Hebe de Bonafini

La madre punk de la patria combativa

Tomó la Catedral, la Bolsa de Valores, enfrentó a la dictadura y a todos los poderes fácticos que alguna vez le recomendaron bajar los brazos y abandonar la lucha. Revolucionaria, contestataria, combativa y lúcida a sus 91 años, Hebe de Bonafini habla de su encuentro con el Papa, de Cristina, Fidel y Macri y se confiesa: "No soy feminista".

La sede de Madres, sobre Hipólito Yrigoyen, es un museo de esos bien criollos, con miles de obras distribuidas por las paredes: fotos, dibujos, reconocimientos, regalos, una especie de barroco popular de la memoria. Detrás de una puerta, en una oficina chiquita, nos recibe Hebe. No es lo mismo verla sin el pañuelo, pero a las dos palabras de iniciada la conversación ya es la mítica Madre de Plaza de Mayo, la de la voz profunda y el tono firme. Cuenta que no pudo ir a la presentación de “Sinceramente” porque estaba enferma, que le mandó un regalo a Cristina y una carta con frases del Che. Hablar con Hebe es escuchar la historia en primera persona. Un relato de lucha de una madre que perdió a sus tres hijos, una hermana a la que le robaron a su único hermano, una esposa que se quedó sin marido y una hija a la que le desaparecieron al padre. Y que aún así se levantó para pelearla.

¿El macrismo fue ineficaz o éste es el proyecto de las clases dominantes para el país?

Yo creo que es el proyecto de siempre: lo tuvieron con Menem, que lo hizo bailando y de otra manera, aunque también remató todo, y lo sufrimos con la dictadura. ¿Quién apoyó a la dictadura? Estos tipos, el tío, el primo, el pariente, los grandes capitales. Éste es el proyecto de EE.UU. porque no tienen ni agua ni petróleo y son dos cosas que tiene Latinoamérica. Venezuela tiene la reserva de petróleo más grande y nosotros el acuífero. Entonces vienen por eso.

Del vamos a volver, pasamos al volver mejores. ¿Qué implica eso?

La solidaridad y la lealtad, dos cosas que se perdieron. La solidaridad es dar lo que te cuesta, no lo que te sobra. La lealtad es ser leal a quien vos querés. Yo no hablaría nunca contra Néstor y Cristina, por más de lo de Shoklender y de todo lo que me pasó, por eso no voy a declarar. Yo tengo la idea de que el traidor traiciona siempre. Ahora, el que se fue por pelotudo es otra cosa, es diferente. Y la lealtad es también lealtad con una misma, con mis hijos, con mis padres.

Fotos: Ar Olivares

¿Qué opinás del embate de la Justicia?

Perdón. La Justicia, no. La justicia y la libertad son dos palabras de los pueblos. La justicia no es nunca mala, como no es nunca mala la libertad. Hablemos del Poder Judicial que es otra cosa y que por eso se llama poder: como la prensa es un poder, los milicos son un poder, estos tipos también. Y se mueven a partir de las grandes sumas que se les pagan para tapar mentiras. Esto tiene que ver con medidas muy concretas que le pidió Trump a Macri y le tengo mucho miedo a que se repita lo que hizo De La Rúa, que decretó una ley de horror en la que fuimos agredidos por luchar contra esa ley.

¿Cuál es tu opinión sobre el Papa Francisco?

Cuando estaba Bergoglio acá no tenía buena relación porque las Madres tomamos la Catedral unas cuantas veces, una de ellas porque Michetti no le pagaba los salarios a los trabajadores nuestros. ¿Qué hizo Bergoglio? Nos cerró los baños. Entonces, viste que yo soy muy loca, le armé un baño atrás del altar mayor: con baldes, papel higiénico, toallitas y un pibe que sacaba los baldes de pis y los tiraba afuera de la Catedral. Estábamos re peleados. Cuando lo nombran Papa alguna gente me había hablado muy bien de él, pero a mí me había pasado eso y había utilizado los métodos no violentos a mi disposición para pedir que les pagaran. Cuando empezó a ir todo el mundo al Vaticano (las Abuelas, las Madres fundadoras, los partidos políticos), él me mando un obispo a mi casa a ver porqué no iba, y yo le dije: si cuando estabas acá nunca me atendiste no voy a hacer 13.000 km para verte ahora. Pero entonces le empecé a escribir, no al Papa, sino a Bergoglio. Y después que atendió a Macri me dijo que yo tenía la visita, si quería ir. Fui con una médica y mi secretaria. No sabía cuánto tiempo me iba a atender (porque a Macri lo había atendido 20 minutos) y tampoco cómo era el protocolo del Vaticano. Llegamos media hora antes, no nos revisaron e hicieron pasar a todos los compañeros italianos que estaban afuera haciéndome el aguante, sin pasaporte, sin documento, sin nada. Una demostración de confianza absoluta. El secretario nos dijo que estaba ansioso por recibirnos. Entré y nos abrazamos, porque la pavada del anillo para mí no existe. Entonces empiezo a hablar de la situación de la Catedral y él me dice: “dejémoslo ahí porque todos nos equivocamos en la vida”. Y empezamos a charlar. Dos horas cuarenta minutos. De todo. Lo encontré muy receptivo. Tenía una gran admiración por mis hijos, la prueba es la beatificación de Angelelli.

¿Te cambió la imagen que tenías de él?

