Denuncia a Juan Darthés por violación

Juan Darthés es un violador

Ilustración: Natacha Sienra

Nos enseñaron que sólo debía afectarnos aquello que nos involucre directamente. Nos amputaron la capacidad de sensibilizarnos con otres. Divide y reinarás, también en los sentimientos. Anular la empatía es la base fundamental del patriarcado.

Escribir de nuevo, con el nudo en la garganta, con los ojos cansados de pantallas, con la cabeza quemada, con el relato hirviente. Escribir masticando la angustia, conteniendo la arcada de indignación, escribir de nuevo como obligación, pero esta vez no laboral sino moral, física, cofradística. Escribir porque es inevitable.

Foto: Julieta Ferrario

Ahí están, cuatrocientas por una, una por las anteriores que no fueron escuchadas. Por las que denunciaron antes y no sólo fueron ignoradas sino abucheadas, ultrajadas, demandadas. En la contienda del odio a las que alzaron la voz les tocó el espejito rebotín, daños y perjuicios. La ley es machista, sí, pero la ley no es la norma; la norma es la costumbre, la repetición, la reacción.

Ellas reaccionan en manada, frente a las cámaras, desordenadas en el escenario, manchadas de verde. Aquí es indistinto procedencia y edad. Allí no: en Nicaragua la edad no fue una anécdota sino un dato fundamental para probar el abuso sexual, el descuido hacia les menores, la hipersexualización mediática y cultural.  En el testimonio de Thelma Fardin la diferencia de edad es un quiebre, un fractura abismal que remarca la desigualdad de lugares, géneros y de poderes.

Mirá cómo se ponen, cuando se juntan, cuando se potencian, cuando el grito es colectivo y la rabia no se disimula; al contrario, cuando se vuelve espesa de lo intensa, hierve la sangre, entrecorta la voz. Mirá cómo se ponen cuando pronuncian historias acalladas durante años, cuando las levantan. Cuando hablan en plural y ya no hay individualidad, sino colectivo. Mirá cómo nos ponemos.

Nos enseñaron que sólo debía afectarnos aquello que nos involucre directamente. Nos amputaron la capacidad de sensibilizarnos con otres.  Divide y reinarás también en los sentimientos, anular la empatía es la base fundamental del patriarcado.

Como antídoto, el momento políticamente más fuerte del feminismo es cuando te das cuenta que lo que te pasó no es un caso individual sino una experiencia colectiva y, por ende, la respuesta también tiene que serlo.

Sin embargo, si el daño es conjunto el ataque también:  “¿Todxs conocemos a un Juan Darthés, o yo era el único con un compañero de secundario que le ponía la pija en la cara a las compañeras cuando se dormían en hora libre?”, leo de uno de mis contactos de Facebook. La situación no es extraordinaria, relativizarla la vuelve ajena y enrarecida.  El abuso es moneda corriente: en los trabajos, en los barrios, en las aulas, en los hogares, en las iglesias.

¿Acaso el abuso empieza cuando se deja de sentir empatía por le otre? ¿Por qué cientos de varones hetero-cis son capaces de tener relaciones sexuales sin identificar que sus compañeras no lo están disfrutando, e incluso que a veces lo están padeciendo? ¿Qué es aquello capaz de convertirlos en miopes, tornarlos cíclopes distantes incluso cuando la presencia ajena aprieta su piel?

Pero esta vez no fue así, no hay interpretaciones ni fueras de contexto, la situación es clara y desdibujarla es ser cómplice. Dudar de nosotras es aplacar la potencia colectiva, intentar separarnos, craquelar lo que estamos levantando .

Muchas veces entendí como una debilidad la capacidad de sentir cerca lo ajeno. Hoy valoro hasta la médula la posibilidad de compartir en la rabia y en el llanto, porque sé que ésta es la base del movimiento feminista.

Juan Darthés es un violador.

Y el patriarcado se va a caer.