En un año marcado por la lucha por el derecho al aborto y el resurgimiento de discursos conservaduristas, el debate acerca de la Ley de Educación Sexual Integral vuelve al centro de la escena. Juana Garay, Carolina Brandariz y Graciela Morgade dialogaron con El Grito del Sur al respecto.

La lucha por la real implementación de la Ley de Educación Sexual Integral, sancionada hace 12 años, acumula ya numerosas actividades y protestas. En un 2018 marcado a fuego por la histórica pelea por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, recobró importancia la necesidad de incorporar la ESI en las escuelas. Sin embargo, frente a ambos reclamos hubo una contraofensiva por parte de sectores religiosos y del poder político que buscaron impedir que esto se lleve adelante. Una fuerte lucha por el sentido vuelve a ocupar el escenario nacional desatando una disputa entre la marea verde y el medioevo.

Graciela Morgade es decana de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y formó parte del equipo de especialistas que delinearon los contenidos curriculares aprobados por el Consejo Federal de Educación para impartirse en los colegios. Carolina Brandariz es docente, secretaria de Géneros de la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) y militante feminista. Juana Garay estudia en el Nacional Buenos Aires, es presidenta de su centro de estudiantes y fue una de las jóvenes expositoras que participó del debate sobre el aborto en el Senado. Con distintos recorridos pero un mismo objetivo, analizan las falencias en la aplicación de la ESI y explican la importancia de aplicarla verdaderamente.

Morgade recuerda el arduo trabajo que llevó la sanción de la ley en 2006 y las estrategias que se dieron en su momento para generar el consenso entre las distintas partes que permitiera promulgar la ley. “En el momento en que se votó, fue lo mejor que se pudo legislar”, dice, al tiempo que reconoce que por la época en que se sancionó, muchas de las temáticas puestas en agenda hoy por el movimiento feminista no estaban contempladas. Sin embargo, asegura que “la ley establece la incorporación de otras legislaciones porque su espíritu apuesta a la diversidad” y cuenta que incluso el Ministerio de Educación de la Nación, durante la gestión de Alberto Sileoni, apostó a la inclusión de normativas posteriores relacionadas con la temática.

En la Ciudad, la gestión macrista se ha destacado no sólo por ignorar la ley sino por desfinanciar año tras año el área, imposibilitando llevar a cabo las capacitaciones y las medidas necesarias para aplicar de manera correcta la educación sexual integral dentro de las aulas. “Hace once años que gobierna el macrismo en la Ciudad de Buenos Aires y la ley de ESI jurisdiccional es de un año antes de que asumiera, o sea del 2006, a la par de la ley nacional. Es decir, hace más de diez años que el macrismo tiene la oportunidad de implementarla y eso no ocurre: 1° porque hay un mísero presupuesto destinado a ello, 2° porque no existe un programa -como sí existe a nivel nacional- dentro del Ministerio de Educación que direccione esa política pública, y 3° porque no forma al equipo docente para que seamos multiplicadoras de esos contenidos en las aulas. Lo que hace es conveniar con ONGs que se encargan de la formación, pero no las monitorea ni las audita y sólo trabaja en algunas escuelas de nivel medio en vez de hacer un contenido transversal”, cuenta Brandariz. Además explica que, desde la llegada de Mauricio Macri a la Casa Rosada, estos síntomas se han intensificado y se fortalecieron vínculos con ONGs como la de Abel Albino, reconocido por sus dichos respecto de la educación sexual y por su polémica intervención durante las sesiones de debate sobre el aborto en el Congreso.

“La implementación de la ESI es bastante escueta, por no decir nula”, afirma Juana Garay. El caso de los colegios pre-universitarios cuenta con otra particularidad: las casas de estudio dependientes de la Universidad de Buenos Aires no tienen la obligación de aplicar la ESI. En el Nacional Buenos Aires la única aproximación institucional a la educación sexual es una materia de segundo año que lleva ese nombre, se cursa solo durante un trimestre y no tiene un correlato con el resto de la cursada. “Queremos una ley de educación sexual integral completa, científica, laica y que se dicte de manera transversal en todas las materias”. Frente a los reiterados reclamos de les estudiantes, el Consejo Superior de la UBA ha informado que viene trabajando en un proyecto de transversalización de los contenidos para aplicarlo en sus distintas dependencias educativas.

