Feminista K

“El desafío del feminismo es disputar las dirigencias históricas tradicionales”

Fotos: Lucía Rivera López

Mayra Mendoza es la única mujer de la mesa politica de "La Cámpora" y una de las principales referentes del feminismo kirchnerista. A los 35 años, la diputada anunció que será candidata a la intendencia de Quilmes.

Mayra es canchera. Lleva el pelo corto, los puchos en la mano, el vestido suelto y el antebrazo tapado con film, porque acaba de agregar un tatuaje a los que ya tiene. La militante peronista de 35 años peleó desde su banca en el Congreso por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito y en 2011 se convirtió en la única mujer en la mesa de dirección de “La Cámpora”. Este 2019, Mendoza, oriunda de Quilmes, anunció que será candidata a intendente del municipio. Aunque muchos, desde dentro de las propias filas del peronismo, la miren con desconfianza.

 Venís de familia radical y sos dirigente peronista ¿Cómo fue esta experiencia?  

Yo me formé en una familia radical antiperonista y asumí esta identidad política a partir de mis ideas propias y de los gobiernos de Néstor y Cristina. Fue bastante fuerte. Empecé a militar ahí porque esas ideas me representaban y porque quería lograr la realidad de los gobiernos de Perón y Evita. Igualmente, yo tengo una mamá muy feminista, sin que lo sepa: en sus prácticas cotidianas de crianza me enseñó a nunca quedarme callada, a hacer valer mi opinión y eso me forjó como persona. Aparte, por ser la más chica de tres hermanas -10 y 12 años mayores-  me habilitó muchas cosas que a otras chicas de mi generación no les permitían. Por ejemplo, yo tomé la comunión en bermudas porque me parecía más cómodo que usar vestido.

¿Creés que el hecho de ser mujer influyó en tu carrera política? ¿Para bien o para mal?

En su momento yo no lo sentí así. Ahora, cuando lo pienso en perspectiva, entiendo que tuve mayores dificultades, aunque creo que mis compañeros nunca lo hicieron de manera consciente. En mi caso, hubo algunas decisiones políticas que podrían considerarse incluso de vanguardia, como la incorporación de una mujer a la mesa política de la organización. Pero ahora las veo y entiendo que eran relativas. En un mesa donde hay cinco varones, sin perspectiva de género, y una sola mujer había muchos planteos que se desestimaban, decisiones políticas que siempre las terminaban tomando los mismos dos varones, etcétera .Yo tenía las mismas responsabilidades políticas que mis compañeros pero no la misma capacidad de decisión.

¿Ahí te diste cuenta que era necesario una política específica de género en la organización?

Al principio, hace ocho años, cuando comienzo a tener más conciencia de las dificultades de las mujeres en la política en general y en mi organización en particular, yo decía “no hace falta un frente de géneros porque nosotros construimos por igual y somos militantes integrales”. Con el tiempo y los ataques misóginos a Cristina, sentí que era mi responsabilidad visibilizar la violencia machista. Además de que a Cristina la atacaron, la atacan y la van a seguir atacando por lo que ella representa, como dique de contención al neoliberalismo, la atacan  el doble porque es mujer. La subestimaron desde el primer momento cuando fue candidata y decían que iba a ser Néstor el que conducía y no ella, cuando adjetivaban desde cuestiones personales como sus uñas, su cartera, su ropa, su pelo, porque como cuadro político es la mejor de la Argentina y eso nadie lo puede discutir. Todo esto hizo que el feminismo me corriera cada vez más fuerte por las venas. Entendí que era necesario que tuviéramos perspectiva de género y entonces decidimos armar un frente de mujeres que tuviera agenda propia para generar conciencia y organización popular.

¿Como se trabajó el tema de los escraches en la organización?

Trabajamos con un protocolo que existe desde octubre del 2017 y lo empezamos a aplicar en marzo de 2018. Al principio, cuando lo hicimos, fue bastante discutido porque se planteó si implicaba una mirada punitivista. Nosotras dijimos no, es una herramienta para abordar estas situaciones que surgen de un dato de la realidad.

