educación superior, lo que se contrapone al modelo educativo de Cambiemos que lee ‘privilegios’ donde dice ‘derechos’. Pero el gobierno ya no puede mirar para otro lado, no discute más con estudiantes ni docentes, discute con el conjunto de la sociedad argentina que no está dispuesta a dar ni un paso atrás y no renunciará al derecho a la educación superior.