Panorama del desastre que dejaron las inundaciones

Las aguas bajan turbias

Foto: cortesía Impacto Corrientes

Todavía quedan más de 6 mil personas evacuadas en las provincias afectadas, casi dos semanas después del pico del desastre, cuando el Presidente todavía estaba de vacaciones. Pese a que lo peor ya pasó, muchos parajes rurales permanecen inundados. Los pequeños productores, los más complicados. La preocupación por la reconstrucción de los pueblos y la deforestación como factor clave.

Dos semanas después del pico del temporal que dejó cuatro muertos y afectó miles de hectáreas en cinco provincias del Litoral y el Noroeste (Santiago del Estero, Chaco, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos), según estimaciones de la Cruz Roja ayer se contaban todavía 4800 personas evacuadas y otras 2600 auto-evacuadas por las inundaciones. El agua comenzó a bajar hace una semana, sobre todo en las grandes ciudades como Resistencia, pero se negaba a irse de los pueblos y parajes rurales. El panorama, para todas las zonas afectadas, es igualmente desolador. “Nosotros vamos a tener que reconstruir el 75 por ciento de la infraestructura de la Ciudad, desde calles, puentes y casas, hasta árboles y tendido eléctrico. Se lo llevó todo el agua”, describió en diálogo con El Grito del Sur Martín Ascúa, intendente de Paso de Los Libres, una de la localidades más golpeadas de la provincia de Corrientes.

En Paso de Los Libres, una ciudad de 43 mil habitantes que limita con el sur de Brasil de este lado del Río Uruguay, volvió a llover anteayer: cayeron 45 milímetros en apenas 20 minutos, y sopló un viento de 130 km/h. Volaron varios techos y llovió sobre mojado: al menos 13 familias que habían podido regresar a sus casas debieron ser evacuadas otra vez.

“Hasta ahora nosotros nos venimos arreglando solos”, dijo Ascúa en relación al DNU publicado el martes que declaró la “Emergencia Hídrica” y la reunión que mantuvo ayer el Presidente con los gobernadores de Entre Ríos, Gustavo Bordet; de Santa Fe, Miguel Lifschitz; de Corrientes, Gustavo Valdés; y de Chaco, Domingo Peppo. Cuando la cantidad de hectáreas bajo el agua y el número de evacuados tocó su punto máximo, Mauricio Macri todavía estaba de vacaciones en el sur. “Fue una reacción tardía”, se quejó Ascúa, “no hubo ningún llamado de Nación hasta ahora”.

Foto: Cortesía Corrientes Hoy.

El intendente espera que de la reunión entre el Presidente y los gobernadores surjan fondos concretos para paliar la situación y encarar la reconstrucción. Cada vez que hay inundaciones, se pone como nunca la lupa en las obras que se hicieron o no, y las que faltan. El Ministerio del Interior, que conduce Rogelio Frigerio -quien no esconde sus intenciones de candidatearse a la gobernación de Entre Ríos, una de las provincias afectadas- se apuró esta semana en difundir un comunicado que afirma que “el Gobierno Nacional está haciendo 86 obras contra las inundaciones en todo el país y hay otras 16 próximas a iniciar”. “Acá, por lo menos, necesitamos una obra de mayor envergadura en el sistema hídrico, que no viene dando abasto con estas lluvias y el cambio climático”, dijo Ascúa.

Otro de los puntos clave a la hora de balancear las políticas públicas cuando se inunda una zona del país son los protocolos de acción una vez ocurrido el desastre. Rodrigo Cuba, vocero de la Cruz Roja Argentina, contó a este medio desde Resistencia que, otra vez, “todo el operativo de evacuación fue un completo desastre”. “Es necesario repensar la gestión del riesgo desde el Estado y trabajar en la prevención, en la alerta temprana”, sostuvo.