¿Te molestó que se te ataque a vos puntualmente por el tema de los escraches?

Hay dos cosas en esa situación: por un lado yo siempre le creo a las pibas y puedo comprender que la demanda sea direccionada a una porque esperan sororidad y respuestas. Pero también comprendo que así funciona el patriarcado, culpándonos entre mujeres de cosas que queremos resolver. Acá hay que pedirle respuestas a toda una organización, no a una persona en particular.

Fotos: Lucía Rivera López

Fotos: Lucía Rivera López

En una entrevista con Chiche Gelblung dijiste que el oficialismo tiene 108 diputados pero se impone gracias a otros 21 opositores que responden al gobierno, ¿Es posible construir unidad aún con gente que le votó todas las políticas a Macri?

Hoy la unidad es necesaria con distintos sectores, pero no tiene que ser una unidad que nos condicione las posibilidad de gobernar. Siempre soy de la idea de fortalecer la fuerza propia porque es lo que te identifica como proyecto político. La unidad debe estar planteada en principio desde los y las que nos encontramos en la calle en estos 4 años de macrismo, pero todos aquellos que se sientan perjudicados por las políticas neoliberales tienen que ser parte. Es una unidad de ideas, unidad de concepción: en palabras de Perón, unidad de acción.

 Cristina dijo que había que construir con pañuelos celestes y verdes para lograr la unidad. Como feminista, ¿qué pensas al respecto?

Cristina, previo a eso, hablo de la categoría pueblo, dijo que tenemos que repensar las formas tradicionales de izquierda y derecha para empezar a ver quienes defienden los intereses del pueblo y quienes no. Creo que lo que planteó es que no debemos caer más en pantanos de división del campo nacional y popular porque las mayorías populares deben estar unidas en contra del modelo económico neoliberal. Lo entiendo de esa manera porque creo que la intención del neoliberalismo, y el neofascismo también, es que el feminismo esté dividido.

Fotos: Lucía Rivera López

Fotos: Lucía Rivera López

Martiniano Molina, quien hoy gobierna Quilmes, es un outsider que no venía de la política ¿Cómo vez la construcción de este tipo de personajes?

Es la expresión de Cambiemos. En el 2015 hubo personas que lo votaron porque dijeron “Ya tiene plata, no va a llevarse nada de la Municipalidad porque ya está hecho”. Cosas durísimas como sociedad, como si pasar por la Municipalidad fuera hacerse de plata.  Hoy tenemos una canasta básica para una familia tipo de $25.000 y tenés un salario mínimo vital y móvil de $11.300, hay muchísima gente que no llega a cubrir la canasta básica. O sea, el 32% de la población está bajo la línea de la pobreza, estamos hablando de 13 millones de argentinos. En Quilmes volvió el trueque como hace 17 años, hoy hay muchas mujeres que intercambian productos y terminan abriendo sus casas para que coman sus hijos y los de los demás.

¿Qué pensás de las divisiones que existen en el peronismo de Quilmes y de las potenciales candidaturas de “el Barba” Gutierrez y Aníbal Fernandez?

Yo estoy tranquila con la decisión que hemos tomado como organización política porque creo que es un aporte necesario y responsable recuperar la Provincia y la Nación. También lo vivo con el trago amargo de la injusticia de tener que demostrar siempre el doble por el hecho de ser mujer. Hoy lo hablaba con una vecina de Quilmes y me decía: “se propone un candidato y, como es hombre y peronista, tener ambición está bien”. Salgo yo y la adjetivación personal sobre las mismas intenciones ya es distinta por ser mujer. Las mujeres que expresamos voluntad de ser somos atacadas por el patriarcado, por eso es un desafío del feminismo resignificar la política, impregnarla de códigos, de principios, de valores. Es un desafío del feminismo disputarle al patriarcado histórico de las dirigencias tradicionales.

Fotos: Lucía Rivera López

Fotos: Lucía Rivera López