El verdurazo de la revancha, en Plaza de Mayo

Otra forma de combatir el hambre

Cientos de productores agrícolas llegaron hasta la Plaza de Mayo para regalar sus verduras, tras la represión sufrida en Constitución. Exigen políticas públicas, controles a los grandes supermercados y acceso a la tierra para los agricultores.

Siete camiones, un tractor, una lechuga gigante, cientos de productores agrícolas con sus remeras de la Unión de Trabajadores de la Tierra, con calabazas, lechugas, rabanitos en las manos entran a la Plaza de Mayo. Los reciben una decena de organizaciones sociales al grito de “unidad de los trabajadores”. Del otro lado, paciente, una fila que recorre tres cuartas partes de la Plaza espera las verduras que los productores prometieron entregar y aplaude a su llegada. “Con lechuga, tomate y calabaza/ al forro de Larreta le copamos la plaza”, gritan los productores, cajón en mano.

La caravana rodea la plaza cantando y finalmente se instala en el epicentro, justo detrás de la pirámide, donde nace la Avenida de Mayo. Estacionan los camiones y empiezan a bajar los cajones con un pasamanos interminable: lechuga, albahaca, tomate cherry y redondo, acelga. Hay gente que está hace una hora, esperando por un racimo de cebollas de verdeo.

Fotos: Virginia Robles

“Nos enteramos por las redes del verdurazo. Incluso una persona nos acusó de militantes. No lo somos, pero si lo fuéramos no habría ningún problema. Estamos acá porque en la verdulería del barrio no podemos comprar. Por eso estamos bajo el sol esperando por las verduras”, explica Elizabeth, que espera con una amiga bajo el sol de la tarde de finales de febrero. “No tenemos plata para comer. Vamos a los supermercados pero además de cara, la comida muchas veces está en mal estado”, repone desde el otro lado de la fila Silvina.

“¿Se puede o no se puede combatir el hambre de otra forma?”, grita desde la caja del camión uno de los productores que termina de despechar los últimos cajones que quedan en el segundo vehículo. De este lado, Lucas Tedesco atiende a la prensa. Es uno de los dirigentes de la UTT y en el verdurazo anterior fue atacado por la policía en su intento de desalojar la Plaza Constitución. “Estamos regalando parte de nuestro trabajo en protesta por la represión y la falta de política pública. Hoy, a un productor de lechugas, se le está pagando 2 pesos el kilo, y la banana de Orán, en Salta, 5 pesos”, explica Tedesco. “Hay un entramado entre los grandes productores de alimentos, que son el Mercado Central y los grandes supermercados, que son los que arman esta logística y generan el precio. Al igual que los consumidores, los pequeños productores no somos formadores de precios y venimos peleando para que haya políticas públicas de control. A la hora de cosechar no sabés cuánto va a valer tu trabajo”, agrega.

La UTT representa a unos de 15 mil productores distribuidos a lo largo de quince provincias del país y desde hace tiempo construyen canales alternativos de comercialización, que buscan eliminar el manoseo y el sobreprecio que existe entre intermediarios para que el productor pueda recibir un pago justo y el consumidor pueda acceder a un producto de calidad y precio razonable. “No puede pasar que haya más del 600% u 800% de diferencia en el precio de lo que vendemos cuando llega a la góndola”, agrega Tedesco.

Juan Carlos Ruiz es de Florencio Varela. Con casi dos metros de altura y las manos curtidas de quien trabaja la tierra, comenta que con su familia son productores de frutilla, lechuga y acelga. “Venimos porque hay falta de apoyo del Gobierno a los pequeños productores, los insumos son muy caros y los tarifazos nos afectan. Hoy en día, los alquileres y los insumos se pagan a precio dolar y nuestros productos se venden en pesos”, se queja el agricultor.

Los trabajadores rurales y urbanos copan la plaza. La marcha de los productores confluye con la de los obreros de Madygraf, reprimidos la semana pasada en el mismo episodio en que se llevaran detenido al fotógrafo Bernardino Ávila, quien retratara la icónica foto de la señora que recogía las berenjenas frente al cordón policial. Esta vez, nuevamente, los fotógrafos acuden a la protestas y cubren con sus cámaras la inusual mezcla de productores y consumidores, sin intermediarios de por medio.