Secretario general de La Cámpora, diputado nacional y emergente de la juventud militante que surgió al calor del gobierno anterior, Andrés Larroque dialogó largo y tendido con El Grito del Sur. El rol de Cristina, la posible unidad de la oposición, los límites de la democracia republicana y el papel de la corrupción, en boca de uno de los principales referentes del kirchnerismo.

El “Cuervo” nos recibe en el despacho 314 del Congreso, donde tiene sus oficinas. La conversación es afable y cuando se corta el grabador recuerda las dificultades que tuvieron que afrontar sus compañeros cuando les tocó gobernar: “Había días que te ibas a dormir y no sabías si cuando te levantabas seguías en el gobierno”. El Cuervo Andrés Larroque dirige una de las organizaciones más influyentes del país y es uno de los pocos (y principales) interlocutores de Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Quién la quiere presa a Cristina? 

-Hay muchos sectores de poder a los que les interesa verla presa. Es difícil no ver los intereses norteamericanos en medio de esta situación, en una puja comercial muy grande en nuestra región y a nivel mundial. Al mismo tiempo, es difícil pensar que se puede avanzar en una indagatoria de Cristina, o de tantos empresarios, si no hay una espalda detrás. Y ese sector que podríamos denominar como “los empresarios nacionales” -ni tan empresarios ni tan nacionales-, es un sector que ocupó un lugar de poder y que maneja un volumen de negocios codiciado por empresas de mayor potencia.  Más allá de eso está la dinámica de la política local y hay una necesidad por parte del gobierno de utilizar a Cristina para tapar una catástrofe política, económica y social en Argentina. Hasta las elecciones del año pasado tuvieron un blindaje muy importante, pero ahora el gobierno necesita generar este tipo de episodios que desvíen la atención.

-¿La catástrofe es negligencia o es parte de su plan de gobierno?

-Es su plan de gobierno, totalmente. Ellos le aportan una cierta impericia: llevan adelante sus intereses, pero uno puede observar ciertos grados de torpeza en la gestión. Sobre todo en lo metodológico, porque es un sector que no está preparado en términos políticos: vienen de la actividad privada, donde el patrón es el patrón. Pero en la política no se manda como en lo empresarial y eso muestra un descalabro grosero. Al mismo tiempo, hay sectores de la política que tienen el interés de heredar un espacio que históricamente se referencia en CFK, lo que podríamos llamar el peronismo, o el campo nacional y popular. Entienden que tienen una expresión débil y que necesitan proscribir a CFK y lo que ella representa, para reconfigurar un espacio que pueda expresar esa “avenida del medio”, que alguna vez planteaban. La expresión de la avenida del medio es Magnetto. Más allá de que ese concepto lo haya expresado algún actor de la política, quien trata de construir esa avenida, -que además anhelan que tenga más pericia que este gobierno-, es Magnetto, que pasó de cogobernar con Macri a intentar gobernar de manera directa. Esa tensión se expresa hacia futuro en el intento de conformar una coalición política que le brinde mayor durabilidad al proyecto de los grupos dominantes.

-Hay un sector del campo popular que propone la hipótesis de que un candidato moderado podría tener un mayor nivel de disputa. ¿Qué tan posible se presenta este escenario?

-Es difícil porque lo que se ve son tendencias que se polarizan. Si asumimos esta hipótesis, nosotros no tenemos problema en avanzar en un frente lo más amplio posible. Lo que creemos es que ese frente no se puede construir sobre la base de la proscripción de ningún dirigente ni de ninguna fuerza política. Si la premisa de esa situación tiene que ver con una proscripción de hecho -como la que se viene dando, porque están horadando la figura de CFK- o una proscripción “institucional”, con algún tipo de medida jurídica, no hay ningún escenario posible donde se negocie la cabeza de Cristina. Sí estamos de acuerdo con trabajar en alternativas que puedan presentar la mayor amplitud, con las complejidades del caso.

-¿Amplitud ideológica o amplitud en términos de caudal de votos? ¿Existe la posibilidad de que ambos factores confluyan?

