Polémica Mengolini Barón

No es sólo un debate sobre culos

Después del intercambio entre Jimena Barón y Julia Megolini surgieron polémicas dentro del movimiento feminista. Aquí algunas dicotomías para ir más allá del análisis facilista y entender que no es solo un debate de culos.

La propuesta de este texto no es sacar conclusiones, sino rescatar algunas ideas -ni limpias ni ordenadas- que surgieron en el intercambio de opiniones entre Jimena Barón y Julia Mengolini, teniendo en cuenta también los aportes que hicieron posteriormente otres compañeres y grupos de activistas. El texto se propone resaltar la complejidad de la situación y enumerar algunas de las tensiones que despertó. Este escrito no está clausurado; no es una conclusión firme sino un llamado a la reflexión. Es una apuesta a superar la rivalidad entre dos personalismos para invitar a discutir los nodos que atraviesan el movimiento en general y cuyo debate es complejo pero necesario :

  • La tensión político-personal: por un lado podría pensarse que es casi trivial la repercusión que generó un tweet en un contexto en el cual, entre el 1 y el 21 de Enero del 2019, se registraron 18 femicidios, en Jujuy una niña de 12 años fue obligada a parir, la noche de año nuevo se registraron tres violaciones grupales y la crisis económica empeora cuando lo leemos en perspectiva de género. Si es verdad que la energía es finita y que, debatiendo acerca de este tema estamos corriendo el foco de la coyuntura, también es real que valorando en “grados de importancia”, muchas de las problemáticas troncales del feminismo han sido postergadas por los partidos políticos tradicionales. Si hay algo que reivindica el feminismo es la politización de lo cotidiano: los cuerpos, las emociones, las heridas, la subestimación, el trabajo doméstico no remunerado, los micromachismos, los mandatos sociales, la naturalización de las violencias. El feminismo los ponen a jugar demostrando su implicación en el fuero político, ocupándose de los temas históricamente minimizados en temarios y asambleas y demostrando que también, desde los pequeños gestos, las redes afectivas y la política del deseo se ejerce el poder. Además, reducir la polémica a un debate sobre culos, invisibiliza el peso que la industria millonaria de la belleza y la opresión que genera en los cuerpos desde hace siglos.

 

  • La tensión público-privado: Las redes sociales nos permiten exponer partes de nuestra intimidad que antes quedaban ocultas, o eran ocupadas por un pequeño grupo de celebridades. La espectacularización de la vida cotidiana, la masividad y la democratización (relativa) de la palabra permiten una multiplicidad de voces en el debate (algo celebrable de por sí). Pero también exponen la tensión existente entre naturalidad y escenografía. Incluso aquello que parece fresco y espontáneo en nuestro contenido online tiene algo de performativo ¿Acaso las fotos de todes les usuaries de redes sociales no tienen algo de planeamiento? Cómo preguntó en su cuenta de Instagram Florencia Alcaráz: ¿No puede haber algo de autoerotismo en retratarse y encontrarse deseable para une misme? Al mismo tiempo, si hablamos de auto-erotismo, ¿por qué surge la satisfacción de compartir con cientos o miles de contactos la imagen? ¿Tendría el mismo sentido una selfie o un nude -más allá del tipo de cuerpo o de cómo se siente cada une con este- si la imágen no circulara por la masividad de la web?

  • Los estereotipos corporales:  Desde que nacemos, todes estamos (en mayor o menor medida) atravesades por violencias corporales, y mujeres y disidencias aún más. La publicidad, el cine, la televisión, las revistas “de mujeres”, los medios de comunicación en general, los centros de estética, las cirugías plásticas, las pastillas para adelgazar, las cadenas de productos dietéticos, gran parte de los gimnasios y clubes de dietas son solo algunas de las industrias que se benefician económicamente y sostienen una cultura obsesionada con la delgadez, la juventud y la tonicidad. Por esta razón, sufrimos desde nuestra infancia la presión de los estereotipos físicos, que muchas veces deriva en bullyng dentro de los ámbitos educativos.  Si bien este no es el para lugar hablar del activismo gorde (e invito a leer su propia opinión ) resulta interesante reivindicar la idea de que no es suficiente con el “empoderamiento” o el discurso del amor propio -algo así como la meritocracia de los cuerpos- si seguimos sosteniendo un sistema hegemónico que aprueba ciertas corporalidades y castiga otras, en términos que van desde lo afectivo hasta lo laboral.

Cabe destacar también que la incomodidad de cada une con su cuerpo no es físico-dependiente. Es decir, si bien no todas las opresiones ni las discriminaciones son iguales ni tienen las mismas consecuencias, hay personas que cumplen los estereotipos pautados por la belleza hegemónica y se encuentran totalmente disconformes con la imagen que les devuelve el espejo. Por otro lado, hay personas que no entran en esos parámetros hegemónicos restrictivos y se sienten felices, cómodes y sensuales con sus cuerpos. Resulta contraproducente pensar que la relación es lineal y por lo tanto todes aquelles que por portan cuerpos que no encajan en los estrictos modelos corporales que premia el sistema están destinados a avergonzarse de sí mismes, a taparse, a sentirse inferiores.

 

  • La organización colectiva feminista y las acciones individuales: De cara a un 8 de marzo que se propone masivo pero también contiene tensiones y diferencias internas, el feminismo se auto-cuestiona constantemente acerca de la formas de organización. La dificultad aparece cuando se busca crear un espacio horizontal, plural y que ceda la voz a quienes fueron históricamente segregades, pero al mismo tiempo  operativo y eficaz, que supere la rosca y genere un impacto real sobre la sociedad -como lo tuvo el debate por la Interrupción Legal del Embarazo-. En estas tensiones entran las dudas acerca de si todo lo que hace una feminista es feminismo o si todo tiene repercusión en la esfera pública. Lejos de plantear una opinión cerrada, resulta fundamental pensar y repensar hasta el hartazgo esta cuestión, más aun acercándonos a un paro de mujeres  donde aparecen llamados a conservar la supuesta “pureza” de un feminismo únicamente de mujeres y donde nuevamente  hay que definir las consignas que se llevarán a la marcha.  Cuestionar, cuestionarse y problematizar en conjunto que y hasta donde lo individual se tiñe de colectivo se hace fundamenta en un año electoral (donde el llamado a la unidad apela a todos los colores de pañuelos. También en un momento donde por la implicancia que demostró tener el feminismo los reclamos fundamentales del movimiento aparecerán en todas las plataformas electorales, aunque luego no se cumplan efectivamente, poniendo en escena aquello que Brigitte Vasallo llama “purple washing”.