A 50 años del Cordobazo

Córdoba, ¿en qué te han convertido?

Alguna vez fue el epicentro de uno de los hechos históricos más importantes de unidad entre el movimiento obrero y estudiantil argentino del siglo XX. ¿Qué cambió entre las jornadas del 29 y 30 de mayo de 1969 y una actualidad opuesta?

Durante las décadas de 1960 y 1970, la provincia de Córdoba sentó las bases de la aparición de algunos de los dirigentes sindicales más combativos, que al calor de la lucha obrera de aquellos tiempos se organizaron junto a amplios sectores de la población para rechazar las políticas anti-populares de las sucesivas dictaduras militares que azotaron nuestro país. Sin embargo, en una vuelta de página, cuarenta años más tarde, una mayoritaria porción del pueblo cordobés se volcó a apoyar al porteño Mauricio Macri en las urnas y colaboró eficazmente con el retorno del proyecto neoliberal a la Argentina.

Para entender esta serie de transformaciones ideológicas ocurridas en la sociedad cordobesa, es necesario hacer alusión a una serie de puntos de referencia que permitan situar en contexto y comprender cómo la provincia epicentro de uno de los hechos históricos más importantes de unidad entre el movimiento obrero y estudiantil argentino durante el siglo XX pasara a convertirse en uno de los bastiones de la embestida neoliberal. A 50 años del Cordobazo: ¿En qué te han convertido Córdoba?

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A partir de las nuevas oportunidades abiertas por la actividad industrial y las migraciones internas asentadas durante el primer peronismo, que definieron una provincia más urbana y conformaron un movimiento obrero de nuevo cuño alrededor del sector fabril, fueron surgiendo dirigentes de la talla de Agustín Tosco (Luz y Fuerza), Atilio López (UTA) y Elpidio Torres (SMATA). La provincia industrializada y combativa de aquel entonces engendró progresivamente las condiciones objetivas de cara a las históricas jornadas de lucha del 29 y 30 de mayo de 1969, posibilitadas también por un hartazgo hacia las políticas anti-obreras de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía y por un contexto de rebeldía generalizada en todo el mundo a partir de lo que significaron el Mayo Francés y la Revolución Cubana años antes.

“Con alta conciencia sindical y firme determinación, la Clase Obrera de todo el país vivirá una extraordinaria jornada de lucha asumiendo la defensa de sus derechos y expresando su repudio a la dictadura”, sostenía el folleto informativo del sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba de aquel jueves 29, exhortando a todos los trabajadores y trabajadoras a cumplir con el paro general hasta las 24hs del día siguiente. De acuerdo con el sociólogo Horacio González (Carta Abierta), “el Cordobazo estimuló las líneas de militancia de todos los grupos políticos de la izquierda y del peronismo. Cuando aparezca lo que la línea circular del tiempo establezca como necesario, lo que más se va a recordar en estos días es la imagen de la policía retrocediendo ante las piedras de los manifestantes. Esa foto era muy alentadora porque no hay muchas imágenes de las fuerzas represivas del Estado retrocediendo frente a una manifestación”. Esta revuelta obrero-estudiantil fue el principio del fin de la dictadura de Onganía, quien sería reemplazado en junio de 1970 tras el secuestro y muerte del general Pedro Eugenio Aramburu.

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Alguna vez Córdoba también tuvo un gobierno de izquierda. La fórmula peronista que triunfó en las elecciones provinciales de 1973 (Ricardo Obregón Cano – Atilio López) fue desplazada apenas un año más tarde, pero marcó un hito ineludible dentro de la primavera camporista que posibilitó el regreso de Juan Domingo Perón al país. Luego del genocidio de casi toda una generación durante los 7 años de dictadura cívico-militar, la vuelta de la democracia coincidió con la llegada de administraciones radicales al gobierno provincial, que se sostuvieron inclusive durante buena parte del menemismo. En diciembre de 1998, la fórmula ganadora De la Sota – Kammerath -nucleada en el Partido Justicialista (PJ) y bajo el sello aún existente de Unión por Córdoba (UPC)-  significó el recambio de la coalición dominante dentro del peronismo (mucho más alineada con la centro-derecha política) y el llamado a otros actores partidarios representantes del liberalismo, empresarios e “independientes”.

A esta altura el peronismo cordobés ya no era lo que había sido en décadas anteriores, dado que se plegó a acompañar el giro neoliberal del gobierno menemista a nivel nacional a partir de la reforma del Estado provincial emprendida en 1999.

