Caso Johana Ramallo

Acá, donde el tiempo pasa y la memoria permanece

A Johana Ramallo se la vio por última vez el 26 de julio de 2017 en la ciudad de La Plata. Hace ocho meses se hallaron restos de un cuerpo en Palo Blanco, Berisso, afuera de la ciudad. En los últimos días se informó que el cotejo dio positivo y que pertenecen a Johana. Desde un principio, la familia, amistades y organizaciones apuntan a una policía cómplice y responsable de su desaparición.

Acá, y si no fue acá, apenas a unos metros, desaparecieron a Johana Ramallo hace veintidós meses. En donde se encuentran las calles 1 y 63 en la ciudad de La Plata, una de las esquinas -puntualmente abandonada, descascarada e intervenida con arte callejero y propaganda política- es punto clave de consumo del comercio sexual que las chicas, muchas menores de edad, habitan cerca de las 5 de la tarde y abandonan, por lo general, pasadas las 8, 9 de la noche, algunas incluso a la madrugada.

Dos chicas morochas, una cerca de los veinte años y otra que podría ser mayor, conversan y se mueven espasmódicamente -por ansiedad, por expectativa, por los 17° de temperatura, quizás por otros motivos- y toman y dejan sus carteras sucesivamente; una se acomoda el flequillo, la otra sigue con la mirada a la camioneta de la policía que pasa por calle 1 en sentido al centro. Un auto de tonos grises, enmasillado y en aparente proceso de restauración, baja de la estación de servicio que está enfrente, bordea el boulevard y levanta a la chica de flequillo. La otra, sin dejar de moverse, persiste -resiste-, alumbrada por una luz crema. Detrás, sobre un fondo violeta -un mural que pintaron hace un año-, la cara de Johana, sus ojos, custodian desde lo alto. Acá, de esta esquina, se llevaron a una piba. Ahora, hay una guardiana.

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A grandes rasgos, el seguimiento de los medios nos dice que las cámaras de la estación de servicio YPF de 1 y 63, barrio el Mondongo, registran a Johana minutos después de las 8 de la noche el día miércoles 26 de julio de 2017. Marta, su mamá, hace la denuncia al día siguiente, 27, en la comisaría 16° de Villa Ponsati, después de que en la comisaría 9° la deriven a la seccional de su barrio. A ese momento, la causa caratulada como “averiguación de paradero” corresponde a la justicia provincial y queda en manos de la fiscal Betina Smolej de Lacki, de la Unidad Funcional de Instrucción N° 2. Quienes representan a Marta Ramallo, en un principio Josefina Rodrigo, Silvina Perugino y Víctor Hortel, solicitan que se cambie la caratula a “desaparición de personas”. Insisten durante los dos primeros meses. Como el caso queda en manos de la justicia provincial, las declaraciones se realizan ante la DDI (Dirección Distrital de Investigaciones).

Lacki se declara incompetente y, en septiembre la justicia federal acepta la competencia y el expediente pasa a la fiscalía federal para que haga requerimiento de instrucción. Así, la investigación retrocede a cero y la asume el Juzgado Federal N° 1 a cargo de Ernesto Kreplak junto con el fiscal Hernán Schiapiro. Se vuelven a citar a numerosas personas en sede judicial del juzgado federal, sólo que ahora ya han pasado cuatro meses desde la desaparición. Pasado un año desde la desaparición, Guillermo Ferrara releva a Schiapiro y asume como nuevo fiscal de la causa. No hay, hasta el momento, avances significativos sobre el caso. La querella denuncia que la causa está parada.

En palabras de Josefina Rodrigo: “la cuestión es que, en realidad, cuando hacen la presentación en el fuero federal, se cambia la caratula pero además se cambia de fuero. Esa era una estrategia para sacarle el manejo a la policía bonaerense, era la única manera, porque cuando pedimos el cambio de calificación en provincia pedimos la desafectación de la policía bonaerense y la fiscal (Lacki) tampoco hizo lugar a eso. Entonces, en realidad, entorpeció la investigación durante los dos primeros meses, cuando más rápido se tiene que actuar. Porque, si pensamos en el delito de trata, es cuando más cerca estuvo, cuando no hay tanta posibilidad de que la hayan llevado al exterior sino que pueda estar en algún lugar de La Plata, de las localidades vecinas del conurbano. Otra cuestión con la que insistimos fue esa: por un lado, la desidia de la fiscal en dejar una causa que nunca llegó a dirigir y en confiar en la fuerza de seguridad cuando sabemos perfectamente, y Lacki no lo desconoce, el rol que tienen las fuerzas de seguridad principalmente en la zona donde desapareció Johana”.

