Una crónica del Segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle

Las dos caras de San Telmo: los turistas y los caídos del sistema

Una de las recorridas por las calles de San Telmo en el 2° Censo Popular de Personas en Situación de Calle mostró que, detrás de las impactantes historias de vida de les censades, hay un común denominador: la desigualdad social en la ciudad más rica del país.


Mezclados entre los turistas y los que salen a pasear, una tropa de voluntarios y voluntarias, de pechera violeta, cuestionario en mano, recorre las calles de San Telmo. Es Sábado, llueve, las Personas en Situación de calle se refugian del agua que cae. El equipo del Censo Popular trabaja como puede. “El Censo es un poco una conversación y hace que la gente esté contando, a veces terminás hablando de otras cosas. Ahí surgen las angustias de cada caso, pero las personas se sorprenden porque te acercás a conversar”, cuenta Jorgelina Di Iorio, censista e integrante de la Asamblea Popular Plaza Dorrego de San Telmo.

El objetivo del segundo Censo Popular de Personas en Situación de Calle es relevar las condiciones de vida y la situación actual de les sin techo en la Ciudad de Buenos Aires. Uno de los puntos elegidos es San Telmo, que no es una zona más al momento de visualizar esta problemática: los resultados de la primera edición de la iniciativa mencionada dieron cuenta que en el año 2017 se erigió como uno de los barrios porteños con más población en situación de calle.

Pecheras violetas y una carpeta con un cuestionario preestablecido permiten identificar con claridad a los y las censistas que recorren sin descanso la zona en la búsqueda de personas que padecen esta situación. El contraste en San Telmo es abrumador, dado que se trata de uno de los polos turísticos más importantes de la Ciudad, con la presencia de bares y restaurantes que evidencian una oferta dictaminada para todos los gustos. En su larga caminata por la calle Defensa, turistas de una vasta cantidad de países parecen no advertir en el paisaje la presencia de estos invisibles de la calle, de aquelles a les que casi ningún vecino, vecina, transeúnte o autoridad gubernamental se frena a escuchar para saber qué le está pasando.

En ese marco, el Censo Popular adquiere otro sentido inesperado y superador, que rige por fuera de la revelación de cifras que volverán a disentir con las ‘oficiales’ relevadas por el Gobierno de la Ciudad. Éste consiste en la posibilidad de brindar un tipo de escucha a la cual no están acostumbrados las y los censados. Las ganas de contar su historia de vida es más fuerte que todo: mientras una madre de 4 hijos relataba a una de las voluntarias cómo había terminado en la calle apenas una semana atrás debido a repetidas situaciones de violencia de género por parte de su marido, su hija de 9 años se largó a llorar. Luego de consolarla y acercarla a cuidar a sus hermanitos, la madre prosiguió el relato frente a la censista que tenía a su lado por primera vez.

Foto: Ariel Olivares

En la recorrida aparecen respuestas a cada una de las preguntas del Censo, que apuntan a develar las características socio-demográficas de la persona -desde la edad hasta datos referidos a la educación- y a las trayectorias en calle para conocer el tiempo que lleva el encuestado/a en dicha situación, así como los motivos: éstos incluyen una variedad de factores tales como la situación económica, casos de violencia intrafamiliar, adicciones, problemas edilicios y expulsiones de los sitios en que se alojaban previamente. En relación a esta última variante, otra mujer censada cuenta que fue “expulsada por problemas familiares” junto a su familia de una vivienda en Berazategui y que están residiendo temporalmente en casa de una familiar en el barrio de Constitución.

Cuando termina de caer el tímido sol de la tarde y culmina otra jornada del Censo Popular, les invisibles de la calle vuelven a sus sitios bajo el temor de que ahora les toque a ellos los operativos violentos y las extorsiones que el gobierno porteño acrecentó esta semana en las vísperas de la convocatoria. Mientras tanto, la ola de turistas que recorre todos los días los encantos gastronómicos de San Telmo se prepara para entrar en algún bar y conversar sobre algún tema que poco tendrá que ver con el padecimiento y el frío que sufrirán esa noche los sin techo.

Foto: Ariel Olivares