Marlene Wayar en la UNA

“A las travas nos atraviesa la diáspora”

En un aula llena, la activista travesti y psicóloga social Marlene Wayar dio una charla-taller en la Universidad Nacional de las Artes. Allí habló de la identidad, las luchas del movimiento travesti-trans y la necesidad de construir espacios habitables para que el odio deje de ser parte de la norma.

El aula está llena, los bancos se agotaron rápido y, quince minutos después de la hora pautada para el comienzo de la charla, ya no se ve el piso de la cantidad de gente amuchada y sentada como indios. Estudiantes de distintas carreras, docentes, amigues, infiltrades, todes escuchan con atención. Marlene Wayar, cordobesa, psicóloga social, activista trans y autora del libro “Travesti. Una teoría lo suficientemente buena” (2018), es quien reúne una pequeña multitud el martes 26 de marzo en la Universidad Nacional de las Artes.

Aunque desde el primer momento deja en claro que quiere generar una dinámica horizontal y no avala la transmisión de saber extractivista ni fetichizante, –“Viene el trava de afuera a la academia a explicar que es una torta, una marica, un no binerie” ironiza– acepta su verborragia y confiesa que el aula le encanta.

“Soy una sobreviviente y desde ese lugar les hablo”, dice Wayar, alta, flaca, con el pelo marrón y una remera estampada con un búho. Siendo parte de una comunidad cuyo promedio de esperanza de vida es de 35 años, Marlene tuvo la posibilidad de haber llegado a los cincuenta: “Tengo un cementerio de amigas en mi cabeza, de travas miles, de tortas y de maricas otro tanto”. “Yo por mi edad y por cómo han salido las cosas ya estoy institucionalizada, mi función es tender manos para que entren los discursos jóvenes, que increpen y rompan la institución”, continúa.

Al rato otras voces entrarán en escena, pero por ahora es solo ella. Su conversación va y viene sin nunca despegarse del eje, aunque se distraiga. Su teoría travesti -que discute los discursos adultocéntricos y binarios, que trae recuerdos de lo prostituyente y que cuestiona el poder-, inunda el ambiente.

Marlene habla de la trashumancia como marco epistemológico. Ir de lugar en lugar rescatando lo bueno y antes de que nos convirtamos en vicio, irse. Pasar por lugares no obvios y no institucionalizados. En el intento de ser un coro de voces recita poemas de manera performática, experiencias que son traídas al encuentro. La fuerza con la que encarna los versos de Susy Shock ponen la piel de gallina. Su voz potente no es un grito, sino una lanza que atraviesa las capas de sentidos.

Yo, reinvindico mi derecho a ser un monstruo

ni varón ni mujer

ni XXI ni H2o

(…)

Que otros sean lo Normal

El Vaticano normal

El Credo en dios y la virgísima Normal

y los pastores y los rebaños de lo Normal

Marlene reparte hojas, cinta de papel, boligoma y papeles de colores, explica los simples pasos para hacer un muñeco y sobre esa estructura propone a los presentes a recrear la experiencia trans que puede albergar en un niñe, darle libertad absoluta de performatividad, todo eso que fue aplastado. Cuenta que la mayoría de las personas travestis y trans reconocen su identidad de género entre los 8 y los 13 años y cada vez sucede antes. Sin embargo, a pesar del trabajo fundamental de organizaciones como Infancias libres, en la mayoría de los casos la niñez trans es invisibilizada.

“No nos ven entre los 8 y los 13 años. Nos ven a los 18 cuando somos punibles. Entonces caen todos los conceptos adultocéntricos y morales sobre el derecho a usar el espacio público, sobre el escándalo del cuerpo desnudo en la calle, cuando antes ha habido un enorme proceso de invisibilización. Desde que somos niñes está la institución policial ubicándonos en apartheid. Cada zona roja es un apartheid y eso es una categoría jurídica que va a dar lugar a los crímenes de lesa humanidad y a un genocidio. Hay muchos trabajos que demuestran que los Estados modernos se han montado y han podido emerger en tanto relaciones sociales genocidas”.

Wayar repele las categorías clausuradas como regulacionismo, prohibicionismo y abolicionismo y cuenta que lo que más abraza de su experiencia en la prostitución es lo que ha aprendido con sus amigas, lo que le ha permitido ver las condiciones de supervivencia.

“Para nosotres la posibilidad de subsistencia es prostituirnos, usar nuestro cuerpo sexualmente, incluso para sentirse deseada. El deseo del otro, que nos da potencia para vivir, tiene que ver con que desean usufructuar nuestro cuerpo. Este país nos hace chupar pija entre los 8 y los 13 años y lo digo sin eufemismos porque sino se convierte en una poética vacua. Nosotras, con Lohana, con Nadia, no soñábamos ni por las tapas que la policía no iba a perseguirnos, solo que iba a perseguirnos de manera diferente, más civilizada. Nos desesperaba saber que -aunque no lo íbamos vivir- había que dejar registro, tirar botellas al mar para que se produjera el movimiento”.

Sobre la emergencia de los movimientos feministas en la esfera pública, Wayar opina que cuando la diversidad habla están hablando de sí, pero también están exponiendo al contexto. “La mujer es mujer pero está definida por el hombre, no le puede decir al hombre que es el otro, no puede tratarlo recíprocamente. Las mujeres, las disidencias, las maricas, las tortas, las travas somos el otro radical y eso otro está construido en base a dos ansiedades básicas: el miedo a la pérdida y el miedo al ataque. Necesitamos que los varones puedan escuchar el discurso de esos otros radicalmente diferentes, porque sino sigue siendo lo abstracto. Son momentos de cambio y el cambio implica acción. Hoy para algunos sujetos privilegiados la acción es correrse”, opina la activista cordobesa.

El debate se abre, varios de los participantes presentan a los monstruitos construidos bajo las instrucciones de Wayar. Los testimonios se retrotraen a la infancia, los momentos más primigenios donde fueron reprimidas las dualidades femeninas y masculinas que nos componen a todes. “En este reconocimiento de ser quien soy, de la diferencia, vamos por la equidad de nuestros espacios. Se trata de una dupla conceptual, no es binarismo, es más originario.  Las mujeres originarias se entienden a sí mismas en duplas. Todos tenemos principios femeninos y masculinos y en nuestra totalidad podemos converger en proyectos. Somos radicalmente diferentes y esa es la realidad que hay que aceptar y festejar”.

Marlene habla de la urgencia de construir espacios habitables en contra de la hostilidad de la norma, especialmente frente a la avanzada de gobiernos de derecha en América Latina. “Hay que contraponer en las prácticas, ir construyendo la otredad, generar un otre que no nos amenace y con quien podamos tender redes concretas. Tenemos que comprender que la unión hace la fuerza, que la unión hace que los lugares de contingencia sean habitables porque sabemos que lo otro no lo es. El odio está, lo que tenemos que hacer es construir el amor y eso tiene que ver con la nostredad”.

En cada una de sus oraciones reproduce una teoría formada desde la mugre de los calabozos y el abandono estatal, que gracias a su esfuerzo y militancia ahora puede ser leída y reproducida en sus libros. Tres horas después del inicio, la charla cierra con un maremoto de aplausos, muches se acercan a saludarla, ella abraza y agradece. Un poco antes Marlene dirá alguna frases que sintetizan el espíritu de su experiencia: “A las travas nos atraviesa la diáspora, estamos dispersas por el mundo hasta que el otro nos hace de espejo. Somos radicalmente migrantes”.