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La memoria como respuesta política

El domingo transcurrió tranquilo y se aferró a su tono grisáceo como esta madre al recuerdo de su hija. Marta, con sus cachetes y sus ojos rojos, la cara hinchada, todo su pelo hecho trenzas y una remera con la cara y el nombre de su hija, la misma que recorre los medios nacionales y está estampada en murales en la ciudad, pasa de unos brazos a otros en 1 y 63. Las agrupaciones políticas y barriales la rodean, las personas la abrazan, permanentemente, y ella se sostiene y agradece la presencia, aunque a veces no diga nada.

La esquina está colmada, como cada 26 que se ha convocado a movilizar, pero esta vez el ambiente es distinto. Es la primera vez que se marcha con la confirmación de que a Johana la mataron. Son las 5 de la tarde y la multitud camina en dirección a la Gobernación con Marta Ramallo y Rosa Bru a la cabeza. Media hora después, llega a la comisaría novena –5 y 59– y allí, sobre la pared lateral, precisamente al lado de la frase DEVUELVAN A JOHANA que la policía ya ha intentado tapar con pintura blanca, el grupo de Arte al Ataque pega carteles con la figura de Johana. La gente canta y un cordón de personas cierra el paso a la calle 5, donde está la entrada. Pasando el umbral de la puerta, tres oficiales de corte prolijo y engominado, con el pecho en alto, brazos cruzados y gesto imperturbable, observan -quizás vean- a la multitud que pasa, se detiene y les gritan cómplices, basuras, asesinos.

El megáfono pide por favor no detenerse sino continuar, priorizar el acompañamiento a Marta. Al llegar a calle 7, en el edificio de la AFIP, Arte al Ataque plasma con un esténcil el nombre de Johana -que el lunes ya no estará- y la multitud sigue hasta llegar a Plaza San Martín, frente a Gobernación. Atardece, el cielo anaranjado y violáceo, mientras la gente rodea a Marta y a su familia, que lee un documento: “lamentablemente recibimos la peor de las noticias el día 30 de abril. Detrás de la cara de Johana hay una familia, una hija de 8 años, que hoy también se encuentra acá en las calles pidiendo justicia, verdad y memoria por su mamá. No tenemos que permitir que sigan desapareciendo nuestras pibas, no tenemos que permitir que haya un Estado cómplice y proxeneta para nuestras pibas. ¿Y cómo lo tenemos que hacer, compañeras? Saliendo a las calles, a la lucha. Esta lucha no me va a tirar a la cama: me voy a poner de pie una y mil veces como lo venimos haciendo. Johana presente”.

La voz de la madre confirma lo que el secreto de sumario prohibía unos días atrás, cuando se esparció -sin el aval de la familia, que pidió reserva- la noticia sobre los resultados positivos del cotejo de los restos -parte de un brazo y de una pierna- encontrados ocho meses atrás en Palo Blanco, Berisso, ciudad cabecera del partido de La Plata.

Mientras, Rosa Bru la aplaude y la mira, como quien mira su propio pasado, y la contiene. La gente -tanta gente- responde: Johana presente, ahora y siempre.

Ahora: y siempre.

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Flavia Delmas, integrante de la Secretaría de Género de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de La Plata, es una de las acompañantes de Marta Ramallo desde un primer momento. El domingo siguiente a la desaparición de Johana, se hizo la primera reunión con amigos y familiares y una de las compañeras de La Vecindad –un local al que Marta iba con sus hijos y Johana a buscar alimento, ropa, a hacer actividades o algún curso– la convocó. Desde ese momento, no se han separado.

En conversación con ella, le preguntamos acerca de su función.

-El acompañamiento es integral porque nosotras buscamos por un lado que Marta se sienta contenida y que a determinados momentos no los transite sola, como por ejemplo una visita a un juzgado. El primer tiempo sobre todo fueron muy difíciles las visitas que ella hacía a fiscalía porque la atención era muy deshumanizada y Marta todavía no tenía atención psicológica. También es una familia con demasiadas vulnerabilidades. Cuando llueve la casa de Marta se inunda, esto sucede cada vez que llueve. Tiene a sus hijos mayores con problemas de adicción, que por suerte están en vías de recuperación. Eso también es algo que Marta ha podido llevar adelante en estos meses. Y bueno, también es una familia numerosa y Marta es la cabeza del hogar. Así que en lo que podemos ayudarla la ayudamos. Hay diferentes organizaciones que la ayudan.

Se señala a la policía como responsable directa, ¿por qué?

