Victoria Freire

“Cristina es un imán para la unidad”

Victoria Freire dice que en los encuentros plurinacionales de mujeres, lesbianas, travestis y trans encontró su ubicación en el mundo. La coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas y referente del colectivo "Mala Junta" charló con El Grito del Sur sobre el feminismo en la política y la candidatura de CFK.

Victoria Freire es referente de “Mala Junta”, el espacio de género de “Nueva Mayoría”. Junto con Elizabeth Gómez Alcorta, Checha Merchán  y Ofelia Fernández son las representantes del feminismo en el frente “Patria Grande”, que se armó no sin contradicciones internas al respecto. En ese frente electoral confluyen organizaciones sociales y políticas que, sin ser religiosamente kirchneristas o peronistas ortodoxos, apoyan la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner para presidenta.

Victoria, más conocida como Vicky, tiene 34 años y se identifica con la “generación sandwichito”, término acuñado por su amiga, la periodista feminista María Florencia Alcaraz. “Nosotras creamos el clima y allanamos el camino para esta nueva generación que ahora sale a la calle a exigir una agenda feminista y plural y que tiene un montón de reivindicaciones. Confluimos en nuestra lucha con pibes y pibas que tienen cabezas nuevas y nos sacuden con sus debates”, explica.

Socióloga, coordinadora del Observatorio de Géneros y Políticas Públicas, la joven que puso en su lugar a Jorge Lanata habló de militar en organizaciones mixtas, la candidatura de CFK y cómo generar políticas feministas reales más allá de la paridad de género en los sindicatos.

Fotos: Abril Perez Torres

¿Cómo empezaste a interesarte en la política feminista?

Mi acercamiento a la política fue cuando comencé mi militancia. Era un contexto post 2001 de cierta efervescencia social, después de todo un proceso de neoliberalismo que había dejado varios movimientos de desocupados activos. En el 2004, a partir de la propuesta de una amiga, participe en el Encuentro plurinacional de mujeres, lesbianas,travestis y trans en Mendoza. Yo siempre lo marco como un hito, porque fue encontrarme con un movimiento feminista que venía organizándose desde el retorno de la democracia y que había pegado un salto. En ese momento decidí ser parte de ese movimiento de mujeres, lesbianas, travestis y trans que se manifestaban en las calles. Elegí mi ubicación en el mundo.

¿Empezaste a militar en la facultad en ese momento?

Yo estaba estudiando Sociología en ese momento y comencé a organizarme en un grupo que tenía presencia tanto en la facultad como en las calles. Siempre mi militancia fue una militancia de base, primero como estudiante y luego como trabajadora a través de una experiencia gremial, pero con la decisión tomada en conjunto de que no se trataba sólo de construir en nuestros territorios, sino de disputar la política institucional como estrategia de transformación social y política más profunda. Con esa expectativa nos fuimos agrupando y en 2013 hicimos nuestra primera experiencia electoral en la Ciudad de Buenos Aires con la perspectiva de construir una izquierda que no sea la tradicional, sino con una lógica más autónoma. Una izquierda popular inserta en los procesos latinoamericanos.

Fotos: Abril Perez Torres

Vos sos parte de la militancia gremial.  En los sindicatos primero se exigió el cupo femenino y ahora se está discutiendo la paridad del 50%, ¿Cómo ves este proceso?

El cupo es una reivindicación en un recorrido de lucha muy amplio, considerando que hace 70 años no podíamos votar. Las reivindicaciones de los feminismos son transversales. El cupo en su momento permitió el ingreso de muchas compañeras, hoy estamos discutiendo la paridad y eso implica poner la vara mucho más alta. Sin embargo, la inclusión de mujeres en los ámbitos de decisión no siempre supone transformarlos. Nosotras no queremos una cuestión biológica -sólo que haya mujeres en la política -, sino que haya una construcción de políticas públicas en clave feminista. En “Cambiemos” hay pocas mujeres y cumpliendo un papel funcional, pero también en las fotos de la unidad vemos principalmente varones. Si no pensamos en cambios estructurales, difícilmente nuestra participación política pueda expresar realmente lo transformador que es el feminismo.

¿Qué pensás de lo que dijo Cristina de formar una unidad de pañuelos verdes y celestes? ¿Es posible?

Creo que hay dos planos ahí. Uno, primero, que es lo que representan los pañuelos celestes hoy en nuestro país. No es solamente estar en contra del aborto; los pañuelos celestes expresan a un sector organizado que está llevando una campaña anti -derechos en todos los planos, están expresando un combate contra lo que denominan “ideología de género”. Eso le discuto a la declaración de Cristina. Otra tiene que ver con un momento político que nos toca vivir. Hay que pensar si es posible en un contexto de políticas neoliberales lograr el aborto legal sin que haya un Ministerio de Salud que lo pueda llevar adelante. El proyecto de Interrupción Legal del Embarazo es una reivindicación que forma parte de un proyecto político amplio en clave de transformación social, de bienestar para las mayorías, de acceso a derechos. Para conseguirlo necesitamos una amplia unidad y en esa unidad no vamos a estar sólo las que pensemos lo mismo, tenemos que convivir personas con distintas posiciones.

