Cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia

Sex Education: una serie a tono con la época

La serie británica estrenada el 11 de enero en nuestro país a través de la plataforma de Netflix refleja la falta de educación sexual en los colegios y aborda distintos tópicos relacionados a la temática. Dudas y problemas de les adolescentes.

Netflix volvió a cautivar a la audiencia con una comedia dramática que gira en torno a la educación sexual. “Sex Education” se estrenó hace dos semanas en nuestro país y atrajo el interés de todas, todos y todes, luego de un 2018 en que la aplicación de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) fue una de las principales exigencias del movimiento de mujeres en las calles.

La tira de Laurie Nunn, protagonizada por Gillian Anderson (Jean), Asa Butterfield (Otis), Emma Mackey (Maeve), Ncuti Gatwa (Eric), Connor Swindells (Adam) y Kedar Williams-Stirling (Jackson) tiene -hasta el momento- una sola temporada de ocho episodios. En cada uno de ellos se tocan distintas temáticas que van desde una erección hasta un aborto y se busca, en algunos casos, desmitificar diversas prácticas sexuales vistas como tabú, tales como la masturbación femenina.

La historia gira principalmente en torno a Otis Milburn, un joven adolescente perturbado por la separación de sus padres, que ensaya una suerte de “clínica sexual” junto a Maeve Wiley, de quien está perdidamente enamorado. Otis descubrió de pequeño a su padre, psicólogo, engañando a su madre con una paciente, un trauma que arrastra hasta su adolescencia y que le impide masturbarse.

Un día de escuela como cualquier otro, Adam se encuentra en apuros tras tomar varias pastillas de viagra y Otis lo ayuda a resolverlo. Allí es cuando Maeve descubre su ‘talento’ -adquirido por lo años compartidos con su madre Jean, quien se desempeña como terapeuta sexual- y le propone ofrecer sus servicios a los y las estudiantes de la escuela secundaria Moordale. Desde entonces, Otis aconseja, ayuda y despeja las dudas de distintos compañeros y distintas compañeras.

La serie además incorpora una fuerte perspectiva de género: no se muestran únicamente relaciones heterosexuales sino que, por el contrario, también aparecen personajes y parejas gays y lesbianas. Incluso el mejor amigo de Otis, Eric, debe lidiar con el bullying que recibe a diario en los pasillos del colegio por su orientación sexual. Es en especial Adam Groff, hijo del director, quien lo hostiga llamándolo “Trumpija”, por un episodio tragicómico en un acto escolar en el que Eric tuvo una erección mientras tocaba la trompeta.

Adam es además el típico brabucón de la escuela. La sofocación producto de la presión de ser el hijo del director, los rumores acerca del tamaño de su pene y su identidad sexual aún no descubierta, explican el caparazón que se construyó alrededor de una figura 100 por ciento masculina con la que no se siente representado. Con el tiempo, y gracias a Eric particularmente, empieza a ablandarse y se permite mostrar sus verdaderos sentimientos.

Aunque la serie sin lugar a dudas logró atrapar al público, el final sembró más dudas que certezas y dejó la puerta abierta a una segunda temporada -aún no confirmada- que esperan con ansiedad quienes ya vieron la primera parte. En distintas entrevistas a Laurie Nunn, la productora aseguró que le encantaría continuar con la realización de la tira y adelantó que ya está pensando ideas para los personajes, que utilizará en caso que Netflix dé la luz verde para proseguir con el proyecto.