23 mil chicos y chicas sin escuela

Distritos colapsados por la falta de vacantes en la Ciudad

Familias desesperadas recorren las supervisiones escolares en busca de una vacante para sus hijos e hijas. Crónica de una rutina diaria en un distrito cualquiera de un barrio cualquiera de la Ciudad de Buenos Aires.

Son las siete de la mañana y empiezan a llegar las madres y los padres con sus hijes a Pagola 4181, la sede del Distrito Escolar Nº 19. Aunque los (apenas 25) turnos no se repartirán hasta que el reloj marque las nueve en punto, las familias llegaron desde las siete para no quedarse sin ser atendidos. Es una mañana de viernes, fresca y lluviosa, y las caras de desazón son un calco impregnado en niñes y adultes que esperan ansioses una voz oficial que les asegure una vacante. Pasan los minutos y empiezan a hablar entre elles: se aconsejan, comparten experiencias y buscan en les otres la contención que el Estado no les garantiza.

Fotos: Catalina Distefano

Poco después de las ocho, un trabajador se acerca a la puerta donde aguardan en fila una decena de familias y las invita a pasar para cubrirse de la lluvia. Momentos después, faltando apenas quince minutos para las nueve, llega una de las trabajadoras del lugar y sin mucha mediación previa lanza como un balde de agua fría: “No tenemos vacantes. Ustedes tienen derecho a hacer el reclamo la cantidad de veces que quieran pero, en este distrito, vacantes no hay”. Como si nada hubiese sucedido, las familias permanecen imperturbables, a la espera de ser atendidas. Y es que, a pesar de la angustia y la desesperación que invade a madres, padres y niñes, la esperanza de encontrar una escuela que permita sentir la seguridad de que sus hijos e hijas tienen una silla esperándoles en el aula, con una maestra al frente, es un anhelo que se mantiene intacto.

El reloj marca las nueve y un trabajador del distrito empieza a repartir los 25 turnos que entregarán ese día. Sin embargo, son más de cien las familias que se acercan a diario al Distrito Escolar N° 19, que abarca a los barrios de Villa Soldati y Nueva Pompeya. Pero no se trata de casos aislados: la misma problemática se propaga como un germen por cada rincón de la Ciudad de Buenos Aires y no hace distinciones de raza ni de clase. Pasan las horas y aparecen caras nuevas, personas que buscan un turno que ya no tendrán y personas a las que citaron una semana atrás para, recién ese día, atender su reclamo.

Fotos: Catalina Distefano

La lluvia para y los niños y las niñas, todes menores a los 5 años, salen a jugar a la vereda. Protegidos por esa frágil burbuja de inocencia, pasa frente a sus ojos, casi sin percibirlo, la posibilidad remota de obtener una vacante. Mientras tanto, puertas adentro, no hay risas ni juguetes, sólo gritos silenciosos que reclaman al Ejecutivo porteño una pronta solución.

Ahora bien, para continuar es preciso definir qué representa esa vacante, hasta ahora presentada simplemente como un concepto abstracto que delimita la entrada o la expulsión de los niños y las niñas de las aulas. Tener garantizado un lugar dentro de la escuela pública no significa simplemente acceder al derecho a la educación: para muchas familias la escuela representa hoy el aprendizaje de valores, la creación de lazos, la posibilidad de que sus hijos e hijas accedan a un plato de comida o a un mundo de oportunidades a las que sus padres y madres no pudieron llegar. La escuela pública, con sus virtudes y defectos, continúa representando en el común de la sociedad la esperanza de formación y progreso que a muches se les negó.

Fotos: Catalina Distefano

Se acerca el mediodía y el hambre crece entre les presentes. Galletitas, bizcochos y chupetines empiezan a salir de bolsos y carteras. El tiempo avanza como un cuentagotas y la paciencia empieza a agotarse. Otro día desperdiciado, otro problema en el trabajo -que pende de un hilo- porque deberán pedirse más días para continuar con el trámite correspondiente, una verdadera desorganización de la estabilidad familiar.

Termina el día y todo sigue igual: las familias sin respuestas, y las oficinas, ahora vacías, de Pagola 4181 esperan serenas una nueva jornada de reclamos que comenzará por la mañana.