-La comisaría Novena es la encargada, entre comillas, de custodiar toda la zona prostibularia platense. La prostitución, la explotación de la prostitución acá y en todos lados del mundo va de la mano de narcotráfico o menudeo de drogas, pero va de la mano de venta ilegal de estupefacientes. Son dos comercios, por llamarlos con un nombre, “de mercado”, que tienen tanto dinero, sacan tanto dinero como un producto bruto interno de un país. A ese nivel de dinero se mueven, son fortunas la que la explotación sexual de mujeres y niñas y niños y la droga mueven en un país. En la ciudad de La Plata hay un lugar claramente determinado, geográficamente delimitado del ejercicio de la explotación de la prostitución -porque no es del trabajo sexual-, donde los proxenetas son conocidos y reconocidos porque incluso el comercio sexual lo explicitan en las redes sociales, donde se puede ver sencillamente el comercio sexual de niñas de trece años para arriba.

¿Qué pasa con la ilegalidad de estos hechos?

-Todo eso está prohibido por ley, nuestro país es abolicionista, por lo tanto ya desde esa base tendríamos que decir que tanto el Poder Judicial como la policía tienen bases fundadas como para levantar ese comercio ilegal y ese raid delictivo. Ante semejante impunidad, ¿quién se lleva la parte del beneficio de todo esto? Haciendo ese pensamiento lógico es que llegás a la conclusión de que no es sino con una policía cómplice, como el primer eslabón, porque esto no se sostiene solo.

Al respecto de la participación de la policía en la investigación, Josefina Rodrigo, parte de la querella del caso durante los primeros nueve meses, cuenta que insistían permanentemente con la envergadura de los hechos, y más con el paso del tiempo, siendo que Johana había desaparecido de la zona roja de La Plata, donde la policía es concurrente.

—No correspondía que los testimonios se estén llevando en una comisaría. Sacando la connivencia que probablemente haya tenido en el caso la policía, ya nada más porque eran situaciones de mujeres la mayoría en absoluta vulnerabilidad, que tuvieran que ir a declarar a una comisaría, ya en ese contexto estaba mal. Pero en este caso particular, incluso los protocolos indican que esto no debe ocurrir. Pero era un círculo vicioso porque como era una causa que estaba caratulada como averiguación de paradero y era la policía la que recibía los testimonios. Estaban buscando una piba, nada más, no estaban investigando un delito, en principio, como pasa cuando la carátula es averiguación de paradero.

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Aparentemente, esta es la causa del no. A lo largo de estos 22 meses, los intentos por comunicarse con el gobierno provincial han sido múltiples. Los no también. Marta solicitó a la gobernadora María Eugenia Vidal que la recibiera a través de los medios: nada. Pidió reunirse con el intendente Julio Garro: nada. Acudió a la Secretaría de Derechos Humanos: nada. Esperaba poder comunicarse con el Ministerio de Seguridad de la Provincia: nada.

Cuenta Flavia Delmas que cuando Marta se reunió con Santiago Cantón de la Secretaría de Derechos Humanos, él le respondió que no trabajan temas de trata de personas y, después, desde el área de Género de la Secretaría, presentaron un informe mentiroso a la fiscal diciendo que estaban ayudando a Marta con mercadería y en todo sentido. Sin embargo, Marta, de esto, no vio nada. Para ella, todo lo que se decía parecía una burla.

Y todo lo que se decía parecía una burla. Garro, que en un primer momento también intentaron que la recibiera, salió a decir que él se había comunicado con la madre y el padre de Johana. “El padre de Johana no existe”, comenta Flavia Delmas. Y suma: “y ahora, con la última reunión que tuvimos el día que nos llamó el juez Ziulu, también convocó a la directora de trata de provincia. Ella se predispuso a lo que necesitara, pero lo cierto es que llegó tarde”.

Josefina Rodrigo se lamenta, de igual manera, y admite que “respuesta de la Justicia no tuvimos ninguna. Cuando me enteré de esta polémica que de algún modo se generó ahora con lo que pasó (el uso de la información confidencial), mi primera pregunta fue: los restos que encontraron, ¿los encontraron en el marco de esta causa? No. El hallazgo fue absolutamente fortuito, ni siquiera los encontraron buscándola a ella”.

Dice Flavia Delmas: “todo el retiro del Estado y la ausencia del Estado en garantizar derechos, se ve en el caso de Johana de manera trágica. Nosotras desde el primer día lo que hicimos, a partir del relato de Marta y de otras personas, fue tratar de reconstruir esa red. Y la verdad es que siempre estuvo muy clara, salvo para la Justicia y para quienes estuvieron al frente de las investigaciones. El resto pudimos ver con claridad cómo esta red que operaba en ese momento y sigue operando en este momento, está absolutamente activa. Eso, es muy preocupante”.

Ya tantos otros lo demostraron anteriormente, y el caso de Johana lo confirma: el Estado argentino, ya sea por acción u omisión, es un Estado escaso. Escaso de empatía, escaso de capacidad resolutiva, escaso de transparencia, escaso de humanidad. Con un Estado evidentemente ajeno, cabe preguntarse: ¿no será conveniente tanta indiferencia?