-Perón, en el ´72, cuando regresa después de 17 años de exilio, protagoniza la experiencia de “La Hora de los Pueblos” donde participaban sectores con mucho caudal electoral y otros sectores que tenían un caudal prácticamente nulo, pero que eran una referencia de la política. El objetivo de Perón fue aglutinar al conjunto para cercar a la dictadura e incluso inicialmente fueron parte de esa mesa Balbín y el radicalismo. Un frente programático con diferentes opciones electorales. Creemos que es urgente armar una mesa del campo popular en defensa de la democracia, del Estado de derecho y que, naturalmente, pueda abordar 5 o 10 puntos para salir de la crisis. Luego, hacia adelante, ojalá esa misma confluencia pueda expresarse en términos electorales. Pero si no hay unidad de criterio y no se puede lograr esa expresión, se avanzará en la medida de las posibilidades.

-Medios, Justicia, servicios de inteligencia, capital financiero. ¿Cómo se puede pensar un proyecto popular que modifique la composición del poder en Argentina y, al mismo tiempo, sostener gobernabilidad en este escenario?

-Es difícil hablar en potenciales, ya que nuestra tarea hoy tiene que ver con detener toda la locura y la voracidad de este gobierno. Pero en el terreno de la hipótesis, el neoliberalismo cíclicamente lleva a la Argentina a crisis terminales. Es una doctrina que produce una concentración tal que hace insustentable el desarrollo de la sociedad y multiplica los conflictos. Nosotros planteamos “neoliberalismo nunca más “. Tenemos que generar acuerdos de base para dar vuelta esta página que, cada 10 o 15 años, pone a la Argentina al borde de una crisis terminal. Nuestro planteo tiene que ver con una refundación de la patria: lo que le tocó hacer a Perón, en dos oportunidades, y también a Néstor Kirchner. Hoy tenemos otras condiciones, ya que la conciencia y la experiencia política, luego de 12 años de gobierno popular, es superior. A Néstor le tocó asumir un país castigado por una crisis económica pero también política -producto del 2001- y social, derivada del genocidio de los ´70 y el auge renovado del neoliberalismo. Hoy la situación es distinta, por la cultura política de nuestro pueblo y porque, si bien el neoliberalismo tiene una posición de fuerza, hoy no se ve como una doctrina novedosa, como sí ocurría en la década de los 80 o 90.

-A 10 años del Luna Park donde Néstor Kirchner le hablaba a la juventud. ¿Existe la posibilidad de construir la transversalidad de los orígenes del kirchnerismo?

-El movimiento nacional siempre fue transversal. Perón-Quijano es una demostración de eso. La inclusión de FORJA en el peronismo fundacional, ministros socialistas e incluso conservadores que tuvo Perón. El movimiento nacional incluye a todas las corrientes ideológicas. Para nosotros, el peronismo como identidad y el justicialismo como doctrina, son el espacio más amplio y el núcleo a través del cual organizar al resto de las expresiones. Ahora, eso no quiere decir que sea la única expresión y en esa famosa discusión entre el partido y el movimiento,  somos conscientes que el partido no puede reemplazar al movimiento. La tarea es poder confluir en un frente lo más amplio posible para acumular la fuerza y reconstruir un país que se está cayendo en picada.

-¿Hay una autocrítica de haber sido demasiado respetuosos de la democracia liberal durante los 12 años de gestión?

-No. Creo que es un mérito. Cristina, que tuvo que lidiar con la situación de mayor beligerancia, demostró que pudo avanzar en muchas transformaciones, inclusive en el marco institucional que había heredado. De hecho, en su primer acto como candidata a presidenta (el 19 de julio de 2007 en el Teatro Argentino de La Plata), plantea la necesidad de discutir el modelo institucional argentino. Néstor y Cristina retoman el último mensaje de Perón en vida: “Un modelo argentino para el proyecto nacional”.

-¿Eso quiere decir una Asamblea Constituyente?

-Hacia adelante sí, tiene que ser una Constituyente. Lo hemos planteado la semana pasada en un documento que emitimos en el marco de la conducción de nuestra organización.

-¿No es contradictorio con la idea de plantear que Cristina estuvo bien en respetar la democracia burguesa?

