"Migrar es un derecho"

Políticas del desarraigo

El CELS realizó junto con organismos de DDHH y organizaciones de refugiadxs y migrantes un encuentro en el marco de la muestra "Migrar es un derecho", que se expone hasta el 28 de abril en el Centro Cultural Matienzo.

“Un loop de despedidas” está escrito en letras negras sobre la pared de la muestra fotográfica “Migrar es un derecho”.  Arriba imágenes cotidianas de desapegos, distancias, intervalos, extrañamientos:  Bianca y Trini -madre e hija peruanas- se abrazan después de diez años de haber vivido separadas, Javier que llegó de Bolivia y encontró el amor en Argentina, Irving y Marco que abandonaron sus países de origen, huyendo de paramilitares y políticas regresivas y se encontraron acá, Ibrahim un senegalés que vino a estabilizarse económicamente para traer a su familia y muestra en el celular la imagen de su hija que ve todos los días.

Uniones, desencuentros, abrazos. Momentos triviales y únicos. También hay encuentros religiosos, carnavales, costumbres que en sus lugares de origen son cotidianas y cuando se desterritorializan se tornan marcas de extranjería. Que la diferencia se note muchas veces no es bien recibida, que se disimule tampoco. Siempre hay excusas para la segregación.

La pared contigua dice: “No quiero sentir la pena de no poder darles el último abrazo”. La frase no está firmada pero tampoco importa, el fantasma del último abrazo sobrevuela a tode aquel que tenga sus afectos dispersos.

Las fotos son de la serie “Morenada porteña”, del colectivo Rueda Photos, ganadores del 3er puesto del concurso Memoria fotográfica: migraciones y DDHH en América del Sur

Mi mamá abandonó su tierra natal a los 18 años para irse a otra donde vivió 9. Finalmente, 29 años atrás y con un niño de apenas seis meses, decidió instalarse en Argentina. Bajo tres nacionalidades y con un acento lavado que nunca terminó de delatar su procedencia, crió hijes en el interregno dudoso de la diáspora. Mi infancia estuvo marcada por la tristeza de los aeropuertos como rituales de paso. Todos los veranos íbamos a introducirnos en un paréntesis idílico que comenzaba con regalos acumulados y terminaba con la herida de la distancia que, en la infancia, mucho se parece a la del abandono. Les hijes de migrantes estamos forjades por el desarraigo.

Dos años atrás mi abuela falleció sorpresivamente. No pude estar en su entierro porque había entre nosotras más de 7973 kilómetros de distancia. Sus hermanos estaban en Israel, su hijo en Canadá, su nieto en Venezuela, su hija en Argentina, sus sobrinos en Estados Unidos y Australia. Morir en la diáspora también es consumirse de a poco. La muerte es la instancia última de la distancia, su máxima expresión.

Las fotos son de la serie “Morenada porteña”, del colectivo Rueda Photos, ganadores del 3er puesto del concurso Memoria fotográfica: migraciones y DDHH en América del Sur

El miércoles 24 de abril, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) realizó un encuentro en el marco de la muestra fotográfica “Migrar es un derecho”, que tiene lugar en el Centro Cultural Matienzo. La actividad contó con la presencia de Nengumbi Celestin Sukama, fundador del Instituto Argentino para la Igualdad, Diversidad e Integración (IARPIDI), Mariana Marques -abogada de Amnistía Internacional Argentina-, Doris Quispe -de la campaña Migrar no es delito-, Sandra Chagas -del Movimiento Afrocultural– y Shirlene Oliveira, del Colectivo Passarinho.

“Migrar es un derecho” reúne 22 fotografías de aficionados y profesionales de diferentes países de la región que fueron seleccionados entre más de 190 trabajos presentados en el concurso ‘Memoria fotográfica: migraciones y DDHH en América del Sur’. El jurado estuvo compuesto por los colectivos fotográficos Turma, M.A.f.I.A, Emergentes y Subcoop.

“Esta muestra tiene un origen muy concreto: frente a las medidas de este Gobierno en cuanto a políticas migratorias y la negación al acceso de derechos, decidimos oponer otra cara, vinculada a las expresiones de las comunidades migrantes que dieran cuenta de la vida cotidiana”, contó al público Diego Morales, referente del CELS.

Las fotos son de la serie “Morenada porteña” del colectivo Rueda Photos ganadores del 3er puesto del concurso Memoria fotográfica: migraciones y DDHH en América del sur

La muestra invita a comparar dos narrativas opuestas sobre la migración: a las fotos, pegadas directamente en la pared, se les contraponen las declaraciones públicas de funcionarios del Gobierno, escritas con letras de plotter en el piso de la sala. El contraste es entre realidad y prejuicio.

“Argentina es un país que lideró un cambio de paradigma, dejó de ver al migrante como un sujeto de inseguridad para verle como un sujeto de derechos, pero también un titular de sueños”, sostuvo Mariana Marques. “En los últimos años vemos políticas xenófobas en Argentina, pero también en la región y en el mundo; es un retroceso en la garantía de muchos derechos que fueron conquistados con un consenso social”, agregó.

Como informó este medio, entre 2003 y 2013 la tasa de actividad laboral de les migrantes estuvo por lo menos tres puntos arriba de la de los nacionales y en discrepancia con las declaraciones sobre el uso abusivo de la salud pública, la Encuesta Nacional de Protección y Seguridad Social (ENAPROSS) demostró en 2010 que -de las seis jurisdicciones más pobladas del país- la población migrante apenas representa el 4 por ciento de todas las atenciones en hospitales. Sin embargo, la estigmatización y el discurso oficialista, apoyado por los principales medios de comunicación, fomenta la criminalización de les extranjeres.

Según el “Monitoreo de medios gráficos sobre el tratamiento de noticias vinculadas a personas migrantes” realizado por CAREF (Comisión Argentina para Refugiados y Migrantes), el 64% de las personas migrantes protagonistas de las noticias aparecen representados como responsables de algún delito, pero sólo el 5% de las noticias monitoreadas incorporó como fuentes informativas a personas migrantes.

“El DNU 70 colocó al migrante como sospechoso de cualquier delito. No hay semana en la que no salgamos en los medios como los culpables de la pésima economía y del programa de este Gobierno, que realmente lo único que ha hecho es atacar a los trabajadores y las trabajadoras”, expresó Doris Quispe, integrante de la campaña Migrar no es delito.

Entre birras y aplausos se escucharon las palabras de les invitades. Desde sus diferentes procedencias y trayectorias, todes recalcaron que migrar es un derecho humano, aunque a veces suponga enfrentarse a las burocracias estatales y la persecución.

La cantante brasileña Shirley Olivera interpretó en varios idiomas canciones de diferentes partes del continente para finalizar el encuentro.

Antes de eso, Sandra Chagas -militante del movimiento afrodescendiente en Argentina- expresó: “soy migrante pero soy diaspórica, porque no estoy en el lugar que corresponde. Tampoco sé cuál es el lugar, pero mientras estoy acá es acá”.

Las fotos son de la serie “Morenada porteña”, del colectivo Rueda Photos, ganadores del 3er puesto del concurso Memoria fotográfica: migraciones y DDHH en América del Sur