Comenzó el juicio por el crimen de Lucía Pérez en Mar del Plata, dos años luego de su muerte. Matías Farias, Pablo Offidani y Alejandro Maciel son los tres imputados. Sin embargo, la Justicia aún debe determinar si existió abuso sexual o no.

Este 25 de octubre, dos años después del asesinato de Lucía Pérez, el Tribunal Oral Criminal Nº1 de Mar del Plata, a cargo de los jueces Pablo Viñas, Aldo Carnevale y Facundo Gómez Urso, dio inicio al juicio contra los tres imputados por el crimen de la adolescente. El primero de ellos es Matías Gabriel Farías, de 23 años, señalado como “autor probable” del delito “de abuso sexual por acceso carnal agravado por el resultado de muerte y el suministro de estupefacientes en concurso ideal con femicidio”. El segundo, Juan Pablo Offidani, de 41 años, será juzgado como “partícipe secundario” del asesinato y el tercero, Alejandro Maciel, está acusado de “encubrimiento agravado”. Tanto Farías como Offidiani están en prisión preventiva, mientras que Maciel se encuentra excarcelado y llega al proceso en libertad. Durante el juicio se estima la declaración de cerca de 70 testigos, peritos y forenses, por lo cual se prevé que se extenderá hasta el próximo 14 de noviembre.

Según la reconstrucción de los hechos que realizó la Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal, “fue probado que Matías Farías vendía droga a menores de edad y esa era la razón por la que conoció a Lucía Pérez pasadas las 14 horas del día viernes 7 de octubre del 2016″.  En la primera audiencia del juicio Martín Pérez, hermano de Lucía, declaró que el día anterior a la muerte ella “había conseguido marihuana de alguien nuevo y que iba a ir a buscarla y pagar cien pesos que debía del día anterior”.

Farías, Maciel y Offidani, los tres acusados

Efectivamente, a la mañana siguiente de conocerse, Farías y Pérez volvieron a encontrarse. Esta vez Farías venía acompañado de Offidiani, quien trasladó en su auto a ambos hasta el departamento de Farías, ubicado en la calle Racedo. La investigación comprobó que Offidani sólo ofició de chofer y que recién reapareció a las 14:30, acompañado por Maciel. En esas circunstancias Farías les pidió ayuda porque Lucía se había desmayado. Entre los tres hombres lavaron el cuerpo de Lucía para borrar las pruebas y la llevaron a una sala de salud de Playa Serena, donde finalmente falleció.

El principal conflicto del juicio consiste en si la Justicia considerará que las relaciones entre Lucía Peréz y Matías Farías constituyen o no abuso sexual.

El argumento de la defensa es que, si bien se comprobó que había consumido cocaína, la Junta Médica de la Corte Suprema de Justicia no llegó a un acuerdo sobre el cargo de abuso sexual. El informe de la Junta Médica, emitido casi un año luego del crimen, sostiene que “no hay lesiones pélvicas” ni “contusiones profundas como los empalamientos”, y en marzo del 2017 Farías declaró ante la fiscal y titular de la UFI 8, María Isabel Sánchez, que “tuvimos relaciones sexuales consentidas”.

Por su parte, la familia de Lucía sostiene que la joven fue abusada sexualmente. Días después del crimen, la fiscal María Isabel Sánchez brindó una conferencia de prensa donde dijo haber visto “una agresión sexual infrahumana” y declaró que la muerte de la adolescente se habría producido por reflejo vasovagal, una reacción del cuerpo ante un dolor y un terror insoportables. Por su parte, la Policía aseguró que Lucía había sido violada vaginal y analmente: “No sólo con el pene del hombre que lo hizo, sino también utilizando un objeto romo, como pudo haber sido un palo”.

En caso de que el Tribunal no compruebe el abuso sexual y los cargos sean por el delito de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización agravado por ser en perjuicio de menores, Farías y Offidiani podrían recibir penas de entre 6 y 20 años y el tercer implicado quedaría libre. Si se prueba el abuso sexual, Farías y Offidiani recibirían prisión perpetua: como autor responsable el primero y partícipe responsable el segundo. En ese caso, Maciel también recibiría una pena por encubrimiento.  El 5 de noviembre se presentaran ante la Corte médicos y peritos para definirlo.

En una carta publicada en el medio de comunicación popular ‘La Garganta Poderosa’ días después del crimen, el hermano de la víctima escribió: “A las 18, una amiga me avisó que debíamos ir a la comisaría, porque mi hermana había sufrido un accidente. Nunca podría haber imaginado lo que me esperaba. Al llegar, con mi mamá, la oficial que nos atendió no sabía qué decirnos, de modo que permanecimos diez eternos minutos en la oficina del comisario, hasta que nos dieron la noticia. Y se nos cayó el mundo. Pedí reconocer el cuerpo, pero se negaron. Me rehusé a irme e insistí incansablemente, hasta que pude verlo: estaba en una camilla, con los ojitos entreabiertos, como acostumbraba a dormir”.

La secuela del dolor

El impacto mediático que generó el asesinato de la adolescente marplatense fue el puntapié inicial del primer paro de mujeres en Argentina. Con un femicidio cada 30 horas, las mujeres y disidencias de Argentina se organizaron ante la falta de políticas públicas. El 19 de octubre del 2016 se realizó un ruidazo y posteriormente una masiva movilización al Obelisco.

En esa ocasión el colectivo de mujeres cis, trans, travestis y lesbianas en situación de calle “No Tan distintas” escribió: “Si para nuestras compañeras en situación de calle, salir de la violencia, no bancarse más al violento, es quedar en la calle, salir a la calle ese miércoles fue ir de otro modo: juntas, organizadas. Cuando ultrajaron a Lucía, nos ultrajaron a todas, y por eso reaccionamos todas. Ya no somos las mismas desde entonces: estamos siempre en lucha, no nos bancamos una muerta más. Y por eso en nuestro último texto, gritamos: a nuestros cuerpos no le quedan miedos, ya no hay marcha atrás”.