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Los cacerolazos en contra del gobierno kirchnerista por la inseguridad, la “falta de libertades” y el rechazo a la re-reelección de Cristina Fernández de Kirchner, que se hicieron patentes principalmente en los años 2012 y 2013, tuvieron un fuerte protagonismo de la clase media ascendente de las principales localidades de Córdoba. Ya en el último mandato de la ex presidenta, De la Sota estaba fuertemente distanciado del kirchnerismo, puesto que había decidido apoyar a las entidades agropecuarias durante el conflicto con el campo del año 2008 y a partir de allí se plegó a construir un tercer espacio junto a peronistas disidentes como Sergio Massa.

Esta hostilidad casi absoluta del arco político cordobés hacia la administración de CFK resultó clave para consumar la derrota de Daniel Scioli en el ballotage contra Mauricio Macri a finales de 2015, dado que en esta provincia el líder del PRO obtuvo más del 70% de los votos. Esta cifra significó casi un millón de votos más que el candidato del Frente para la Victoria, cuya retórica durante aquella campaña electoral apuntó, sin éxito, a advertir sobre los peligros del ajuste económico en caso de que triunfara su adversario, algo que finalmente se consumó con graves consecuencias sobre la pobreza y el desempleo en los años subsiguientes.

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Una caminata por las calles céntricas de la ciudad de Córdoba en la actualidad permite advertir a cuentagotas el recuerdo vivo del Cordobazo con una tintura de melancolía y hasta de incredulidad. El símbolo más visible e impactante continúa siendo el Monumento de Agustín Tosco, situado a menos de dos cuadras de la Plaza de la Intendencia de Córdoba y ubicado en el medio de uno de los boulevard (San Juan) donde circulan mayor cantidad de transeúntes a lo largo del día y la noche. Éste fue inaugurado el 5 de noviembre de 2015 por una iniciativa conjunta de la Universidad Nacional de Córdoba y el sindicato de Luz y Fuerza, del cual el “Gringo” fue uno de sus principales dirigentes y activistas.

En la esquina de la avenida San Juan y Arturo Bas, también aparece una placa recordando al obrero y estudiante de 27 años, Máximo Mena, asesinado por la policía durante las primeras horas de la huelga general decidida por el sindicalismo cordobés el 29 de mayo de 1969. Por otra parte, en el predio de la Ciudad Universitaria de Córdoba, una de las calles internas se denomina Cordobazo y convive junto a innumerables pintadas hechas por el centro de estudiantes que recuerdan los nombres e imágenes de los dirigentes estudiantiles y obreros que protagonizaron dicha gesta.

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El actual gobernador reelecto de Córdoba, Juan Schiaretti, participó como dirigente estudiantil en las jornadas del Cordobazo y llegó a ocupar un cargo técnico menor durante la fugaz gobernación izquierdista de Obregón Cano. Luego del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, se exilió en Brasil e inició una ascendente carrera en el mundo empresarial, llegando a ser vicedirector administrativo de Fiat Automoveis S.A. El regreso al país encontró al “Gringo” Schiaretti como gerente financiero del Grupo Industrial Astori y, rápido de reflejos, el ultra- liberal Domingo Felipe Cavallo lo designó como subsecretario de Integración Latinoamericana y luego secretario de Industria durante el primer gobierno de Carlos Menem, área en las que se actuó paradójicamente en sentido inverso a lo largo de esa década.

Ya como gobernador de Córdoba entre los períodos 2007/2011 y 2015/2019, Schiaretti se caracterizó por implementar ciertas políticas de ajuste, tales como la llamada Ley de Emergencia Económica, que recortaba en alrededor de un 27 por ciento los haberes previsionales de quienes cobraban por la caja provincial. También modificó la fórmula del cálculo del monto del haber jubilatorio: esto significó que el cálculo del 82 por ciento se realice no sobre el salario de bolsillo (como hizo el decreto 1.777) ni sobre el bruto, sino sobre un híbrido del 89 por ciento, con lo cual significó un recorte de los haberes de los jubilados provinciales terminando con la conquista del 82 por ciento móvil.

El Schiaretti que trató varias veces de “amigo” a Mauricio Macri, que tiene entre ceja y ceja el “equilibrio fiscal” para concretar obras y que le da continuas señales al mercado diciendo que “no defaulteamos ninguna deuda”, es el mismo que no tiene vergüenza en exteriorizar las imágenes del pasado de la Córdoba combativa que alguna vez lo tuvieron como protagonista: “No guardo ni guardaré rencores con nadie, ni siquiera con aquellos que me balearon cuando sufrí un atentado en mi época de dirigente estudiantil. Siempre llevaré en mi alma y en mi corazón el dolor por los 30 mil compañeros desaparecidos, a quienes hoy rindo mi homenaje”.