Fotos: Abril Perez Torres

El frente Patria Grande lanzó la campaña “Ella le Gana”. Para vos, ¿ella le gana?

Considero que hoy la mayor referencia que tenemos en el campo popular es Cristina y es la que ocupa un lugar anti-neoliberal. Cambiemos tiene un recorrido histórico en nuestro país, aunque sus impulsores lo quieran presentar como un suceso nuevo. En la lucha histórica por dos modelos de país Cambiemos es el hilo de la oligarquía, el programa financiero de la dictadura. En octubre se juega un momento clave, que es la posibilidad de que ese proyecto constituya una hegemonía neoliberal que claramente hasta ahora no ha constituido, y eso se ve hoy en las resistencias y en las amplias expresiones de oposición. La elección de este año es clave para combatir la avanzada neoliberal de nuestro continente.

¿No estás de acuerdo con que haya un tercer candidato?

Nosotros creemos que la emergencia de Lavagna expresa a un sector político que quiere construir una alternancia a Cambiemos que sea igualmente conservadora. Cristina es la única totalmente antagónica al plan económico del establishment. Después de la derrota del 2015, todos los analistas decían que el kirchnerismo iba a quedar de lado y, al contrario, lo que ocurrió es que un montón de sectores que se habían alejado vuelven a acercarse entendiendo esta polarización social que no es sólo coyuntural sino histórica. Cristina está siendo un imán de la unidad.

Fotos: Abril Perez Torres

Te sacaste una foto con Georgina Orellano…

A Georgina la conocí en las Asambleas donde se organizaron los paros internacinales de mujeres, lesbianas, travestis y trans. Luego se sumó a la campaña “Ella le gana”, lo cual me parece importante porque lo que buscamos a través de esa campaña es generar un clima social. Nos encontramos con Georgina a través de una mirada política de lo que hay que hacer hoy en este momento. La idea es también desde el Observatorio hacer un censo de trabajadoras sexuales para tener más datos. Georgina nos contaba que un 86% son jefas de hogar.

¿Hay una postura unificada frente al trabajo sexual de todo Nueva Mayoría ?

El debate sobre la prostitución y el trabajo sexual es un debate profundo dentro de nuestro movimiento, pero hemos logrado que estas diferencias queden supeditadas entendiendo que tenemos un enemigo en común, eso se ve en las asambleas para organizar cada 8 de marzo. En Nueva Mayoría  hay compañeras abolicionistas y compañeras que reivindican el trabajo sexual y creo que es un buen mensaje difundir que esta discusión no nos puede dividir hoy. No hay una posición tomada, venimos de distintas trayectorias y experiencias y, por lo tanto, tenemos distintos puntos de vista. Siempre reivindicamos la organización y la defensa de derechos laborales de todas, trabajadoras sexuales, de la economía popular, de ambitos formales, etc.

Durante este tiempo se discutió si es posible militar el feminismo en organizaciones mixtas. ¿Vos qué pensás al respecto?

Nosotras queremos un feminismo popular que pueda ser parte de un proyecto político. Construimos organizaciones políticas que se asuman feministas de manera transversal y desde sus prácticas cotidianas. Estamos convencidas de que es necesario construir con otros y otres, pero también vemos necesario que haya ámbitos específicos para mujeres y disidencias sexuales. Para eso creamos el colectivo “Mala Junta”, como también tienen que haber espacios para varones que repiensen sus masculinidades. Estamos en ese proceso de formación y deconstrucción. Por eso impulsamos protocolos contra la violencia de género en universidades, sindicatos y en nuestra propia organización, donde tenemos uno hace tres años.

Fotos: Abril Perez Torres

¿Qué pasa con el recurso del escrache?

El escrache surge históricamente -y en este contexto también- ante la imposibilidad de que una situación pueda ser atendida en el ámbito donde sucede. El escrache aparece cuando se agotaron las instancias, pero no hay que perder de vista que lo sustancial es cambiar los dispositivos que hoy no nos escuchan. Me parece importante resaltar el accionar del Colectivo de Actrices con la denuncia de Thelma Fardin porque creo que históricamente el escrache tiene un carácter colectivo. Una piba que hace una denuncia pública en soledad puede quedar muy expuesta. Igual el escrache es una consecuencia. Hay que prevenir, el escrache manifiesta una violencia que ya accionó sobre el cuerpo. Nosotras siempre insistimos en la importancia de la ESI, en la aplicación de la Ley Micaela, en los protocolos de intervención.

¿Tenés miedo que se caiga en el punitivismo?

El movimiento feminista tiene muchísimo que ver con los Derechos Humanos. Me parece muy valioso que haya advertencias sobre los peligros de pensar que la violencia se soluciona por medio de más penas en un contexto de avanzada neoliberal y retroceso de derechos.