Entrevista a Mariana Redi

La Loba

Fotos: Virginia Robles

Mariana Redi es jugadora de de la Selección Nacional de Básquet adaptado y del club River Plate. En un contexto de ajuste estatal que afecta a su disciplina, la deportista habla sobre las nuevas amenazas que podrían dificultar, aún más, la dedicación profesional a su pasión.

Tiene el pelo lacio y muy largo, con un tono que, al sol, llega a ser casi violeta. Lleva los labios pintados, las pestañas arqueadas y viste con orgullo el uniforme azul oscuro de la selección argentina de basket, que combina con el piso de la cancha elegida para hacer las fotos, frente a la estación de Caballito, el barrio donde vive. Cuenta que cuando está en la cancha se siente libre, valiente. Mariana Redi tiene 26 años, hace dos empezó a jugar al básquet y “le metió a full”, como ella misma dice.

Mariana nació con una discapacidad -le falta una pierna y algunos dedos de la mano- y aunque siempre practicó deportes, tardó 24 años en conocer el básquet adaptado. Cuando lo hizo, dejó la carrera de diseño multimedia para entrenar a tiempo completo. Hoy es parte del seleccionado nacional y del equipo del Club Atlético River Plate. Recientemente, mediante la cuenta de Instagram de la marca de ropa @w_t_t_j, la joven denunció cómo afectan los recortes presupuestarios al deporte argentino y las dificultades cotidianas para dedicarse profesionalmente a su pasión. Su relato se hizo viral en redes pero aún no ha recibido ninguna respuesta institucional.

Fotos: Virginia Robles

Hija de profesores de Educación Física, en 2018, Mariana fue parte de la Selección Nacional de Básquet Adaptado que representó a nuestro país en el Mundial de Hamburgo, en Alemania. “Cuando estaba ahí sentí que todo el esfuerzo que había hecho valía la pena. Las veces que me había frustrado, que había llorado, lo que me había esforzado entrenando, todo”. Sin embargo, por no haber conseguido el rendimiento esperado en este certamen, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) decidió no renovarle al equipo la beca que recibía. Hoy día, el combinado nacional de Básquet Adaptado cobra solamente 7000 pesos por mes de parte de la Agencia de Deportes, una cifra aún menor al Salario Mínimo Vital y Móvil que, hasta el 28 de febrero del 2019, constaba de 11.300 pesos por mes. “La beca que estamos cobrando muchas veces se retrasa; aparte no sabemos hasta cuándo la vamos a tener. En agosto de este año vamos a jugar el Para-Panamericano que es la eliminatoria para el Para-Olímpico Tokio 2020. Nos dijeron que si no traemos ninguna medalla nos sacan ese ingreso también”, denuncia.

La Selección Nacional de Básquet Adaptado, autodenominada “Las Lobas”, está conformada por jugadoras de todo el país. Hasta el año pasado, las jugadoras se encontraban regularmente cada quince días en alguna provincia para entrenar. Esto se volvió más complicado cuando el ENARD dejó de hacerse cargo del costo de las comidas del equipo durante las concentraciones. “Es absurdo”, explica la jugadora ,“si no ganamos nos sacan la beca, pero para ganar tenemos que entrenar y no nos dan la comida. A veces concentramos en provincias que tienen canchas con goteras o agujeros en el piso y no siempre nos bañamos con agua caliente. No son las mejores condiciones, pero nosotras igual estamos agradecidas porque es eso o nada”.

Fotos: Virginia Robles

Tal como informó El Grito del Sur el pasado 30 de enero, Mauricio Macri presentó un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) a través del cual diluyó la Secretaría Nacional de Deportes, que pasó a ser Agencia de Deporte Nacional (ADN) bajo la presidencia de Diógenes Urquiza Anchorena, amigo personal del Presidente. “Están recortando de todos lados y el deporte no se salva, pero tampoco es excusa; el fútbol masculino sigue teniendo toda la guita. Si pusieran el 1% de lo que vale un jugador de fútbol profesional en todo el deporte, ya sería una mejora impresionante”, cuenta la integrante de Las Lobas.

