Violencia machista en ámbitos políticos

Todo macho es político

Nueve de cada diez mujeres militantes se sienten discriminadas en el ámbito político por sus pares varones, según una encuesta del colectivo Julieta Lanteri, que busca visibilizar el machismo existente en organizaciones e instituciones políticas y militantes.

Nueve de cada diez mujeres militantes perciben o percibieron alguna vez un trato desigual en la distribución de tareas al interior de su espacio político por el solo hecho de ser mujeres. La misma proporción denunció no haber sido convocada a una reunión política por la misma razón y, además, que algún dato de su vida íntima y personal fue utilizado por varones para desacreditarlas o ridiculizarlas ante sus pares. Esas son algunas de las conclusiones de la encuesta nacional realizada por el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres en Política “Julieta Lanteri”, titulado “No son las reglas, es violencia”.

El trabajo, dirigido por Agustina Gradin y Karina Iummato, resume en 22 páginas la problemática de la violencia contra mujeres CIS en organizaciones políticas, como primera instancia para un futuro análisis de la situación que viven las disidencias. El estudio se propone medir las percepciones de las mujeres en política para identificar comportamientos machistas y visibilizar dinámicas que contribuyen a reproducir esta dominación.

Los resultados son contundentes, pero al mismo tiempo aliviadores. Sirven como sustento teórico para aquello que las mujeres que buscamos conquistar poder en el ámbito político denunciamos desde hace años: no es cuestión de subjetividad, no somos histéricas ni mal cogidas sino discriminadas por nuestra identidad de género.

La exclusión en la toma de decisiones y el uso de la palabra, la distribución desigual del trabajo político, la violencia económica, simbólica y sexual es real. Las 517 encuestas realizadas a nivel nacional a mujeres de diferentes partidos políticos lo explicitan: no es cuestión de eufemismos ni subjetividades.

Según los resultados del informe, 9 de cada 10 mujeres percibe o ha percibido una distribución desigual del trabajo político y del uso de la palabra y el mismo porcentaje declaró no haber sido convocada a reuniones o haber sido ridiculizada. También un 90% declaró que su información personal fue difundida con el objetivo de dañar su imagen y que los horarios de las reuniones y actos políticos realizados nunca contemplan las realidades de las mujeres con tareas de cuidado familiar.

El 88% de las mujeres refirió haber sido víctima directa o indirecta de “bromas” sobre “las mujeres” a modo de chiste o ridiculizando su desempeño en alguna tarea política”, mientras que un 60.3% dijo haber sufrido “muchas veces” este tipo de violencia machista en el ámbito político.

Un 70% de las encuestadas denunció haber sufrido trato misógino, bromas hirientes, invisibilización de sus propuestas y acoso o hostigamiento sexual. Asimismo, 8 de cada 10 mujeres señaló que sus compañeros varones le retuvieron información o despreciaron sus opiniones.

Fotos: Pandilla Feminista

Los agresores contemplados en el relevamiento se dividen entre las categorías de pares, superiores, desconocidos en redes sociales o periodistas y comunicadores. En este ámbito cabe recordar los casos de violencia simbólica que sufrió la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner por el simple hecho de ser mujer. Esta seguidilla de vejaciones -por su ropa o su peinado- tuvieron como máxima expresión la caricatura revista Noticias, donde se ve a la mandataria teniendo un orgasmo.

‘No son reglas, es violencia’ aporta además que a 8 de cada 10 mujeres alguna vez le argumentaron en una discusión o debate que “estás nerviosa”, “estás loca”, “sos muy sensible”o “sos muy subjetiva en tu análisis”.

“Obstaculización tres veces de la lista universitaria: amenazas personales, problemas curriculares hasta tener que dejar la carrera, llamados anónimos, acoso a estudiantes y autoridades de mí cursada. Dentro del partido político amenazas respecto del contrato laboral,
intento de corrimiento de mis responsabilidades, amenazas “cuidado con meterte conmigo” y en la misma línea otras sexuales como “cuidado conmigo que reacciono”, cuenta uno de los testimonios anónimos del informe.

El 73% de las mujeres encuestadas alguna vez se sintió incomodada con comentarios sexuales en ámbitos políticos, el 33% fue víctima de contacto físico no deseado por un colega y un 12% fue chantajeada sexualmente para conseguir un recurso, un ascenso, una candidatura o un cargo. Mientras tanto, 2 de cada 10 mujeres refirió haber sido víctima de una agresión sexual, de amenazas a familiares y amigos y el mismo porcentaje denunció haber experimentado abuso sexual directo por parte de sus pares varones.

“Como secretaria de un local partidario, quedaba sola con un sujeto que me abrazaba y se insinuaba. Llegó a regalarme ropa interior”, agrega otro relato textual.

Sin embargo, las mujeres que llegan a la esfera política aún siguen siendo pocas. En la Cámara de Diputados, luego de la elección legislativa de 2017, hay 98 legisladoras de un total de 257. Es decir, un 38 por ciento, mientras que son 30 las senadoras nacionales sobre un total de 72, es decir, un 41 por ciento. Ademas, aunque en ese momento las mujeres afiliadas a sindicatos representaban el 31% del total, en la conducción sólo alcanzaban el 5%.

La mayoría de la mujeres en política, ni siquiera acceden a las mesas chicas ni a la rosca. Son  invisibilizadas por llevar a cabo las tareas del territorio, el merendero, el apoyo escolar, el taller de costura.  Son ellas las que hacen las ollas llenas de chocolatada, que luego se lavan y se vuelven a llenar de guiso al mediodía. Ellas, las que menos aparecen en las pantallas, sostienen la tramoya de acuerdos electorales desde la cotidianidad de los afectos. Son ellas las que, después de largas jornadas de trabajo, limpian el baño y esperan con la comida a los delegados que en actos, universidades y sindicatos dan discursos grandilocuentes sobre oprimidos y opresores.

Fotos: Pandilla Feminista