Zona liberada en el Superclásico

Fue la Policía

Martín Ocampo y Marcelo D´Alessandro, funcionarios porteños a cargo de la Policía de la Ciudad, quedaron en la mira por el deficiente operativo que impidió la realización de la Súper Final entre River y Boca.

Desde que comenzó a funcionar el 1 de enero de 2017, la Policía de la Ciudad se mostró acéfala y con fuertes inconvenientes para dar un correcto funcionamiento a su estructura operativa. Este déficit volvió a hacerse manifiesto en la organización de la Súper Final entre River Plate y Boca Juniors, que debió suspenderse el sábado por incidentes en la previa que afectaron al micro del equipo xeneize y provocó lastimaduras en el ojo del futbolista Pablo Pérez. Tras la suspensión de ayer y la espera por la asignación de nueva fecha, Martín Ocampo y Marcelo D´Alessandro, funcionarios porteños a cargo de la Policía de la Ciudad, quedaron como los principales apuntados a nivel nacional por un hecho que trascendió fronteras y quedó a los ojos del mundo como una mancha negra, a pocos días de la llegada del G20 a nuestro país.

La Policía de la Ciudad fue creada por iniciativa del jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, con el objetivo de promover “la descentralización de la organización policial a nivel comunal”. Sin embargo, las nuevas autoridades designadas para atender a la seguridad de los porteños fueron denunciadas por corrupción y no lograron estabilidad en menos de dos años de funcionamiento. El primer jefe de la Policía de la Ciudad, José Potocar, fue procesado y detenido por los delitos de asociación ilícita y cohecho. Luego de renunciar el 12 de mayo de 2017, Potocar pagó una fianza y logró ser liberado, aunque todavía continúa bajo investigación. En diciembre de 2017, tras varios meses de vacancia, se designó como alto mando a Carlos Kevorkian -del riñón de Jorge “Fino” Palacios-, quien presentó su renuncia apenas 8 meses más tarde.

De esta manera, la conducción de la policía porteña quedó oficialmente en manos del secretario de Seguridad, Marcelo D´Alessandro, y del jefe de la fuerza Gabriel Berard, ambos bajo la órbita del ministro de Seguridad, Martín Ocampo. En los hechos, D´Alessandro ya viene haciéndose cargo de la fuerza policial desde la salida de Potocar en 2017. El actual secretario de Seguridad porteño proviene del massismo, dado que resultó electo diputado nacional por el Frente Renovador mientras se desempeñaba como director general de Administración de Infracciones (DGAI) de la Ciudad de Buenos Aires, donde en 2013 fue denunciado de manejar una mafia de las multas porteñas. Por su parte, Ocampo tiene como padrino político al presidente de Boca, Daniel Angelici, y mantiene una larga historia de internas con su par Patricia Bullrich por las gestiones de seguridad en territorio porteño. El poderoso ministro de Horacio Rodríguez Larreta recibió en 2017 una denuncia de la ONG La Alameda por supuesto enriquecimiento ilícito, lavado de dinero y evasión fiscal.

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Una policía acéfala

Tras la fallida realización del operativo del superclásico cuya responsabilidad corría por cuenta de la Ciudad con la colaboración de fuerzas federales, Ocampo y D´Alessandro quedaron en el ojo de la tormenta. El jefe de Gobierno vinculó los allanamientos policiales realizados el viernes último -en los que se incautaron entradas y millones de pesos pertenecientes a la barrabrava del club River Plate- con los ataques al micro que trasladaba al plantel de Boca Juniors, aunque reconoció que el operativo de seguridad era responsabilidad de la Policía de la Ciudad: “Le hemos pedido al ministro de Seguridad que vaya a fondo en la investigación de lo que sucedió ayer (por el sábado)”. El presidente Mauricio Macri, por su parte, responsabiliza en la intimidad a Martín Ocampo por lo ocurrido, en el marco de una escalada de cortocircuitos que comenzó cuando el funcionario porteño desmintió a la máxima autoridad con la posibilidad de jugar la Súper Final con público visitante en ambos estadios. Desde la Casa Rosada esperan que Ocampo dé un paso al costado con posterioridad a la realización del G20, una posición que hasta ahora no cuenta con el aval de Rodríguez Larreta y tampoco de su mentor Angelici.