Ana Falú

“Frente a la política de exclusión tenemos posiciones y propuestas”

Referente del urbanismo en clave de género, Ana Falú se presenta para vicerrectora en la Universidad Nacional de Córdoba con la fórmula "Vamos", que comparte con Gustavo Chiabrando. En diálogo con este medio, Falú reafirmó su compromiso con la educación pública y habló de jerarquizar las áreas de géneros y sexualidades en la universidad.

Feminista histórica, arquitecta, teórica filosa, urbanista militante, educadora comprometida. Las maneras de definir a Ana Falú son múltiples. Falú lleva décadas investigando el urbanismo en clave de género y evidenciando que, si las ciudades son hostiles para mujeres y disidencias sexuales, es porque no están pensadas para sujetos neutros sino para hombres de clase media. Graduada en la Universidad de Tucuman, Falú es profesora emérita en la UNC y en Holanda obtuvo su Diplomado en Vivienda Social de la Universidad de Delft, tema central en su carrera. Fue directora de ONU Mujeres: entre 2002 y 2004 para la Región Andina y entre 2004 y 2009 para Brasil y los países del Cono Sur.

Ahora Falú se postula como vicerrectora para la Universidad Nacional de Córdoba, que elegirá por primera vez autoridades de forma directa el próximo 16 de mayo. La fórmula “Vamos”, que comparte con Gustavo Chiabrando, busca pensar una universidad crítica y apunta a jerarquizar los espacios de géneros y sexualidades. “Frente a la política de exclusión, desde “Vamos” tenemos posiciones y propuestas claras”, asegura. Participante del primer Encuentro de Mujeres en Córdoba, Falú entiende que el feminismo está cuestionando la propia estructura social y, aunque la comunicación sea telefónica, se le puede adivinar una sonrisa mientras se adentra a responder las preguntas con voz cálida.

¿Qué significa que ésta sea la primera elección directa de autoridades unipersonales en la Universidad de Córdoba?

Hablamos de un sistema directo porque antes las autoridades se decidían por representación de los claustros. Éste debería ser un momento de celebración en la Universidad; sin embargo, no es así. Aunque veníamos discutiendo la implementación de un sistema directo de votación, éste fue aprobado en el 2016 durante una asamblea que duró siete minutos, se realizó fuera de la Universidad y estuvo rodeada por policías. En esta instancia se decidió utilizar la votación directa con una simple ponderación a favor de los docentes y especialmente de los titulares. Esto significa que el voto de un profesor titular vale por aproximadamente cuarenta alumnos. En este sentido, aunque el sistema directo amplía la democracia, el co-gobierno se ve vulnerado con la ponderación simple.

¿En cierto punto conserva la estructura jerárquica de la universidad?

Es así. En el campo científico pareciera que no toda la ciencia es igual, que hay unidades académicas que tienen más peso que otras. Dentro de este esquema vuelven a ser las mismas unidades académicas de la pre reforma del 1918 las que tienen el poder de la toma de decisión. La Facultad de Ciencias Médicas, que es la más numerosa, con casi 2000 docentes, va a ser la que tenga mayor incidencia en la votación, como Derecho o las Ingenierías. En la votación, cinco o seis unidades de Ciencias Sociales equivalen a Ciencias Médicas. Esto hace que en la elección directa no valga igual cada voto.

¿Cómo es hacer política feminista dentro de la universidad?

Hablar de política feminista en la universidad no es sólo hablar de la producción del conocimiento, la extensión, las trayectorias docentes, sino que involucra las formas del hacer y cómo se vive lo cotidiano en el espacio académico. Nuestra plataforma está atravesada por la forma de hacer política del feminismo. Cuando uno habla de feminismo habla de democracia, por eso la importancia que le damos a la forma de elección. Feminismo es inclusión, es pluralismo, es no omitir sujetos ni identidades, es equidad.

En tu charla con Rita Segato hablaste de pensar al alumno como un sujeto que no sólo va a tomar una clase y se va, sino como una sujeto sintiente y deseante. En ese sentido, problematizaste el tema de la deserción universitaria. ¿Cómo se hace para contener al alumno a lo largo de la carrera?

Primero, quiero expresar mi agradecimiento a la generosidad de Rita. Después, con respecto a la deserción, creo que hay dos instancias: primero, pensar políticas para que haya un ingreso irrestricto que se cumpla realmente y después, pensar las trayectorias en la universidad. Hay que retener al estudiantado y esto implica becas competitivas, tutorías, bibliotecas abiertas las 24 horas en tiempo de exámenes. Implica una posición de género en cuanto a cuidar a las alumnas mujeres y disidencias sexuales. Desde el neoliberalismo se plantea que la universidad no es eficiente. Nosotros creemos que no es un problema de ineficiencia, sino de cómo el modelo neoliberal impacta sobre la sociedad y especialmente en la juventud. Pero para revertir esto tiene que ver con una visión comprometida realmente con la universidad pública y gratuita.

¿Cómo se incluye el urbanismo feminista en la universidad?

Lo primero es jerarquizar el programa de género que inauguró la primera rectora mujer que tuvo la Universidad Nacional de Córdoba en 400 años: Carolina Scotto. Éste tuvo continuidad en la gestión del doctor Francisco Tamarit, se definió el plan de acciones contra la violencia de género. Queremos mejorar lo que tenemos, acelerar los tiempos de respuesta, crear una Defensoría que tome las cuestiones de género. Queremos transportes dentro y fuera del campus, iluminación, guarderías y espacios de cuidado infantil en todas las unidades académicas. Nos gustaría que en el ingreso a la universidad hubiera un curso de DDHH y género. Queremos que el debate se instale para que estudiantes investigadores y no docentes definan y se apropien de las políticas feministas. Hay muchísimas propuestas que se han probado en otros países y se pueden aplicar acá.

El mayor porcentaje de egresadas universitarias son mujeres. Sin embargo, esto no se refleja en el mercado laboral. ¿Se puede hacer algo desde la universidad?

Con el doctor Chiabrando estamos trabajando en diálogo con las entidades profesionales. Para darte dos ejemplos podríamos trabajar con la Secretaría de Ciencia y Técnica de la UNC en acuerdos con el Conicet para generar mayores líneas de investigación sobre género. Esto significa una acción positiva y un campo de trabajo para las jóvenes profesionales. También se puede trabajar con el empresariado local, con el gobierno de la Ciudad de Córdoba, con los colegios profesionales. Es muy importante escuchar a las organizaciones sociales y potenciarlas. Desde la universidad tenemos mucho para dar.