Eduardo López, secretario general de UTE

“No hay maestro auténtico si no está relacionado con las necesidades del pueblo donde educa”

Fotos: Catalina Distefano

Entrevista en profundidad al referente del principal gremio docente de la Ciudad de Buenos Aires. Paritarias, falta de vacantes, cierre de escuelas y un repaso por las principales políticas educativas llevadas adelante por el macrismo en el distrito más rico del país.

Eduardo López tiene 53 años, es docente en una escuela de la zona sur de la Ciudad y dirige la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) desde hace 11 años. En una tarde lluviosa de fin de semana, nos recibió con mates en su casa de Parque Chacabuco para hablar sobre la paritaria docente, el plan de lucha que vienen encarando, las principales problemáticas educativas y las estrategias para derrotar a Cambiemos en las próximas elecciones. “Con estas tres ideas fundantes: educación, derechos humanos y trabajo, tenemos que construir la victoria popular y la nueva oleada que tiene que llegar más lejos”, apunta.

Foto: Catalina Distefano

¿Qué pasa con la paritaria docente en la Ciudad?

Tras una primera oferta -rechazada- de 24% para el 2019 y un 2% de recomposición salarial, el gobierno porteño ofreció un aumento con cláusula de actualización. Ese incremento se pagaría con el sueldo del mes de marzo (9%), de junio (la diferencia entre la inflación y el aumento recibido), de julio (7%), septiembre (7%) y diciembre (la diferencia con la inflación). De todas formas, la UTE rechazó la propuesta del Gobierno de la Ciudad, ya que no contempla la pérdida de poder adquisitivo de los salarios docentes en 2018.

¿Inicia el ciclo lectivo?

Estuvimos todo el verano esperando que nos convoquen y recién nos convocaron el 20 de febrero. Queremos iniciar, porque entendemos que la rebeldía hoy pasa por estudiar y aprender. Lo mejor que podemos hacer para enfrentar a un gobierno neoliberal es educar, pero no queremos naturalizar la pobreza en las escuelas, no queremos que las escuelas se transformen en galpones, que nuestros alumnos tengan frente a ellos trabajadores sin dignidad y con salarios por debajo de la pobreza. Eso es lo que estamos reclamando al Gobierno en una paritaria, dicho de una manera simbólica. Es por esto que el el 6 y 7 de marzo haremos un paro contra Macri por la paritaria nacional docente y seguramente en la segunda quincena de marzo tendremos huelga general, con o sin la CGT, contra el Fondo Monetario Internacional.

En los últimos años, la discusión salarial se vio atravesada por una fuerte campaña mediática de desprestigio a los docentes. ¿Cómo se hace para contrarrestar esto?

Yo separo la opinión pública de la opinión publicada, y al pueblo de los medios. En los medios y en la opinión publicada la docencia está mal vista; en los barrios, en las casas y en las escuelas la docencia, o más exactamente la educación de la que los docentes somos protagonistas, está muy bien vista. Uno le puede preguntar a cualquier vecino a quién le dejaría sus hijos, si a (Cristian) Ritondo, a (Mauricio) Macri o a una maestra y te diría que a la maestra. Hay una historia de amor entre los docentes y la comunidad educativa que nunca está publicada. En los medios venimos perdiendo por afano, pero en los barrios venimos ganando mucho: la gente ama y abraza la educación; de hecho, hay 15 mil familias sin vacante que quieren entrar a la escuela pública y Larreta les cierra las puertas en la cara.

Foto: Catalina Distefano

A pesar de la gran resistencia que se opuso en los últimos años contra el gobierno de Mauricio Macri, hay un gran número de docentes que siguen votando un programa político que los golpea directamente. ¿Cómo se da la batalla puertas adentro?

Yo calculo que el docente, como cualquier trabajador, es uno más del pueblo y vota como vota el pueblo, bien, mal o equivocado. No podemos decir tampoco que todos los maestros votaron a Macri. Votaron como los camioneros, como los recolectores de residuos, como la gente de los inquilinatos de La Boca, donde arrasó Macri. Es muy común que compañeros que resisten en las escuelas y se afilian al sindicato, después voten en contra de sus propios intereses, pero no responde a un patrón docente. La hegemonía genera que muchas veces el que está en la cadena de explotación haga propios los intereses del explotador. Ahora, en lo que no creo es en los triunfos electorales permanentes: no conozco ningún gobierno que se haya sostenido eternamente, creo que hay que avanzar en organización para construir una nueva oleada. Estamos plagados de miles de derrotas donde el pueblo no nos escuchó, entre comillas, pero la única lucha que se pierde es la que se abandona.

¿Pensaste alguna vez en ocupar un cargo público?

