Lucila De Ponti es diputada por la provincia de Santa Fe dentro del "Peronismo para la Victoria" y fue parte del grupo de legisladores que encabezó el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. En diálogo con El Grito del Sur, De Ponti habló de cómo seguir construyendo política feminista en el campo popular y de su visión para las elecciones del 2019.

Los aros plateados tintinean en las orejas de una de las diputadas más jóvenes del recinto.  Lucila De Ponti -morocha, santafesina, de sonrisa fácil- juró el 5 de diciembre del 2015, mientras asumía el primer gobierno de derecha elegido democráticamente en nuestro país. En su oficina en el anexo del Congreso cuelga un retrato de la emblemática Primera Dama peronista con su rodete rubio. En la antesala, una remera con la cara de Santiago Maldonado, la foto de Maradona en el salvapantallas y una pizarra donde, aparte del número de interno de los diputados más cercanos, se lee “Libres o muertos, jamas esclavos”.

Lucila cursaba el último año en un colegio de monjas cuando, tras cinco días de lluvia, desbordó el cauce bajo del río Salado inundando la ciudad de Santa Fe. Fue en ese momento cuando decidió acercarse al centro de evacuados de su barrio y sintió por primera vez la injusticia de cerca. Nadie sospechaba entonces que, doce años después, ocuparía una banca en el Congreso Nacional.

“Ser diputada significó un montón de desafíos, a los que todavía me cuesta acostumbrarme, sumado a que es un momento donde hay un gobierno que está destruyendo todos los derechos del pueblo argentino. Debe ser más fácil ser diputada del oficialismo”, dice mientras gesticula moviendo las manos.

Criada en una familia de clase media, a los 18 años dejó su Santa Fe natal decidida a estudiar Ciencias Políticas en la Universidad de Rosario. “Siempre tuve ganas de transformar el mundo, creo que por ahí viene la decisión de las ciencias políticas”, cuenta. Con su entrada a la facultad empezó la militancia en la agrupación universitaria “Martín Fierro”, pero después del conflicto ocurrido en 2008 entre el gobierno de Cristina Kirchner y el sector agropecuario, sintió la necesidad de formar parte de un espacio de alcance nacional. En ese momento ingresó a la organización a la que pertenece hasta hoy en día, el Movimiento Evita.

Si bien apoyó los sucesivos gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, De Ponti dice que nunca concibió el kirchnerismo como un camino de llegada. “Entiendo que Néstor y Cristina representaron una repolitización de la juventud y son símbolos de una identidad política muy fuerte con la que muchos nos identificamos, pero es una etapa. El proyecto de transformación nacional es a largo plazo y nosotros esperamos construir políticas donde la transformación vaya más al hueso del problema”.

También entiende que con la llegada del macrismo hubo una redistribución de roles en el campo popular, por el cual el peronismo tuvo que reacomodarse en el rol de oposición. “Hubo quienes desde el principio se mantuvieron en una posición de denuncia, otros pensamos que lo que había que lograr en el Congreso es generar mayorías para proteger los derechos del pueblo. Con la denuncia no basta, la posición testimonial no le cambia la vida a los argentinos”.

Lucila fue una de la mayores impulsoras del proyecto de la Ley de Interrupción Legal del Embarazo, que si bien no pudo superar el sesgo patriarcal en la Cámara Alta, tuvo su victoria en las calles. De Ponti fue una figura fundamental en la visibilización de este proyecto y un eslabón del grupo de “Lxs sororxs”, un espacio transversal donde se unieron aquellos diputados que apoyaban la ley y que funcionó como un espacio de tregua entre el oficialismo y la oposición.

De Ponti estuvo presente en todas las  sesiones informativas sobre el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo que se sucedieron en el anexo del Congreso y, en alianza con Victoria Donda, dieron voz a las mujeres que mueren en la clandestinidad.

El 13 de junio ingresó al Congreso con glitter verde cerca de los ojos y transcurrió las 23 horas de sesión tensa, negociando hasta último momento un proyecto que tuvo que defender incluso frente a algunos referentes de su propia organización. “Para mi fue algo hermoso definirse como feminista, no siempre lo tuve, es algo que me atravesó y puso en cuestión un montón de cosas”, revela Lucila.

Sus uñas esmaltadas de verde recuerdan el fervor que inundó las calles cada martes y jueves durante el debate, demostrando que  el feminismo vino a cambiarlo todo, incluso las formas de hacer política. ‘El feminismo es transversal, la apuesta no es hacer organizaciones sólo de mujeres sino transformar nuestro propios espacios. Cuesta porque todo lo que sea cambiar estructuras supone discutir puestos de poder, pero es algo que está sucediendo. Por lo menos en mi organización lo veo, sino no podría seguir ahí. Los que no se puedan hacer cargo de lo que está pasando en la sociedad van a quedar anquilosados como espacios conservadores y no van a tener más incidencia en las transformaciones sociales”.

Dice la santafesina: “la discusión de la IVE generó niveles altísimos de participación por parte de generaciones muy jóvenes. Pero no es solo una cuestión etaria: en el Senado el discurso de Pino Solanas fue vanguardista, nombrar el derecho al goce fue algo a lo cual inclusive las diputadas no nos animamos a decir en el recinto.”

A fines del 2017 y, en línea con las políticas de su provincia -donde desde el 2012 se puede recurrir a la interrupción voluntaria del embarazo-, De Ponti presentó junto con otros dos diputados (Leonardo Grosso, de Buenos Aires, y Silvia Horne, de Neuquén -ambos miembros del frente “Peronismo para la Victoria”-) dos proyectos. Uno para incluir el Misoprostol -la droga para la interrupción del embarazo- en el Plan Médico Obligatorio (PMO) y otro para comenzar su fabricación en laboratorios públicos con la intención de quebrar el monopolio del único laboratorio privado que lo provee actualmente en el país. De Ponti también apoyó la sanción de la ley “Brisa”, por la cual se creó un régimen de reparación económica para hijos e hijas de víctimas de violencia de género y acompañó la presentación del paquete de leyes “Micaela”, en honor a Micaela García, compañera y amiga asesinada en abril del 2016.

“Yo tenia mi pañuelo verde desde hace un montón de años en mi casa y lo sacaba de vez en cuando para ir a alguna marcha, pero no era como ahora que es un símbolo de identificación. No me voy a sacar el pañuelo aunque el debate haya terminado, aunque no ganamos la ley y ni siquiera cuando logremos que se apruebe. No me voy a sacar el pañuelo porque es un parteagua en mi vida y mi militancia”.

La diputada del movimiento Evita no prevé un panorama positivo para las elecciones del año próximo y entiende que no existe una manera de salir del macrismo sin que la sociedad pierda poder adquisitivo y calidad de vida. Como muchos dirigentes, ve en la falta de representatividad del campo popular un obstáculo para construir la unidad. “Hay voluntad, hay muchos discursos, pero no hay una persona de acumulación que esté pudiendo construirlo y va a ser un problema el año que viene”, señala.

“Nuestra militancia siempre tuvo una pata en el barrio”, quiere decir, pero la lengua se le enreda y finalmente dice “en el barro”. El fallido resulta oportuno, dado que la voluntad de transformación de las organizaciones sociales parece ser la última trinchera de resistencia frente al insaciable apetito macrista. “Desde que asumió este gobierno hay una movilización social enorme. Yo pertenezco a una organización social y confío en que la fuerza del pueblo movilizado va a ser lo que va a ir marcando el camino. Sé que tienen que venir expresiones políticas que nos permitan construir una sociedad mejor”.