La legisladora de Unidad Porteña, Victoria Montenegro, recibió en su despacho a El Grito del Sur para repasar la coyuntura de la Ciudad y el nuevo rol de las Fuerzas Armadas que quiere imponer el gobierno nacional.

“Esta es una ciudad que nos duele”, dice la presidenta de la comisión de Derechos Humanos de la Legislatura porteña, Victoria Montenegro, y enumera una larga lista de argumentos que forman parte de la agenda de la oposición a la gestión de Horacio Rodríguez Larreta: techos que se caen en escuelas públicas, el número creciente de personas en situación de calle, los casos de sarampión y tuberculosis en las comunas del sur, la expulsión fuera de los márgenes de la General Paz de los que menos tienen. Todo lo que, cree, forma parte de “una ciudad que no se ve”, escondida detrás de los carteles amarillos de la abrumadora propaganda oficial y la cobertura mediática de la que goza el Jefe de Gobierno. En diálogo con El Grito del Sur, Montenegro reflexiona sobre la situación de las minorías en la Ciudad y los desafíos de la oposición para lograr la unidad necesaria para construir una alternativa en un territorio históricamente hostil.

-Según el último informe de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad, en el último año aumentó el número de pobres en un 1,1 por ciento. ¿Se está empezando a sentir el ajuste también en territorio porteño?

-En realidad, lo que está empezando a sentirse con fuerza es la consecuencia de las políticas neoliberales del Gobierno Nacional: hasta 2015 hubo un Estado Nacional que contenía lo que pasaba económicamente en la Ciudad, a los sectores más desprotegidos. Hoy, esa cobertura ya no existe y lo que hay es un abandono. Por más que haya carteles amarillos por toda la ciudad, todos los indicadores sociales empeoraron: deserción escolar, gente en situación de calle, precariedad laboral, desinversión en salud pública. Hasta tenemos un brote de sarampión e, incluso en las comunas del sur, empezamos a ver indicadores sobre tuberculosis similares a los que tienen localidades de provincias como Salta, y estamos hablando de la ciudad con mayor presupuesto y con mayor PBI per cápita del país.

-En ese marco, ¿cómo evalúa la administración de Rodríguez Larreta en relación con los dos períodos de Mauricio Macri como Jefe de Gobierno?

– Rodríguez Larreta está, podría decirse, perfeccionando el modelo de Macri. Durante las dos etapas anteriores se gestó “la bestia” que gobierna el país, y ahora estamos en una etapa de profundización. Como nunca antes, cada metro cuadrado de la ciudad es para ellos un negocio: desde la urbanización de las villas 31 y 20 hasta los parques que venden como “ciudad verde”, hay una constructora amiga o una licitación privada, como en el caso de las escuelas. Larreta goza, además, de una mayor concentración de poder: la mayoría automática en la Legislatura hace que no haya ningún consenso posible en las políticas públicas y que las iniciativas de la oposición, como las que cursamos en defensa de las personas en situación de calle o de los trabajadores migrantes, sean bloqueadas.

-Justo en esos dos casos, como en tantas otras minorías que viven en la Ciudad, hay también una clara decisión por parte del Gobierno de reprimir y expulsar. ¿Por qué no tiene el Jefe de Gobierno un costo político?

-Creo que hay una ciudad invisible para la mayoría de los porteños por el inmenso gasto en publicidad oficial y la complicidad con la gestión que tienen los medios hegemónicos. Para que tengamos una idea, en la Ciudad no hubo una tragedia como la de Moreno de pura casualidad: desde techos de escuelas que se caen, vidrios que explotan como en Piedrabuena, con chicos que salieron lastimados. Pero nadie lo cuenta, ni investiga. La misma impunidad se ve en los casos de corrupción como Iron Mountain o Time Warp.

-En la oposición, sin embargo, hay síntomas de atomización. ¿Hay lugar para una autocrítica frente a la imposibilidad, hasta ahora, de quebrar la hegemonía del PRO?

-Es cierto que nos cuesta mucho articular, pero al menos desde nuestro bloque trabajamos para que esta oposición sea más fuerte y clara. Y desde nuestro espacio sí, por supuesto, no ganar la ciudad es la principal autocrítica. Creo que hemos subestimado las nuevas formas de comunicación que impuso del PRO, donde nos llevan una ventaja, y por otro lado durante los gobiernos de Néstor y Cristina de alguna manera descansamos en las políticas públicas que a nivel nacional protegían a los que menos tienen, que son los sectores con los que construimos día a día en nuestra militancia de base, y descuidamos quizás otro tipo de agenda que tiene que ver con lo vecinal.

-¿Existen para Unidad Ciudadana políticas del PRO en la Ciudad que ven como positivas y tomarían en una posible gestión?

-Sinceramente, no. Esta es una ciudad que nos duele: les sacan el pan a los chicos en la escuela, no designan enfermeros para áreas de cuidado paliativo que sólo están esperando la llegada de profesionales para funcionar. A grandes rasgos, éste es un modelo de ciudad para muy pocos, lo venimos diciendo: hay una decisión política de que la educación, la salud y el trabajo no deben ser para todos. El resto, el que no entra en el modelo, que se vaya o lo sacamos, como en el caso de la gente en situación de calle. Las 15 mil vacantes que faltan para chicos en la escuela pública a partir de la inscripción online, por ejemplo, pudo haber sido un error en su primer año, caso que podría haber sido atendible desde ese lugar, pero cuando el problema se vuelve crónico año tras año hay una decisión política de dejar gente afuera y no un simple error. Y los que la pagan son siempre los mismos: el PRO aplicó mal la ley de Basura Cero para venir ahora con el negocio de la incineración que, no es casualidad, los focos de quema de basura van a estar en la zona roja en materia de contaminación en la Ciudad.

-¿Ya hay una posición tomada de rechazar la reforma electoral que propone el oficialismo?

-Sí. Nos preocupa en especial la boleta única electrónica. Nosotros planteamos que puede haber fraude, queremos contar las boletas de papel una por una. Y discutir también los aportes de la campaña. En este caso, si bien hay un avance en cuanto a la paridad de género, algo similar pasó con la reforma del Código Contravencional, que el Gobierno la vendió como feminista cuando en el fondo el objetivo era perseguir a los que se hacen el mango en la calle y también a los artistas callejeros.

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DDHH y Fuerzas Armadas

-¿Por qué desde los organismos de DDHH se opusieron tan fuertemente al decreto que modifica el rol de las Fuerzas Armadas?

– El decreto es sumamente grave. Nos hace retroceder décadas. Desde que asumió, el Gobierno fue tomando decisiones en materia de seguridad que, tomadas en su conjunto, hace que las Fuerzas Armadas tengan una independencia del poder constitucional y la democracia, una autonomía muy peligrosa. Primero fue el 2×1, luego los ascensos sin consultar al Senado, más tarde la modificación de la resolución que les prohibía actuar en tareas de inteligencia. Son todas medidas profundamente ideológicas, que ponen en riesgo todo lo que construimos en materia de DDHH los últimos años.

-El Gobierno dice que nunca pensó en tareas de “seguridad interior” y que la respuesta de los organismos fue “política”.

-La autonomía de las FFAA es peligrosa. Eso es histórico y basta ver lo que fue el Operativo Independencia en 1975 como antesala de la decisión de los generales de hacer un Golpe de Estado más tarde. Y me hace mucho ruido escuchar a funcionarios nacionales hablando de la política en tercera persona, como si no hicieran política, lo que, en definitiva, degrada la política misma. Nosotros siempre defendimos la política como herramienta transformadora.