Por 27ª año consecutivo, se realizó en la Ciudad de Buenos Aires la marcha del "Orgullo LGBT+" con 18 carrozas que reivindicaron conquistas y exigieron la ampliación histórica de derechos para las disidencias sexuales.

“No puedo creer que al día de hoy, 2018, todavía haya gente que tenga que luchar por ser lo que es”, dice Jimena Barón desde el escenario y miles de personas la aplauden y vitorean. En la Plaza de Mayo, desde temprano hay bolsas de brillos compradas por kilos, vinchas con cuernos de unicornios, coronas de flores, tacos altísimos,  trajes de cholas multicolores, plumas y pinturas de colores, pero especialmente piel. Mucha piel que, cansada de la opresión cotidiana de los trajes y camisas, espera para liberarse, sin desentonar ni horrorizar, al calor del clima y la multitud.

La marcha del orgullo LGBT+ reunió a miles de personas irreverentes que adoptaron como medida política disfrutar, especialmente en un año donde la plaza se convirtió en repetidas ocasiones en la escenografía de una película de terror entre balas de goma y los gases lacrimógenos. Cupo laboral trans, basta de travesticidios y transfemicidios, freno al ajuste, aborto legal, urgente sanción de una ley de VIH y absolución para Higui y Mariana Gomez fueron algunas de las principales consignas de la movilización, que se pronunciaron en el documento de la Comisión Organizadora leído por Nadia Echazu. En las 18 carrozas que marcharon entre el sol y la lluvia esporádica, se mezclaron agrupaciones políticas, sindicatos, activistas travestis y trans, diversidades no binaries, y bailarines de Vogue, tomando las calles del centro porteño.

Durante la tarde diferentes colectivos sentaron sus posiciones. Varones trans pidieron que se respete la ley de Identidad de Género también en las personas privadas de su libertad. El colectivo de personas no binaries habló de infancias libres, lo que requiere el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral y la comunidad Intersex reivindicó el color amarillo que “no es del gobierno, ni del Vaticano”.

“Putxs, travestis y lesbianas pero nunca Macri”. Las pegatinas en las paredes reflejan el espíritu colectivo. Luego de que el gobierno macrista decretara del 27 de octubre al 3 de noviembre la “Semana #OrgulloBA” -que tuvo como único escenario el barrio de Palermo-, la multitud disidente se volvió a posicionar en contra del ajuste del gobierno. Bajo el eslogan “Buenos Aires celebra la diversidad”, la campaña desideologizada desplegada por el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta tuvo como respuesta una marcha donde se exigió la derogación de los códigos contravencionales que estigmatizan y persiguen a las trabajadoras sexuales.

“Con ajuste y represión no hay celebración”, dijo la referente travesti Alma Fernández a la Agencia Presentes.

Reivindicando los derechos conquistados, como el matrimonio igualitario y la ley de Identidad de Género, la edición número 27 de la marcha comenzó a las 17 horas su recorrido hacia el Congreso. La procesión de carrozas dejó atrás una plaza tan colmada como organizada, con personas asignadas específicamente para hacerse cargo de la seguridad y una feria con puestos de ropa interior y accesorios sexuales donde se repartían preservativos envueltos de color rojo pasión con la palabra “Love”.

“Soy Marica y así elijo nombrarme. Como decía el compañero Jauregui ‘en una sociedad que nos educa para la vergüenza el orgullo es una respuesta política'”,posteó el diputado Leonardo Grosso en su cuenta de Instagram, junto con una imagen besando a su pareja. Ser homosexual en el ámbito de la política patriarcal es difícil, aceptó Grosso pero dijo sentirse acompañado por el gran movimiento feminista y disidente que vino a “poner en jaque todo”. Por redes sociales referentes políticos y militantes acompañaron el manifiesto del diputado del Movimiento Evita.

La marcha no tiene un final claro, la multitud se mimetiza y se dispersa en fiesta, bares, boliches y reuniones de amigues. El sábado se convierte en domingo mientras algunes siguen bailando cumbia en la Plaza de los Dos Congresos. Otres vuelven a sus casas, esperando que el sol del día siguiente les encuentre aún con brillo en la piel.