Sí, porque era otra persona. Yo le contaba todo eso y me dijo: “Todo lo que me contaste decilo en la conferencia de prensa, porque acá no están acostumbrados a escuchar esto”. El Papa me acompañó hasta la puerta, cosa que no hace nunca. Él me preguntó si las Madres eran católicas y yo les dije que muy pocas, que había comprado cuatro o cinco rosarios pero no se los había traído para bendecir. “No importa, a la distancia sirve igual”, me dijo. Es muy piola el tipo. Nos seguimos escribiendo y me llama cuando estoy enferma. Nació una amistad, me escribe de puño y letra. Y me dice “cuidate, que te necesitamos”.

Fotos: Ar Olivares

Nos vamos de la Iglesia al feminismo. ¿Cómo ves la emergencia de este movimiento y el debate por el aborto?

Yo creo que Macri le dio al tema del aborto el tratamiento que él quería, para hacernos hablar de eso, para hacerse el permisivo. El aborto existe desde que el mundo es mundo porque mi suegra se hacía abortos con agujas de tejer. Lo que hay que ver es la legislación, la prevención, los profilácticos y las pastillas. Pero cuando lo agarran los troskistas, que siempre creen que cuanto peor mejor, lo transfiguran. Las feministas troskistas se creen que ellas descubrieron el feminismo. Pero hay un libro de Galeano, que se llama “Mujeres”, esas sí que eran feministas, porque se vestían de hombres para conseguir armas y salir a defender a la Patria. O Eva Perón,  ahí podemos hablar de feminismo.

¿Y vos sos feminista?

No.

¿Por qué?

Porque me parece que el feminismo es igual que el machismo.

Polémico. ¿Y por qué lo ves así?

Un mundo sin hombres es una ridiculez. Y el feminismo se trabaja. Nosotras somos todas mujeres y nunca dejamos a los hombres que participaran de las reuniones. Porque se peleaban. Si le querés poner feminismo a eso, ponele. Yo creo que las mujeres tenemos que pelear nuestro lugar.

¿Y no considerás que los varones tenemos privilegios?

Sí. Pero también muchas feministas tienen privilegios. Las que tienen a las mujeres limpiando el piso de la casa y dicen “yo la trato como una hija”. ¿Pero vos le lavás los calzones como ella te los lava a vos? ¿No? Entonces no la tratás como a una hija. Ese feminismo es el que yo no quiero, que no es el de todas, es de algunas. El que quiero es el que sale a defender los derechos a la calle. Si después gastamos millones en pañuelos y no somos capaces de tener un puto lugar para que las mujeres vayan a quedarse escapando de donde las caga a palos el marido. ¿Estamos construyendo?

Fotos: Ar Olivares

¿Cómo te definís políticamente?

Algunos dicen que soy marxista. Yo nunca leí a Marx. Capaz que lo practico y no me di cuenta. Yo amo a Evita por encima de muchas cosas y a Perón que fue un tipo súper inteligente, que ni bien entró al Ministerio hizo 150 leyes para los trabajadores. Y me convertí en kirchnerista porque sentí que Néstor reivindicaba a mis hijos, que reivindicaba a las Madres. No desde el principio, nosotras dijimos que no había que votar porque eran una mierda los tres. Pero me arrepentí, estaba equivocada. Mi mamá me dijo que Néstor le parecía buena persona y después me habló Fidel. “Hebe, ¿qué pasa? Tenele paciencia. Tienen oro en sus manos”. Ahí pensé: “si me lo dice éste, algo sabe”.

¿Qué te acordás de las conversaciones con Fidel?

Fidel era un tipo que tenía todas las cualidades de los grandes. Estaba por encima de todos nosotros, pero se ocupaba de todos los detalles. Te veía, te preguntaba por tu madre y al año siguiente te decía: “¿Tu madre cómo anda? ¿Se ha mejorado?”. Esa es la grandeza del tipo.

Son 42 años de Madres de Plaza de Mayo. ¿Qué enseñanza creés que le dejan a la sociedad argentina?

Que la lucha y la revolución empiezan cada mañana, cuando uno se levanta, todos los días de la vida.

¿Y cómo te gustaría que las recuerden a las Madres cuando ya no estén en este plano material?

Como mujeres que pensamos siempre en el presente y en el futuro. Sin olvidar lo que pasó pero construyendo, construyendo y construyendo.

Última. ¿Qué creés que te dirían tus hijos si te vieran después de todo este recorrido?

Mirá. Mis hijos estuvieron presos en campos de concentración mucho tiempo. Y yo tengo una carta de un abogado que, de casualidad, estuvo con los dos. Y los dos le decían lo mismo: “Sabemos que mi vieja va a revolver cielo y tierra para encontrarnos”. Porque desde siempre, con mi marido, creímos que la casa era de todos y siempre tuvimos la casa llena de pibes: cuando había un pibe guardado yo le llevaba la comida, le lavaba la ropa, lo iba a buscar, con toda la metodología que ellos empleaban.  Y eso me marcó para toda la vida: esto de dar lo que te cueste dar, es una enseñanza que me quedó para siempre. Cuando mi hijo mayor tenía 18 años, un compañero se había ido al monte tucumano, y después de un tiempo lo mataron. Vino  y me dijo: “Mamá, mataron al Pinino Lavalle, tenemos que montar casas, ¿qué me podés dar?” Y yo le dije que tenía ropa prolija y acomodada, en el fondo de la casa. “No, mamá. Eso hacen los ricos. Vos me tenés que dar algo que a vos te cueste darme. Nosotros estamos en condiciones de comprar otra vez las cosas. Papá trabaja bien, vos también”. Le dije que se llevara lo que quisiera y se llevó media casa. Y cuando vino mi marido me preguntó: “¿qué pasó?”. “Preguntale a tu hijo”.

Hebe se emociona, nosotros también. Cortamos la charla y nos paramos para abrazarla. Y así, entre lágrimas y orgullo, termina nuestra entrevista a la madre punk de nuestra patria combativa.