-Cristina estuvo bien porque con ese marco pudo realizar transformaciones profundas, al punto que el poder económico nacional y transnacional no cesó ni cesa de perseguirla por esas transformaciones. Para una Constituyente se necesita consenso, y hay momentos en que ese consenso está construido y momentos en que no. Nosotros estamos en la etapa de construcción de ese consenso, en paralelo a ver cómo se ha manejado el sector de los “republicanos” en el poder. Tenemos que reformular esto para pasar de una democracia representativa a una participativa, que es la que va a asegurar la defensa de los intereses del conjunto del pueblo. Muchos representantes elegidos por el voto invalidan ese mandato, entonces tenemos que repensar esos mecanismos de representación para que estos sectores puedan expresarlo por vías institucionales y afianzar los mecanismos que fomenten la participación de todos los sectores. A su vez, nuestra mejor etapa en términos políticos tuvo sus claroscuros. Teníamos 54% de los votos, pero no teníamos a Néstor y el desarrollo de muchas estructuras que estaban en pleno crecimiento quedaron truncas. Esa etapa tuvo un ribete mas defensivo porque los sectores del poder decidieron deponer sus matices para avanzar en contra de ese gobierno popular.

-Hay una ausencia de relato sobre la corrupción, un vacío en términos retóricos para responder al “se robaron todo”.

-Hay que trabajarlo más. Nosotros hicimos un planteo en el que, naturalmente, hay una corrupción de base o inicial que tiene que ver con incumplir un mandato popular: proponerse para ocupar un lugar de representación institucional y romper esa promesa, que es lo que hizo este gobierno. Después hay una corrupción administrativa que aparece en los medios. No aparece la corrupción moral del dirigente que abandonó sus principios, sino que ese es saludado y vitoreado. Lo que aparece es el desvío y la malversación de fondos. Eso, a nivel mundial y en nuestro país también, la derecha lo trabaja en función  de combatir todos los gobiernos que impulsen la redistribución del ingreso. Eso siempre es teñido de corrupto y se busca uno, dos o cinco funcionarios para impugnar todo un gobierno. Por supuesto es un debate que hay que dar de frente, pero no hacerlo desde un lugar naif. ¿Qué es lo que lleva a una persona a corromperse? Seguramente su falta de formación, de convicción ideológica, de responsabilidad, de moral.

-¿Se está pensando una estrategia electoral para 2019?

-Lo complejo de 2019 es ver cómo va a terminar el 2018. En términos económicos y sociales es complejo. Debemos tomar nota de eso y reaccionar, porque tanto el presupuesto que plantea Macri como la realidad económica financiera del país nos dificulta ver incluso al corto plazo. Si no se asume, desde el conjunto de las fuerzas políticas, que hay que tener un planteo consensuado para generar alternativas que le permitan al gobierno corregir esta dirección, es difícil pensar cómo se va a desarrollar el escenario. Más allá de eso, nosotros entendemos que hay que lograr la mayor confluencia posible. Hay que poner en el centro del debate el repudio a la política económica de este gobierno y el acuerdo con el FMI. Pero también hay que estar muy atentos a lo que podríamos denominar “el señuelo” que busca distraer la atención de la oposición y que es el discurso de la corrupción. Nosotros vemos una futura “teoría de los dos demonios”, donde uno va a ser el demonio de la ineptitud económica y otro el demonio de la corrupción. Y eso va a pretender proscribir a la fuerza que hoy tiene mayor adhesión en el movimiento popular. Mientras los compañeros y las compañeras no se encandilen con este espejito, vamos a poder construir una oposición amplia y con mucha potencia electoral.

Ping Pong

Cristina Fernández de Kirchner: Admirable.

Mauricio Macri: Un intrépido, un loco. Lo que necesitaba el poder económico para generar un shock en el salario.

Sergio Massa: Una incógnita. Ojalá después del 2013 se hubiera sentado a hablar con CFK y no con los sectores del poder económico.

Felipe Solá: Un gran discurseador. Compañero afable y ojalá pueda defender con solvencia las ideas que propone.

Diego Bossio: Una desilusión.

Myriam Bregman: Una persona inteligente.