Ayer había pánico en el PT ante la posibilidad de que el ex militar Jair Bolsonaro se imponga en primera vuelta. Con Lula proscripto, el candidato más peligroso para el continente por su discurso xenófobo, pro-dictadura y anti feminista tiene grandes chances de imponerse en las elecciones que se celebran hoy. La posible segunda vuelta, una incógnita. ¿Qué hay detrás de Bolsonaro? Evangelismo, asesores de Trump y apoyo del Ejército.

Jair Bolsonaro es un personaje peculiar. Ex general del ejército y diputado desde 1991, se presenta a la sociedad como un político por fuera del establishment. Racista, xenófobo y anti-feminista en su discurso social, sus pregones contra negros, izquierdistas y mujeres encubren un programa económico profundamente privatista y neoliberal y una alineación directa con los intereses estadounidenses en la región. Con amplias posibilidades de imponerse en las elecciones, Bolsonaro llega luego de una campaña intensa, marcada por el rol del movimiento de mujeres, el apoyo de las iglesias evangelistas y el uso profesional de la comunicación política digital.

El escenario de campaña estuvo atravesado por algunos ejes que marcaron con claridad diferentes parteaguas en la elección de este 7 de octubre. Tal vez el más significativo fue el ataque que recibió el candidato ultraderechista exactamente un mes antes de la primera vuelta electoral. El evento (más allá de su veracidad o un posible montaje) sacó a Bolsonaro de las pistas y lo obligó a asumir su campaña desde las redes sociales. Este es el primer dato relevante de la campaña: mientras la mayoría de los candidatos del “gran centro” (Alckmin, Ciro Gómez) apostaron por una fuerte presencia televisiva, Bolsonaro se volcó a las transmisiones vía redes sociales de su campaña. Desde el hospital, con toga blanca y sonriente, respondió con ironía las acusaciones provenientes de diversos sectores e incrementó notoriamente su intención de voto. De hecho, las últimas encuestas hablan de un posible triunfo de este ex-militar en el ballotage, un hecho inédito que hasta hace unas semanas parecía poco factible.

El otro dato que partió de manera transversal la campaña fue el apoyo de las iglesias evangelistas a la candidatura del ex militar derechista. En un país donde el credo pentecostal alcanza casi al 30% de la población y sus representantes políticos se encuentran en los diversos bloques de diputados y senadores (incluso han tendido alianzas con el PT), su peso en el tramo final de la campaña pasó a ser determinante. Según los sondeos de Datafolha, el empuje de los evangelistas hizo que Bolsonaro sumara un 2% de intención de voto y que su contrincante directo, Fernando Haddad, aumentara 11 puntos en su índice de rechazo. Incluso hay analistas que estiman que, obedeciendo a esta tendencia, si las elecciones fuesen el miércoles, Bolsonaro podría imponerse en primera vuelta. Bolsonaro, católico de nacimiento, se bautizó en el Río Jordán hace algunos años para adoptar la religión evangélica. Hoy pregona una profunda adhesión por el Estado de Israel y las políticas sionistas.

Bolsonaro no encubre su discurso misógino y el fuerte rechazo a la “ideología de género”. Al punto de mencionar que le sería imposible amar a un hijo gay, su maltrato a las mujeres se ha hecho patente a lo largo de sus apariciones públicas. Este posicionamiento radical generó masivas movilizaciones de oposición a su candidatura por parte del colectivo feminista. Bajo la consigna #EleNao, miles de mujeres salieron a las calles del país para expresar su rechazo al candidato de derecha. Sin embargo, las movilizaciones no trajeron el efecto esperado: con un hábil uso de las redes sociales, y a base de creación de miles de fake news que se viralizan por la red social WhatsApp, el equipo de campaña del candidato del Partido Social Liberal logró resignificar el perfil de las marchas y demonizar la figura del movimiento feminista. La intención de voto a Bolsonaro entre mujeres aumentó de 20% a 27% en el tramo final de la campaña.

Un último dato a destacar es la posible presencia del estratega político Steve Bannon, uno de los principales artífices detrás del triunfo político de Donald Trump. El lema de campaña “Brasil por encima de todo” y “Dios por encima de todo” muestran el profundo vínculo entre las iglesias evangelistas y la candidatura del militar derechista, pero también expresan el leve tufillo del “America first” que llega a las latitudes del sur. Brasil emerge como el nuevo laboratorio de las derechas en Latinoamérica.

Ayer había un ambiente tenso en los comandos de campaña del PT. Circulaba fuertemente el rumor de que Bolsonaro podría imponerse en primera vuelta. La principal economía de América Latina, el país más grande y poblado de la región se juega su futuro en un escenario donde los propulsores de la grieta siguen siendo los que marcan la cancha. Con un centro cada vez más chico y menos representativo, con un rol preponderante de los medios y la justicia en la expulsión de Lula del escenario electoral y una derecha radicalizada y fortalecida, se define el primer round de una pelea estratégica en la disputa abierta en la región.

La posibilidad de un triunfo de Haddad lograría alinear a la primer y segunda economía de la región en una estrategia política progresista en lo social y proteccionista en lo económico, cuando este 1 de diciembre asuma Andrés Manuel López Obrador en México. Una presidencia de Bolsonaro recompondría el escenario por derecha en su versión más radicalizada, militarista y neoliberal. Brasil se juega hoy la madre de todas las batallas, en una elección atravesada por la grieta más grande del mundo.