En la capital del Chaco, hasta ayer, había más de 470 personas evacuadas, según la Subsecretaría de Protección Civil del Ministerio de Seguridad de la Nación; el pico fue de 4500. “Las inundaciones afectaron sobre todo el trabajo de la gente. Algo que me sorprendió mucho fue que muchas familias, más que estar preocupadas por volver a levantar su casa, estaban más pendientes de su ganado, de sus chanchos, de su trabajo en definitiva. Muchos perdieron todo y tienen que volver a empezar”, relató Cuba, quien participó de las tareas de ayuda en Puerto Vilelas, a las afueras de Resistencia. “Otro punto que estamos trabajando con las familias es cómo volver a reconstruir el día a día, las vacaciones de los chicos, todo lo que se vio perturbado. No es sólo lo material, también está lo psicológico y lo afectivo”, apuntó.

La Ciudad de Resistencia, inundada.

En la previa de la reunión con Macri, Lifschitz afirmó que en su provincia, Santa Fe, había 500 mil hectáreas afectadas y se lamentó por las pérdidas millonarias del campo. Coninagro, una de las entidades de la Mesa de Enlance, había estimado en 2.000 millones de dólares las pérdidas del sector. Pero el principal problema, al menos en Santa Fe, no está en la zona de mayor producción sojera sino en el noroeste de la provincia, en el límite con Santiago del Estero y Chaco, en la región de los bajos submeridionales. Allí, pese a que la situación tiende a normalizarse, sobre todo en las ciudades, la crisis está en los parajes rurales, donde abundan los pequeños productores. “Sin dudas son los más afectados”, explicó a este medio el ingeniero hídrico Mario Basan, representante del INTA ante el Consejo Hídrico, Productivo y Ambiental de Santa Fe. “Las localidades más populosas siempre tienen las respuestas del poder político, pero los pequeños productores rurales son los que siempre están más complicados”, sostuvo.

“La cuenca de los bajos submeridionales está saturada. Cualquier lluvia nueva y se vuelve a inundar”, advirtió Basan. El desastre empezó el 10 de enero en las localidades de Santa Margarita, Nochero, San Bernardo y Villa Minetti y llegó con fuerza más tarde a 9 de Julio y Gato Colorado, entre otras. ¿Se puede, en base a lo que dice el servicio meteorológico, prevenir las inundaciones? “Nosotros sabíamos desde el 28 de diciembre que para este trimestre del año el servicio meteorológico pronosticó más lluvias de lo normal, por el Fenómeno del Niño. Pero una cosa es que te anticipen que va a haber lluvia por encima de lo normal, y otra es que te digan cuánto. Todavía no existe esa tecnología, aunque hay avances. Pero lo que vivimos fueron lluvias muy focalizadas, un fenómeno raro. Llovió en 20 días lo que llueve en el año”, explicó.

El panorama en Santa Fe.

Más allá de fenómenos meteorológicos, existe otra forma de prevención: limitar la frontera del agronegocio y el desmonte. Un informe del INTA de 2016 demostró que una hectárea de bosque chaqueño absorbe 300 milímetros de lluvia en una hora, mientras que con cultivos de soja solo absorbe 30 milímetros, cien veces menos. Sobre ese causal de las inundaciones viene advirtiendo la ONG Greenpeace, entre muchas otras organizaciones. “Las zonas inundadas tienen la particularidad de que no están respetando la Ley de Bosques. Puntualmente Chaco ha autorizado a desmontar de manera irregular por pedidos de los grandes propietarios. Se han desmontado 51 mil hectáreas del Impenetrable”, denunció Noemí Cruz, coordinadora de la Campaña de Bosques de Greenpeace. “Cuando fue el pico de la lluvia y grandes inundaciones, estuvimos en Villa Angela, en el sudeste de Chaco, donde vive una colonia pastoril de Mocovíes que están rodeados de soja, y se inundaron ellos también”, describió Cruz.

“El problema no es sólo cuando estamos tapados del agua”, agregó Basan: “Ahora tenemos que resolver cómo seguimos: una vez que baja el agua, viene la sequía y ya está faltando agua potable”.