“Nosotras tenemos que matarnos entrenando porque jugamos contra la selección de Canadá, de Holanda y Alemania, que tienen muchísimos recursos. Allá las jugadoras empiezan a los 8 años a jugar al básquet, consiguen sponsors. Acá es todo a pulmón. Si te recortan la beca tenés que buscar trabajo, pero al mismo tiempo trabajar te saca tiempo de entrenamiento. Aparte nadie te toma en un laburo si decís que cada quince días tenés que faltar para entrenar o viajar por los torneos”.

Fotos: Virginia Robles

Fotos: Virginia Robles

Según Mariana, Las Lobas se llevan muy bien entre ellas y cuando se juntan es como un “Gran Hermano” del básquet. Pero hoy, a la compleja realidad económica, deben sumarle las especificidades de su situación. Las sillas de ruedas deportivas, que son las herramientas de las jugadoras, son compradas por ellas mismas y su precio ronda los 40 mil pesos. “Para nosotras las sillas son nuestro elemento de trabajo y todas queremos tener las mejores, porque te ayuda un montón a la hora de estar jugando”, explica.

Además, Las Lobas deben lidiar con las empresas de transporte, que hacen lo posible para manipular las normativas. “Nosotras, por el pase de discapacidad, tenemos viajes gratis pero hace un par de años cambiaron el régimen y nos dan solamente semi-cama. A veces, incluso nos dan en el piso de arriba para no darnos los asientos de abajo que se reclinan totalmente. Hay chicas que están en silla de ruedas y no pueden subir las escaleras, menos si los baños están abajo y no están adaptados”. Sin embargo, a la hora de entrenar dice que no existe diferencia en el trato hacia los deportistas por tener capacidades especiales. “No es que nos tienen lástima ni que nos tienen más paciencia”, asegura Mariana y explica que tampoco quieren recibir otro trato, aunque esto le moleste a sus compañeros varones de los equipos mixtos en las ligas nacionales de básquet adaptado. “El deporte -tanto convencional como adaptado- es machista y a los varones les molesta cuando les jugamos de igual a igual porque les demostramos que podemos jugar igual o mejor que ellos”, explica Redi.

Fotos: Virginia Robles

La falta de recursos, de reconocimiento y de difusión impiden el crecimiento de estas disciplinas; por eso fue la propia Mariana la que creó una página de Facebook para difundir el básquet adaptado. “Yo nací con esta discapacidad y me enteré de la existencia de deportes adaptados a los 24 años. La información no está, no se difunde y puede ayudar a la motricidad de personas con capacidades especiales. A mi el básquet me hizo re bien. Es una gran herramienta, especialmente para los que adquieren una discapacidad y piensan ‘se terminó mi vida’. No es así, empieza una nueva, que va a ser difícil, pero se puede. Mis amigas que están en silla de ruedas permanente viven solas, van a comprar, salen, hacen de todo como cualquier persona. Eso me lo enseñaron también a mi”. Mariana refuerza la importancia de la visibilidad en los medios de comunicación hegemónicos de todas las disciplinas y no sólo del fútbol entre varones. “Los deportes adaptados nunca salen en la tele, tenés que ser el mejor del mundo para aparecer. Se apunta a la discapacidad desde la lástima, en vez de mostrar a las personas que nos rompemos el lomo ejercitando”, afirma la basquetbolista.

A pesar de la falta de presupuesto, Las Lobas seguirán entrenando y difundiendo su situación con la esperanza de que algún día mejore. Hoy son ejemplo de trabajo conjunto y de articulación federal ante los divisionismos y los egos que a veces llenan los estadios. Las Lobas seguirán tirando al aro, con aciertos y errores. Haciendo picar la pelota sobre el patriarcado, desterrando prejuicios y rompiendo estereotipos a su paso; formando una manada, para dar vuelta el resultado a pesar del abandono del Gobierno.