Verónica Jaramillo

“Las expulsiones que propone Bullrich no combaten el narcotráfico, lo fomentan”

Verónica Jaramillo es doctora en Ciencias Sociales especializada en Derechos Humanos y es una de las voces más firmes que desde la academia desmienten, con datos oficiales, el discurso xenófobo que se instaló con fuerza en la agenda del Gobierno. En diálogo con El Grito del Sur, aseguró que mayores niveles de represión y persecución sólo profundizan los problemas que ya existen.

Para Verónica Jaramillo, una de las voces más prestigiosas que desde la academia interpelan y discuten la xenofobia del discurso oficial, los anuncios en boca de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, sobre el endurecimiento de la política migratoria “son de manual” y representan “el caballito de batalla electoral de la derecha en todo el mundo”. Colombiana de origen, abogada, doctora en Ciencias Sociales y magíster en Derechos Humanos, asegura en diálogo con El Grito del Sur que el Gobierno “manipula las cifras sobre migración y delito” y que las expulsiones sumarísimas “en lugar de combatir el narcotráfico, lo facilitan”.

-Bullrich afirmó que los extranjeros representan el 20 por ciento de la población carcelaria, sin embargo usted y muchos otros académicos vienen desde hace tiempo desmintiendo a varios ministros en base a datos oficiales. ¿Por qué el Gobierno insiste en mentir?

-Lo que planteamos es que lo que dice la ministra es en principio una trampa, una manipulación de los datos. Bullrich y otros ministros que han hablado del tema, como Rogelio Firgerio, toman sólo una porción del sistema penitenciario, el Sistema Penitenciario Federal, donde cursan los delitos de narcotráfico. Por supuesto que allí va a haber una representación mayor de los extranjeros, por las mulas que están presas por tráfico de drogas (de paso vale aclarar que el 70 por ciento de las mujeres presas por mulas no tiene condena). Pero del total de presos en el país, apenas el 6 por ciento son extranjeros, un número que se mantiene estable desde el 2002. Además, lo que viene diciendo el Gobierno se presta a una  malinterpretación, porque no es lo mismo un extranjero que viene a cometer un delito y se va que un migrante, que trabaja y vive en el país. Según el censo de 2010, los migrantes somos el 4,5 por ciento de la población, de los cuales sólo el 0,26 por ciento está preso, unas 5 mil personas nada mas. No creemos que esa “confusión”  que busca el Gobierno sea inocente.

-¿Hay entonces una intención de vincular políticamente migrante y delito?

-Totalmente. Es de manual. Se vio en todas las campañas electorales recientes de la derecha, en Europa y en Estados Unidos. Es un caballito de batalla. Cuando hay crisis, la derecha apela a esas construcciones: la corrupción, los migrantes y el delito son el enemigo. Y les da muy buenos resultados, tiene mucha capacidad de daño. Acá, de paso, se agregó la persecución a los menores con la baja de la edad de imputabilidad.

¿Por qué cree que les da buenos resultados?

-Bueno, se hace creer que los migrantes somos criminales que invadimos otros países. El migrante es construido como un “otro” frente al nativo, que tiene un estatus de derechos superior y reclama “lo que me corresponde a mí” pero no a ese “otro”. Y como el migrante es ese otro, también es fácil echarle la culpa de todo. Por eso insistimos en que hay que dar la batalla de ideas, desde lo cultural, desde lo educativo, desde lo humano. Así como los nativos de un país señalan a los “otros” como criminales, también les pasa a esos nativos cuando emigran, por ejemplo, a Europa o Estados Unidos. Es una fórmula muy vulgar.

-La Policía de la Ciudad, según publicó Clarín, dice haber registrado que el 17 por ciento de los delitos en territorio porteño fueron “cometidos por extranjeros”. ¿Ese dato es real?

-No sabemos de dónde salió, pero creemos que efectivamente puede ser ése el número. Ahí hay un punto de análisis interesante también: lo que aumentó no fue la proporción de criminalidad de los migrantes sino la persecución policial a los trabajadores de la vía pública, como hemos visto todos, y que en su mayoría son migrantes. Ese fenómeno lo vimos también en ciudades que implementaron políticas similares, como Barcelona.

-Incluso Nike y otras firmas han premiado por ese motivo al ex ministro de Seguridad, Martín Ocampo.

-Curiosamente también ha pasado en Barcelona, donde las grandes marcas premian a fiscales que cumplen con los deberes.

-Contrariamente a lo que propone la ministra de Seguridad, usted señaló que las deportaciones inmediatas en lugar de ayudar a combatir el nacrotráfico, lo facilitan. ¿Podría explicar por qué?

-Si el Estado expulsa a un procesado por nacrotráfico, el delito que se investigaba acá no se juzga en el país de origen de la mula. No hay una territorialidad del delito. Los procedimientos sumarísimos que ya están en el DNU y estarían en este nuevo proyecto de ley en lugar de combatir el narcotráfico, los que con mucho ahínco promocionan, lo  fomentan. Además tengamos en cuenta que es un negocio muy salvaje en que el cuerpo de las mulas es una mercancía más, el costo es mínimo. Y hay otro negocio: es muy cara la deportación, por los traslados, más si estamos hablando de miles como promete hacer ahora el Gobierno. Sale más barato y es más constructivo para el país invertir en políticas sociales, inclusivas.

-Migraciones dice tener una lista de mil personas para deportar. Mas allá del uso electoral de la xenofobia, ¿qué consecuencias trae para la población migrante la difusión de discursos de expulsión y criminalidad?

-La gente tiene miedo. A los senegaleses, que tanto han sufrido la represión, ya se los nota cansados del circuito policial. Lo mismo pasa con las trans y travestis migrantes. Además, volvimos a muchas situaciones de los 90. Por ejemplo, volvimos a ser rechazados en muchos hospitales públicos, tengamos o no documento. Hay además muchas demoras para los trámites de radicación, que son muy caros, y se han profundizado con el nuevo sistema Radex. Pero como hemos pasado a ser los enemigos de este Gobierno, también nos hemos reecontrado más, organizándonos mejor y saliendo a discutir y construir. Hoy tenemos un consolidado muy grande en términos organizativos.