Abuso sexual infantil: el caso Blanca

La pedagogía de la lucha

Fotos: Virginia Robles

Después de diez años de lucha, Blanca consiguió que su padrastro Claudio Dari sea condenado a 13 años de cárcel por abuso sexual infantil y que su progenitora reciba 12 años, por cómplice. Envuelta en el movimiento feminista, la joven quiere que su caso siente precedente para otrxs sobrevivientes.

Entre tanta injusticia, Blanca ofrece luz. Y no solo su nombre, de connotación clara, sino su sonrisa, su lucha, su empeño incansable. Luego de 10 años, Blanca -quien no se identifica con el apellido que porta legalmente- consiguió que la justicia condene a su padrastro, Claudio Dari, a 13 años de prisión por abuso sexual gravemente ultrajante por ser cometido por ascendiente y aprovechando la situación de convivencia; y a su madre biológica, Andrea Maldonado, a 12 años por ser participe necesario y cómplice de esta situación.

En el trayecto de esos diez años, desde que pudo enunciar los abusos hasta que recibió la sentencia de la justicia, Blanca se enfrentó a abogadxs, psicologxs y fiscales que ningunearon su caso y evidenciaron la falta de perspectiva de género. Pero también encontró lazos, nexos y contención en otrxs sobrevivientes de abuso sexual infantil, en la Red por la infancia, en los profesionales que la acompañaron y especialmente en su tía, quien creyó su el relato desde el primer momento y la ayudó a sobrevivir. Sin duda la Blanca que, a sus 14 años, se animó a hablar a pesar del dolor es totalmente diferente a la que, ahora a sus 24, ríe, gesticula y se emociona contando que la denuncia pública Thelma Fardín fue el mismo día que terminaron las audiencias del juicio.

Luego de años de insistencia Blanca consiguió la elevación a juicio de la causa en septiembre del 2017 pero el juicio se realizó finalmente el 10 y 11 de diciembre del 2018, en el Tribunal 1° de Trenque Lauquen, a 30 km de Pehuajó, donde se realizó la denuncia.

Durante el juicio Blanca contó con el testimonio de su primera psicóloga, quien le ayudó a detectar los abusos siendo una adolescente, de sus tíos -quienes la albergaron después del hecho-  y el psiquiatra especialista en género, Enrique Stola. Sin embargo un hecho fundamental para la causa fue la aparición de una ex compañera de colegio de Blanca que en su infancia había sido testigo presencial de los maltratos y abusos. De las tres compañeras de colegio que reconocieron haber presenciado o escuchado el relato de la joven ella fue la única que se animó a declarar. Las otras dos optaron por abstenerse ante la presión social y las amenazas explícitas por parte de la acusada.

Durante las audiencias ambos imputados prefirieron no declarar, y en la instancia de los alegatos el abogado defensor aceptó la culpabilidad del acusado y solo optó por pedir una reducción de condena y la absolución de la progenitora. La sentencia tuvo como agravante el “robo de identidad” ya Dari se había presentado ante la ley como el padre biológico de Blanca, a sus seis años, dándole el propio apellido.

La sentencia tuvo lugar el jueves 27 de diciembre a las 13 horas. Con el acompañamiento de las colectivas de feministas de la zona y el canal de Trenque Lauquen transmitiendo en vivo Blanca recibió a sala llena el veredicto que tanto se hizo esperar. “Cuesta que se reconozcan los abusos intrafamiliares. Cuando aceptas o masomenos entendés lo que está sucediendo y podés contárselo a alguien, el otro generalmente no te cree. Por eso escuchar el caso de otra persona a la que le creyeron y se hizo justicia está re bueno”, expresa satisfecha.

“Con el tema del juicio recibí mensajes de chicas de Trenque Lauquen, Tejedor y Pehuajó contándome que ellas también habían sufrido abusos y no se habían animado a hablarlo. Las mujeres que se acercaron me hicieron sentir acompañada. Fue fundamental, porque en los pueblos hay una mentalidad más conservadora y las ideas del feminismo tardan más en llegar”, cuenta. “En las movilizaciones de ‘Ni una menos’ hay pocas personas y también es difícil expresar una opinión con el tema del aborto. En capital vos salís y sabes que hay un montón de gente que te acompaña, ahí como se conocen entre todos entonces el enfrentamiento es más cercano y más chocante”

Desde que abandonó la casa de su abuelo -donde se refugió seis meses luego de contar que sufría los abusos- Blanca nunca más volvió a Curarú, pueblo natal. Sin embargo viviendo con su tía en Pehuajó, un pueblo de aproximadamente 38 mil habitantes, debía estar pendiente constantemente de no cruzarse a su progenitora y su marido. “Después del juicio caminaba con una tranquilidad inexplicable” cuenta entre risas la joven que se siente aliviada de vivir en la capital porteña, donde se siente un número hermoso.

“En mi pueblo muchos me apoyaron pero hace diez años los recibían a ellos con total normalidad. Hasta el día de hoy hay parte de mi familia que dice que quiere saber la verdad y que se hagan justicia, incluso frente a tres jueces y tres psicólogos que ya emitieron su veredicto”

Rompé el silencio

Entre noviembre de 2016 y febrero de 2018 el Programa Las Víctimas contra las Violencias atendió 2842 denuncias telefónicas por abuso sexual en todo el país, de las cuales 2094 (74%) correspondían a niñes o adolescentes. Frente a este panorama Blanca apela a seguir reuniendo sobreviveintes de abuso sexual infantil para formar grupos de contención, ya despues del camino recorrido sabe que la difusión de su caso puede poner el tema en agenda e incentivar a buscar a otres a que busquen ayuda.

“Con las colectivas de mujeres que me acompañaron tenemos ganas de empezar una red de psicólogxs, abogadxs, psiquiatras feministas, que contengan y acerquen las herramientas a lugares más pequeños que Buenos Aires. Cuando te juntas con sobrevivientes hay una empatía que no se puede poner en palabras, la simple presencia del otro significa yo te entiendo, te abrazo y te apoyo. Eso es fundamental, más en estos casos donde nos quieren hacer sentir que estamos solas”.