A menos de una semana de que los senadores rechazaran el proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, una joven de 34 años murió tras realizarse un aborto casero con la rama de un perejil.

Las hierbas mágicas, las pociones inventadas, las curanderas, los consejos improvisados, los mitos repetidos. El halo de clandestinidad y la falta de información sobre la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina mata. Como si faltaran pruebas, a cinco días de que el Senado votara en contra del proyecto de ley, se conoció un nuevo caso.

Liz o Elizabeth -como se decidió nombrarla para resguardar su identidad- tenía 34 años, era madre de un niño de 2 y vivía en la localidad de José León Suárez, en el extremo norte del partido de San Martín-. Liz ingresó a la guardia del hospital Belgrano el domingo 12 de agosto por la noche, con un shock séptico causado por una infección generalizada luego de intentar interrumpir su embarazo con un tallo de perejil. En el hospital le extirparon el útero para que la infección no continúe; sin embargo, la joven debió ser trasladada por la complejidad del caso a un centro de salud en Pacheco, donde finalmente perdió la vida.

El mismo día en que se conoció la noticia, diferentes organizaciones feministas se convocaron frente a la Casa de la Provincia de Buenos Aires en repudio a la muerte de Liz y a las 37 muertes evitables al año que se suceden en Argentina por abortos clandestinos. Las miembras de “La Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito” dejaron en claro la responsabilidad política de les 38 senadores y senadoras que votaron en contra de la ley, de la vicepresidenta Gabriela Michetti y de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

“El gobierno que preside Vidal no adhiere al protocolo ILE, lo que significa que no garantiza la educación sexual integral ni el acceso a los métodos anticonceptivos. Ni siquiera adhiere al protocolo de interrupción legal del embarazo que quedó institucionalizado desde que la Corte Suprema de Justicia emitió el Fallo F.A.L.”, sostuvo Yanina Waldhorn, integrante de la Campaña. También añadió que “sufrimos todas las muertes que acompañamos en estos 13 años. La diferencia es que ahora tenemos un pueblo movilizado por esta ley. Este pueblo va a ser la pesadilla de todos los responsables políticos.”

No es ley, pero es leyenda

Carolina Pedelacq es referente de mujeres Evita y la Oleada Feminista. Junto con sus compañeras participa en las consejerías pre y post aborto “la hoguera” que funciona desde hace 5 años en José León Suárez. Esta consejería articula con la “Red de profesionales por el derecho a decidir” y con las al menos 15 salas de atención primaria del partido de San Martín que garantizan el acceso al aborto por causales.

“Hay un detalle terrible  -cuenta Carolina-: Liz vivía a sólo 4 cuadras del Centro de Salud Nº 10 y a pocas cuadras de nuestra consejería. Nuestra conclusión frente a esto es que cuando el Estado no se hace cargo, ninguna organización es suficiente”.

Liz no sólo fue víctima de un Senado que eligió desoír el grito de las calles, sino también del ajuste económico. En un país en el cual la caja de Misoprostol está aproximadamente 4.000 pesos y un plan social está en 5.500, las mujeres de bajos recursos deben elegir entre alimentarse o realizarse un aborto seguro.

Este no es el único caso de muerte por abortos mal practicados que se dieron a conocer en los últimos días. Según el diario Página/12, una mujer de 34 años fue internada en Mendoza un día antes de la votación en el Senado con una infección avanzada y debieron extirparle el útero . Asimismo, el domingo 5 de agosto se conoció la muerte de Liliana Herrera, de 22 años, en Santiago del Estero.