Padre "Paco" Olveira

“Prefería a Cristina de presidenta, pero le hubieran hecho la vida imposible”

En diálogo con El Grito del Sur, el padre Paco reivindica el cruce que tuvo con Gabriela Michetti durante la beatificación del obispo Angelelli, destaca su fanatismo por Evita y la religiosidad popular y se anima a posicionarse sobre la fórmula Fernández-Fernández.

Defendió el derecho al aborto, hizo huelga de hambre en protesta contra la prisión de Milagro Sala y le envió personalmente tres cartas muy críticas a la vicepresidenta Gabriela Michetti, la última diciéndole que su presencia en la beatificación del obispo Angelelli representaba “un insulto a la memoria de nuestros mártires”. Todo desde su puesto como cura en la diócesis de Avellaneda-Lanús, de donde fue expulsado, y ahora desde Merlo, donde piensa mudarse a un asentamiento. “La situación, después de las elecciones, va a seguir siendo muy grave”, dice el padre Francisco “Paco” Olveira, preocupado por lo que se viene, pero dispuesto a defender sus convicciones, y cita un pasaje del Apocalipsis: “Los vomitaré de mi boca porque no son ni fríos ni calientes”.

-¿Cómo recibiste el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández?

-Muy feliz, me parece una gran jugada estratégica. Muestra la grandeza de lo que ella es. Hubiera preferido que Cristina fuera de presidenta, pero las circunstancias del país y el poder concentrado le hubieran hecho la vida imposible. Está claro ahora que el que quiere aportar a un proyecto común estará con ella, sino está en otra sintonía. Confío en que Alberto le dé el lugar que a ella le corresponde y puedan llevar conjuntamente los destinos de nuestra patria.

-¿Esperabas que ella encabezara?

-Desde lo personal a mí me ilusionaba que fuera Cristina, pero no quisiera estar en su piel. Insisto en que el país que hubiera recibido, por las políticas de este Gobierno, hubiera sido complicadísimo. Después de las elecciones, la situación va a seguir siendo muy grave. Creo en la unidad, en la unidad hasta que duela, como se dice, pero quiero que les duela a los que vuelven, a los que arriaron las banderas, a los que no acompañaron cuando tenían que acompañar para resistir al neoliberalismo y ahora exigen.

-Tenés resuelto el voto, parece…

-Está claro (risas). De todas formas hablo por mí. