El nuevo Código Electoral de la ciudad de Buenos Aires incluye el empadronamiento automático para migrantes. Sin embargo, los extranjeros que residen en nuestro país son perseguidos y criminalizados. Sandra Condori Mamani, miembro de la Red de Migrantes y Refugiadxs, habló con El Grito del Sur de los cruces entre raza, género y nacionalidad.

Tras varios meses de radios abiertas, audiencias y pasilleo en la legislatura porteña, las organizaciones de migrantes lograron que el nuevo código electoral impulsado por el oficialismo, aprobado la semanada pasada, incluyera el empadronamiento automático, con el que esperan que un porcentaje mucho mayor de personas de ese colectivo podrán acceder al derecho al voto en la Ciudad.

Sandra Condori Mamani es parte de la “Red de Migrantes y Refugiadxs en Argentina”. Esta red funciona desde hace 13 años uniendo a diferentes organizaciones de migrantes y refugiadxs que buscan transversalizar herramientas y articularlas más allá de su país de origen. A pesar de la alegría por esta conquista de un nuevo derecho, Sandra considera absurdo que aún en el 2018 sea tan complejo exigir el empadronamiento automático. “Entiendo que lo que cuesta es interpelar a la construcción del Estado Nación, al tipo de país que quiere ser la Argentina. En la construcción de la nacionalidad argentina se quiso imponer un rostro permitido, blanco y eurocéntrico, y todo lo demás queda afuera: el gaucho, el indígena, el mestizo, el extranjero. Las fibras del territorio argentino son racistas”.

A pesar del entusiasmo por el logro, Sandra advierte que en el tema de migración, desde la asunción de Cambiemos ha sido puro retroceso. Luego de la represión ocurrida en las calles durante la sesión por el presupuesto 2019, Miguel Ángel Pichetto, senador del Partido Justicialista, tuvo expresiones xenófobas que intentaron desviar el foco hacia los extranjeros detenidos, algunos de los cuales ni siquiera se encontraban en la manifestación. Pichetto declaró que “hay que expulsar inmediatamente a los extranjeros que delinquen. Sobre todo a los que cometieron delitos menores: hay que echarlos a patadas rápido”.

Estas declaraciones vienen en línea con las políticas que el gobierno nacional tomó respecto a los migrantes. En 2017 el Poder Ejecutivo modificó a través de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) la ley 25.871 de Migraciones, habilitando la detención y deportación rápida de extranjeros sometidos a cualquier tipo de proceso judicial de carácter penal y también de quienes hayan cometido faltas administrativas en el trámite migratorio. Dicho decreto fue repudiado por 150 organizaciones sociales, que lograron declarar su invalidez constitucional.

“Argentina está plagada de marrones, negros y afros que son parte y lo seguirán siendo”, sostiene Sandra y agrega: “Tienen hijos e hijas, que son nacionales pero que cargan con el estereotipo de que no son argentinos”. Condori cree que en esta coyuntura es fundamental defender la ley 25.871 de Migraciones, hecha por migrantes con organizaciones sociales y organismos de derechos humanos. Sin embargo, reconoce que la política actual está centrada en reforzar qué tipo de inmigrante es aceptado. “Desde que se aprobó la Ley de Migraciones en el 2004 hasta ahora, está la intención de modificarla y retroceder con normativas o decretos.- cuenta Mamani-  El centro de detención, el DNU y la app implican cerrar las fronteras. Siempre hubo control migratorio, pero esta medida se focaliza a qué tipo de migrante quiere la Argentina. La persecución está totalmente dirigida a determinado rostro, determinado cuerpo y determinada actividad. No es cualquier migrante al que se discrimina”.

Recientemente el gobierno nacional lanzó una aplicación para teléfonos celulares que habilita a cualquier funcionario público a realizar controles migratorios. Según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), “el plan posee características y objetivos que carecen de base legal y tendrán un impacto negativo en la vida y en la garantía de los derechos humanos de las y los migrantes que residen en nuestro país (…) se trata de un control migratorio masivo, sistemático y arbitrario”.

Migrar es un derecho

Migrar es un derecho

Mujer y migrante

Sandra Condori Mamani es trabajadora social y poeta. Desde su espacio intenta identificar y deconstruir los estereotipos de las mujeres migrantes. Desde la superposición entre género, raza y nacionalidad habla de la importancia del rol de las mujeres en las organizaciones migrantes. La mayoría de las referentes son mujeres; muchas de ellas, jefas de hogar que trasladaron las estrategias de lucha desde sus países de origen. En sus poemas Mamani aborda el erotismo de la mujer andina como una forma de desterrar el estereotipo. “En la Argentina los cuerpos de ciertos migrantes son hipersexualizados -las brasileñas, las colombianas, las dominicanas- y los de otro asexualisados, como los bolivianos o los peruanos. En mi caso me toca el estereotipo de la mujer boliviana, que siempre es sumisa, callada, con muchos hijos, trabaja de verdulera o costurera. Tener esa imagen termina con una construcción muy exótica, racista, que encasilla. Ser mujer andina, boliviana, peruana o jujeña, con corporalidad cobriza, tiene una carga peyorativa”, explica.

Sandra piensa la escritura como la acción política para poder habitar sus propias palabras, a pesar de la incomodidad que a los otros les genera. El 25 de noviembre presentará un fanzine con sus escritos en el Centro Cultural Tierra Violeta. “Dentro de la academia también hay que romper la imagen estereotipada de ‘la chola’ como única representación de la mujer andina para mostrarnos como sujetos políticos, para exigir representación parlamentaria, pero también para apropiarse del erotismo y del placer”, concluye.

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