Beatríz Serrano o Lola es la cara feminista de Buzzfeed España. En su último video revisa 18 cosas que hacen las mujeres en las escenas de sexo en las películas y son (un poquitito) mentira. Analizamos la representación del sexo en el cine y el lugar que ocupan las mujeres.

Muchos de quienes crecimos a la luz de la pantallas led comenzamos nuestra vida sexual con el poco conocimento que pudimos rescatar de las películas. El incumplimiento de la educación sexual integral en las escuelas, los tabúes familiares y el acceso a internet puede convertir la duda en un pantano donde los pechos de Scarlett Johansson calzan perfecto. En la industria del cine comercial las escenas sexuales suele carecer de perspectiva de género, reproduciendo una única concepción del sexo que encaja con el modelo impregnado por siglos de patriarcado.

El problema surge cuando las premisas del contexto fílmico se internalizan en el sentido común y se quieren trasladar -más allá de algunos torpes primeros intentos- de las escenografías a las camas.

Beatriz Serrano es Lola en las redes, y protagoniza la sección feminista de BuzzFeed España, donde aborda problemáticas de género a través de videos en Youtube. En su último episodio Lola repasa “18 cosas que las mujeres de las películas hacen durante el sexo y son (un poquitito) mentira”.

Entre los 18 mandamientos del sexo patriarcal en la industria del cine, el primero -y fundamental- es reducir el sexo a la penetración. El modelo de sexo coitocéntrico es herencia de la idea religiosa del sexo únicamente con fines reproductivos e invalida todas las otras prácticas sexuales. “En las películas el sexo siempre es con penetración y las mujeres necesitamos cero estimulación previa”, dice Lola con acento castellano. Dato que se cae rápidamente al contrastar con la realidad. Según la plataforma Getmine Healty Pleasure, un 65% de las mujeres y personas con vagina necesitan estimulación en el clítoris para tener un orgasmo. Además, del total de mujeres encuestadas el 65% había llegado al orgasmo por la vía vaginal, mientras que el 84% lo hizo mediante el sexo oral, y el 94% anal.

Otra de las premisas del cine es que las mujeres y sujetos con vagina debemos llegar al orgasmo en el mismo momento que nuestras parejas, aún cuando está probado que los tiempos de excitación son mayores en los cuerpos feminizados y el tiempo hasta alcanzar el orgasmo más prolongado.

En el cine las mujeres gemimos exageradamente ante cualquier estímulo y nunca jamás tenemos lencería vieja, ni fea, ni rota. Si intentan ser sutiles con la censura, los directores caen en situaciones extrañas cuando no ridículas. En muchas escenas sexuales las actrices conservan el corpiño, aunque en la vida real muchas preferimos comportarnos contra los elásticos tirantes y las copas ajustadas. En el mejor de los casos utilizan esa sábana que “llega justo hasta la cintura del varón pero hasta el pecho de la mujer”, describe Lola. La misma sábana puede convertirse en un vestido al alejarnos de la cama, ya que, como ironiza la española, “no vaya a ser que tu compañero sexual después de metertela hasta la garganta se escandalice de verte un pezón”.

Además de satirizar los lugares extraños y las posiciones incómodas donde la industria del cine supone que las mujeres disfrutamos de tener sexo, con espaldas arqueadas como contorsionistas, el video de Lola en Buzzfeed recalca algo fundamental. En la industria cinematográfica la mujer nunca siente miedo, vergüenza o incomodidad de su cuerpo. En general los cuerpos que se muestran en las películas cumplen con los estereotipos y no tienen nada de aquello que la industria de la belleza demoniza: ni pelos, ni grasa, ni ruidos incómodos, ni celulitis se involucran en estas escenas coreografiadas. Sin embargo, esto está totalmente alejado de la realidad. Lo real transcurre palpable por fuera de los sets, donde los cuerpos diversos buscan unirse y las pieles -suaves, rugosas, estriadas, manchadas- se empalagan de roce cuando hay consenso. En la vida real las mujeres desean, aunque adueñarse del placer les estuvo vetado durante siglos y la falta de apetito también resulta penado socialmente. Al fin y al cabo, se trata de condenar a las mujeres que desean. Como dice Luciana Peker en su libro ‘Putita golosa’: “A las de 15 se les exige que derrochen sensualidad, a las de 30 que tengan la panza chata después de parir, a las de 40 que sean MILF, pero si además de ser apetecibles quieren apetecer, son condenadas por meter a su casa a alguien que las ponga en sintonía de su propio placer”.

El goce real es necesario nombrarlo porque sabemos que lo que no se enuncia no existe. Otro modelo de sexo es posible; sin embargo, para que suceda es fundamental hablarlo, escribirlo y filmarlo para modificar lo que sucede fuera del encuadre.