No, nunca me imaginé en otro lugar que no sea dando clase y organizándome en el sindicato con los docentes. De todas formas, soy sindicalista y me debo a lo que decidan mis compañeros. Mi vocación de toda la vida es ser docente y sindicalista, pero también elegí ser parte de un colectivo y me subsumo a lo que el mismo decida.

¿Cuál es tu balance de los 12 años de gestión macrista en la Ciudad?

Redujeron el presupuesto educativo del 30 al 17%; no faltaba ninguna vacante en la Ciudad, ahora faltan 15 mil; no faltaban docentes, ahora no hay docentes; hace doce años nuestro salario estaba por arriba del nivel de la pobreza, ahora está por debajo; priorizan una baldosa por sobre un niño y el conocimiento. Para nosotros fueron doce años de lucha. Igual dividiría su gestión en dos partes: 8 años por un lado y 4 por el otro: ocho conviviendo con un gobierno nacional que apostaba más por la educación, y los últimos cuatro siendo desembozadamente lo que son. La primera decisión de Macri tras el triunfo en 2007 fue sacarle el pollo, la carne y la verdura a los chicos de los comedores escolares, para darle soja con el argumento -falso- de que en China comen soja. La segunda fue sacarle la beca a los estudiantes secundarios, por lo que peleamos fuertemente y conseguimos finalmente que les restituyesen. Y la tercera, fue acusar que había ñoquis en la docencia, algo que nunca pudo comprobar.

Foto: Catalina Distefano

¿Cómo afecta la crisis económica al día a día dentro de las aulas?

Se traduce en hambre, los lunes son dramáticos. Ahora, además, los maestros somos pobres y muchos alumnos son indigentes; en estos tres años hay 50 mil chicos indigentes más según el IPC de Ciudad. Los docentes tenemos un desafío muy grande que se sintetiza perfectamente en Sandra: llegaba media hora antes a la escuela a calentarle la leche a los chicos en el invierno pasado, una semana antes había ido a una marcha de SUTEBA a reclamar por más presupuesto y los sábados enseñaba arte y peleaba por los violines en el Plan de Orquestas Escolares. No hay maestro cierto y auténtico si no está relacionado con las luchas y necesidades del pueblo donde educa.

El jefe de Gobierno viene desarrollando sus políticas sin tapujos, ¿hay algún límite?

Mirá, Larreta puede sacar a los senegaleses, puede reprimir al fotógrafo de Página|12, puede reprimir a la señora que agarra la berenjena, pero no puede cerrar escuelas porque se mete con el futuro de los hijos del pueblo. Ese límite se lo puso la gente. Ahora bien, a partir de ese no puede hay que construir una resistencia. En enero Larreta estuvo con casco, huyendo de lugares porque quería cerrar escuelas. Pero la sociedad se cansó y le dijo ‘no, pará, está bueno que cambies las baldosas, pero arriba de esas baldosas hay un nene durmiendo en la calle’.

¿Por qué creés que la educación es siempre una variable de ajuste durante los gobiernos neoliberales?

Es sencillo: quieren mano de obra barata y peones esclavizados para sus empresas. Ricardito Bussi, hijo del dictador tucumano, dijo hace dos años: ¿para qué le vamos a enseñar matemática a una changuita tucumana si va a terminar trabajando la tierra? La propia Vidal dijo que los pobres no llegan a la universidad. Larreta le dio una vuelta de tuerca, quería que los pobres no lleguen ni al secundario y proponía cerrar las escuelas nocturnas. Siempre los gobiernos de derecha dejaron de invertir en educación e invirtieron en balas, mientras que los gobiernos progresistas, nacionales y populares apostaron por la educación. Si invertís en educación no necesitás gastar en balas.

Foto: Catalina Distefano

¿Qué pensás acerca de las reformas educativas que, según denuncian, profundizarían la flexibilización laboral?

La flexibilización laboral es un desastre, una vergüenza. Quieren a los chicos fuera de la escuela y les hacen creer que son emprendedores. Les dicen que son su propio jefe, pero cuando se empiezan a organizar los echan. Hay un dueño y ese dueño echó al sindicalista, ahí hay lucha de clases, y en la lucha de clases quiero al trabajador asalariado formal y con vacaciones. Los macristas dicen que el problema son los últimos 70 años, porque hace 71 años no teníamos vacaciones. Pero yo tengo esperanza: el 2×1 no pasó porque tenemos un colectivo de derechos humanos ejemplar, la reforma laboral no pasó gracias al movimiento obrero organizado y el cierre de las nocturnas se frenó porque la comunidad educativa abrazó a la escuela pública. Con estas tres ideas fundantes: educación, derechos humanos y trabajo, tenemos que construir la victoria popular y la nueva oleada que tiene que llegar más lejos.