El Grito del Sur reunió a seis de las presidentas recientemente electas en los Centros de Estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. Con el pañuelo verde al cuello y en la vereda de enfrente de la Franja Morada, explicaron las transformaciones que introdujo el feminismo en el movimiento estudiantil.

De las seis presidentas, solamente una llega a la hora acordada. La puntualidad no es el valor que más cotiza en la militancia universitaria, pero ninguna de ellas viene de tomar mate en su casa o de dormir la siesta. Algunas acomodan las fotocopiadoras y los locales de apuntes del Centro de Estudiantes que acaban de ganar. Otras llegan desde lejos, en taxi, de una reunión política. La restante viene de una formación. Trabajan, estudian, militan y representan a les miles de alumnes que las eligieron para vencer al macrismo y su versión universitaria: la Franja Morada.

La reunión es en el patio de la Facultad de Ciencias Sociales en el barrio de Constitución. Después de la sesión de fotos, bien warrior, las pibas se sientan a charlar. Ninguna interrumpe, todas se escuchan y circulan la palabra. Son seis presidentas de distintos espacios políticos: La Cámpora, Futura, La Mella, Nuevo Encuentro y Sur.  No comparten la misma línea política ni la misma caracterización de lo que sucede en el país, pero cuando se las escucha hablar de feminismo, educación y universidad, las diferencias se funden en diagnósticos comunes.

“En un momento en que la unidad era una pregunta, el feminismo fue una respuesta”

¿De qué forma transformó el feminismo los modos de militancia en la Universidad?

Nicole Castillo (Psicología): El movimiento feminista vino a transformar completamente la forma de hacer política y eso nos atraviesa a nosotras como militantes de la Universidad. Ya no nos bancamos muchas cosas: ahora cuestionamos lo que pasa en nuestras organizaciones y eso también suma para que los espacios de militancia sean cada vez mas feministas. Nosotras portamos esas voces y somos las responsables de esos cambios, cuestionamos cada modalidad machista que era común en la militancia estudiantil.

Florencia Seminara (Sociales): Nuestra facultad tiene que estar a la altura del momento histórico, atravesado por la cuarta ola y por el movimiento de mujeres y disidencias. Eso implica generar herramientas y espacios con perspectiva de genero, el replanteo de los planes de estudio para todas las carreras. Es una discusión que tiene dos aristas: desde el lado de las propias agrupaciones, que fueron transformadas al calor del feminismo, pero también en cómo nos replanteamos la educación desde este nuevo lugar.

Cecilia Peretti (Psicología): Al interior de las agrupaciones pudimos ser parte de espacios de poder que históricamente estuvieron relegados a los hombres. Se puede ver en Psicología: en una carrera con el 80% de mujeres, el movimiento feminista nos permitió ocupar estos lugares, que son importantes y sirven para visibilizar la lucha. En otro momento, en otro contexto, no hubiéramos podido llegar a ellos.

Malena Buchsbaum (Sociales): En un momento en que la unidad era una pregunta, el feminismo fue una respuesta. Nos permitió construir puntos en común y espacios para trabajar de verdad y transversalmente entre organizaciones re distintas. Pudimos acercarnos desde lugares muy diversos, pensando la política juntas, abriendo espacios de escucha que en general no abundan. Las asambleas feministas son un ejemplo de las instancias democráticas que mejor funcionan.

“El feminismo vino a transformar completamente la forma de hacer política”

Las elecciones estudiantiles estuvieron marcadas por casos de violencia de género: el ex funcionario y referente de la UES, Cristian Bay, denunciado por violencia de género, y el caso de un militante de la Franja Morada que en Psicología amenazó con violar a dos compañeras. ¿Cuál fue la respuesta de les estudiantes?

Sol Guerín (Sociales): En Sociales, el caso de Cristian Bay representó un quiebre. Cuando las mujeres nos organizamos para pedir que dejase de trabajar acá, porque las compañeras no se sentían protegidas, no podían venir a hacer su trabajo como docentes, nadie dio respuesta: ni el Centro de Estudiantes ni la gestión. De hecho, su agrupación lo encubre hasta el día de hoy. Eso nos unió a las mujeres de todas las organizaciones: pudimos construir una comisión de base, en unidad y esto marcó un antes y un después porque la comunidad educativa se dio cuenta que esa conducción del Centro (UES) no iba más. Por eso hoy lo conduce un frente que tiene como bandera el feminismo y todes trabajamos para que esta Facultad cuide a las compañeras y expulse a los machos violentos.

Florencia Cáceres (Psicología): El militante del EDI-Franja Morada amenazó con violar a dos compañeras de mi agrupación en plena elección. Eso deja ver la falta de cuestionamiento de algunas agrupaciones de estos esquemas que el feminismo viene a revolucionar. Si bien la Franja viene haciendo siempre este tipo de cosas hace tiempo, este año las mujeres ya no nos callamos y todas las compañeras, de todas las agrupaciones, sacamos a este militante de la Facultad. Incluso había personas a cargo del protocolo contra la violencia machista, pero fuimos nosotras -las estudiantes- las que lo sacamos. Ahí se deja ver cómo el tema no le interesa realmente a las autoridades.

“Todes trabajamos para que esta Facultad cuide a las compañeras y expulse a los machos violentos”.