“La ESI en CABA tiene distintas falencias: le falta una perspectiva de genero, salir del binarismo. Es importante que la ley sea reflejo de los cambios culturales y que se proponga romper con los estereotipos que tenemos en base a la desinformación”, plantea Garay. Esto ha sido motivo de grandes campañas durante el último tiempo, donde grupos evangélicos y conservadores se oponen a la ‘ideología de género’ y la ‘perversión’ de les niñes. Embanderados y embanderadas detrás de la consigna “con mis hijos no te metas”, se oponen rotundamente a la ley actual y critican los cambios que se proponen agregar ahora a dicha legislación.

“No creo que haya que impugnar la ley actual, creo que es muy buena y es un piso que hay que defender”, opina Morgade en relación al debate actual respecto de incorporar o no modificaciones a la ley. Asegura que la legislación actual, tal como está, es un buen instrumento para garantizar el acceso a la educación sexual en todos los colegios del país con una perspectiva social, histórica y de derechos humanos, que permita romper con los prejuicios y los sesgos patriarcales propios de cualquier ámbito social. La decana reconoce la enorme labor del movimiento de mujeres y disidencias que han impulsado este debate y propone a las escuelas como lugares de transformación en los cuales se propicia el encuentro entre sujetos diferentes. “La ESI hace de la escuela un espacio más justo”, agrega.

Muchas veces la propia realidad sobrepasa la agenda curricular e irrumpe dentro de las aulas. “Fue fundamental el rol de las estudiantes que sin tabú colgaron sus pañuelos en las mochilas y en sus cuellos”, cuenta Brandariz en relación al fenómeno del debate del aborto en los colegios. Algo ha quedado claro, a pesar de que muchos temas no están incluidos explícitamente en el marco normativo de la ley; el movimiento feminista, y en particular la juventud, ha venido a cambiarlo todo y a romper con los esquemas tradicionales: proponen su propia currícula, instalan sus debates y transforman por completo los espacios en los que intervienen. “La verdad es que las que creemos en la ESI -que somos muchas- a veces decimos que le queremos hacer decir más de lo que en realidad dice a la letra de la ley. Porque de algún modo creemos que ese cuerpo normativo posibilita que las docentes trabajemos en nuestras aulas contenidos relativos a diversidad sexual y a la igualdad de género”, confía la docente.

“Para lograr una implementación correcta de la ESI lo más importante es entender, en principio, que ésta va a tener una resistencia lógica pero eso no tiene que detener la lucha”, plantea la referente estudiantil. En la misma tónica Graciela Morgade invita a reflexionar acerca de quiénes están verdaderamente detrás de la campaña de demonización de la ley de educación sexual integral. Preocupada por la victoria de Bolsonaro y el ascenso de la iglesia evangélica en la región, apunta contra los grandes centros de poder y propone concientizar y construir con aquellas familias que, quizás por elección o quizás por desinformación, adhieren a la consigna anti-ESI. “Con esas familias hay que hablar para demostrar que se propone una perspectiva de respeto y que no representa ninguna amenaza”.

El fuerte componente religioso presente tanto en la discusión por el aborto como en el debate por la ley de educación sexual se hace sentir cada vez con mayor intensidad. Sin embargo, Morgade aclara: “Soy una militante atea pero considero que con el sector del pueblo que profesa alguna religión, que les propone una suerte de salvación individual, hay que construir de todas formas, porque siguen siendo los mismos sectores que son perjudicados por el neoliberalismo”. “Las luchas populares tienen historia y, a contramano de lo que quieren las clases dominantes, nosotros tenemos que hilvanar nuestras luchas”, plantea Brandariz en un mismo sentido.