Cierre del primer juicio por Virrey Cevallos

“La obediencia no te absuelve, te incrimina”

Fotos: Virginia Robles

En el cierre del juicio por Virrey Cevallos, el Tribunal Oral Federal 2 condenó al represor Omar Graffigna a 15 años de prisión por los secuestros y torturas cometidos en el ex centro clandestino. Hizo lo propio con Jorge Luis Monteverde, alias "el Sota", que recibió 13 años. Sin embargo, absolvió a otro de los agentes de civil que estuvo imputado por los mismos delitos.

Osvaldo López movía el pie derecho, inquieto. Pasadas las dos y media de la tarde, los jueces del Tribunal Oral Federal N° 2 finalmente ingresaron a la sala AMIA, en el subsuelo de Comodoro Py, dispuestos a leer la sentencia por la que él y su compañera en la querella, Miriam Lewin, pelearon durante décadas. A Omar Domingo Rubens Graffigna, el último integrante de la Junta Militar que sigue con vida, le dieron 15 años por los secuestros y las torturas cometidas contra nueve ex detenidos en el más céntrico de los centros clandestinos de la dictadura, del que López se fugó una noche de 1977 para ser nuevamente capturado. Pero el ex Brigadier apenas duró unos pocos minutos en la sala, por lo que ninguno de los sobrevivientes de aquel calvario, ni sus familiares y compañeros y amigos pudieron gritarle la sentencia en la cara. También sortearon el repudio colectivo los hermanos Jorge Luis “El Sota” y Enrique Julio “Quique” Monteverde, ex agentes de civil de la Fuerza Aérea imputados por los mismos delitos que su ex jefe, quienes gozaron del privilegio de seguir la audiencia vía videoconferencia desde la cárcel VIP para genocidas en Campo de Mayo, por un problema técnico del Servicio Penitenciario, que falló en el traslado. Cuando los jueces Jorge Tassara, Jorge Gorini y Rodrigo Gómez Uriburu leyeron su veredicto para los Monteverde, debieron pedir silencio en la sala, que festejó los 13 años de prisión para el primero y repudió con abucheos la absolución del segundo.

“Como a los Nazis/ les va a pasar/ adonde vayan los iremos a buscar”, se cantó al cierre del juicio, signado para los sobrevivientes por una mezcla de sensaciones: satisfacción por la culminación de una larga etapa de reconstrucción de la memoria pero también impotencia por una justicia a medias, que llegó tarde y de forma parcial. Por eso, cuando fue el turno de las foto final con los amigos y familiares, López pidió “guardar los carteles hasta el juicio Virrey Cevallos 2”. Aún queda pendiente juzgar al titular de la Jefatura II Inteligencia, de la que dependía el ex centro clandestino, Jorge Alberto Espina (estuvo prófugo hasta un mes antes del inicio del juicio) y a por lo menos otra veintena de ex agentes de la Fuerza Aérea que se sabe secuestraron y torturaron dentro de Virrey Cevallos.

Graffigna, minutos antes de retirarse de la audiencia. Foto: Virginia Robles

AHORA SÍ, COSA JUZGADA

Los 15 años de condena que recibió ayer Graffigna se suman a la cadena perpetua que pesa sobre el genocida desde 2016, cuando fue juzgado en el marco de la Causa RIBA por las desapariciones de los militantes montoneros José Manuel Pérez Rojo y Patricia Roisinblit, ésta última hija de la Abuela de Plaza de Mayo, Rosa Roisinblit. Desde la querella de Virrey Cevallos esperaban una sentencia similar, pero se mostraron conformes con el veredicto. “El monto es un tanto bajo. Creo que estaban todos los hechos probados, y absolutamente justificados los 25 años que solicitamos para Graffigna. Pero lo importante es que se ha hecho justicia”, le dijo a El Grito del Sur el abogado Ernesto Lombardi, quien reemplazó a Pablo Llonto, ausente por motivos personales.

Hasta 2016, Graffigna gozaba del insólito beneficio de haber sido el único integrante de la Junta Militar que no había sido alcanzado por la justicia. Como había sido absuelto en el Juicio a las Juntas, la defensa del genocida pidió la absolución también en Cevallos por “cosa juzgada”, lo que fue refutado por la Fiscalía y los propios jueces. La defensa intentó además recostarse sobre la avanzada edad del represor (92 años) para declararlo incapaz de afrontar el juicio en su contra, lo que no les sirvió más que para evitarle hacerse presente a lo largo del juicio y ahorrarle escuchar la sentencia en persona.

El propio represor dejó en claro que entiende todo cuando se acercó hasta el micrófono, en forma provocativa, para amagar un descargo que nunca fue. Más tarde, Graffigna aprovechó el cuarto intermedio pedido por los jueces para escaparse.

Los hermanos Monteverde y los tres jueces del Tribunal Oral Número 3. Foto: Virginia Robles

“Unidad 34, ¿escuchan?”

Los hermanos Monteverde, “El Sota” y “Quique” siguieron el fallo vía videoconferencia, por una falla logística en el traslado, desde Campo de Mayo (Unidad 34). “El Sota” recibió 13 años de prisión; sin embargo, su hermano Enrique, alias “Quique”, resultó absuelto, lo que despertó indignación entre los familiares y sobrevivientes, que portaron carteles con la consigna “la obediencia no te absuelve, te incrimina”.

“Quique” fue reconocido en varias oportunidades por Miriam Lewin como el portero de la casona. La periodista, en el marco de la causa y de su libro “Putas y guerrilleras”, ubicó a “Quique” como uno de los represores que actuaba en Cevallos, y hasta aportó que se mimetizaba en la vestimenta y los códigos con estudiantes universitarios. Su participación en la empresa criminal estuvo probada tanto para la querella como para la fiscalía. Habrá que esperar, por lo pronto, hasta el 13 de febrero para conocer los fundamentos del fallo y de la absolución del represor.