¿Qué sucede con el Protocolo contra casos de abuso, discriminación y violencia de género que fue aprobado en 2015 en el Consejo Superior de la UBA?

Florencia Seminara (Sociales): El protocolo tiene diferenciaciones en su aplicación en las distintas facultades. Si bien debería estar funcionando en las 13 facultades, hay algunas en las que ni siquiera comenzó a aplicarse. Depende mucho del lugar y del presupuesto que se le asigne. En Sociales el protocolo se empezó a implementar, se construyó un equipo interdisciplinario con docentes formados en perspectiva de genero, un mail para hacer denuncias pero todavía falta una oficina física para contactar al equipo cara a carra. Incluso existiendo una subsecretaría de Géneros, cuando el equipo interdisciplinario realizó el informe de riesgo respecto al caso de Cristian Bay, fue la propia gestión la que no se hizo cargo de ese informe y decidió no realizar lo que pedía el protocolo.

Cecilia Peretti (Psicología): En Psico tuvimos una implementación, entre comillas, el cuatrimestre pasado. Al frente de la oficina de atención a la víctima pusieron a Luis Aceval, el jefe de cátedra de Victimología, una materia con contenido misógino y machista. Además de ser varón, estaba al frente de una oficina ficticia. Gracias a la lucha de las pibas, se pudo hacer que renunciara a ese cargo y ahora al frente del espacio hay dos mujeres. El problema es que son militantes de la Franja Morada y es preocupante, ya que cuando sucedió el caso de violencia en las elecciones nos preguntamos cómo hacer la denuncia frente a personas que militan en el mismo espacio que el violento.

“Todas las agrupaciones hicieron alusión a incorporar una perspectiva feminista en sus materiales”

¿Por qué no se ven compañeras trans o travestis cursando en la Universidad?

Nicole Castillo (Psicología): Es una problemática que tenemos que abarcar porque las personas trans y travestis no ingresan a la Universidad. Tenemos la responsabilidad, como compañeras feministas, de visibilizar las disidencias que ya atraviesan las aulas: lesbianas, putos. Tenemos que darnos el trabajo de articular junto a esas disidencias y nunca levantar la voz por elles. Si bien no podemos cambiar el modelo educativo que excluye a estas personas, en lo inmediato podemos trabajar para atraer a esas personas a la Universidad en actividades o charlas. Desde el Centro de Estudiantes de Psicología tuvimos la iniciativa de crear baños sin distinción de género, llevamos un proyecto al Consejo Directivo y, ante la negativa de las autoridades, lo hicimos por nuestros propios medios: generamos un baño sin distinción de género porque entendemos que hay personas que no se perciben en el binarismo de género y que es incómodo para esas personas transitar la Universidad.

En Psicología salieron a denunciar a un profesor que se oponía expresamente al uso del lenguaje inclusivo. ¿Se puede pensar en la transformación del lenguaje en un ámbito tan conservador como la academia?

Sol Guerín (Sociales): Es algo que venimos instalando las compañeras desde nuestro rol individual: yo en clase hablo con lenguaje inclusivo, entrego un parcial con lenguaje inclusivo y hay docentes que también lo hacen. Lo que falta es una herramienta institucional que nos permita instalar la discusión, ya que siempre hay algún docente, por lo general varón, que te baja la nota, te descalifica o te maltrata cuando hablás con lenguaje inclusivo.

Malena Buchsbaum (Sociales): Mas allá del uso de la “E” o del nosotros y nosotras, la militancia política hizo un recorrido en ese sentido. A mí me impactó que en toda la campaña en Sociales, con una importante producción de afiches y carteles, todas las agrupaciones hicieron alusión a incorporar una perspectiva feminista en sus materiales. Que el feminismo se haya vuelta central en la propuesta de comunicación de un Centro de Estudiantes me parece increíble y hace apenas dos años no nos lo hubiéramos imaginado. Ahora hay que dar la discusión dentro de las aulas de que no pueden quedar por fuera determinadas identidades y demostrar que el feminismo como temática también está ausente en los planes de estudio.

“Las mujeres y disidencias también podemos ocupar lugares de poder”

En casi doscientos años de historia y con 82 rectores, nunca una máxima autoridad de la UBA ha sido una mujer. ¿Es posible soñar con un efecto contagio que ponga una rectora al frente de la Universidad más grande del país?

Malena Buchsbaum (Sociales): Otras universidades tienen Rectora, no sería algo inédito. En términos de autoridades, la UBA es un núcleo conservador en muchísimos sentidos y ésta es una de las peleas principales que tenemos que dar.

Florencia Seminara (Sociales): Es una de las discusiones que venimos a traer: que las mujeres y disidencias también podemos ocupar lugares de poder. Y es uno de los principales problemas que trae el techo de cristal y el piso pegajoso. En Trabajo Social cursamos un montón de mujeres y el director de la Carrera siempre había sido un hombre. Pero frente a una gestión de la UBA tan aliada con el gobierno nacional, no sólo tenemos que dar la discusión de que mujeres y disidencias somos capaces de asumir estos lugares, sino luchar para que lleguen mujeres de este lado, del campo popular. Y que podamos romper las lógicas de la UBA desde la alusión que este movimiento feminista también trae a la lucha contra el neoliberalismo.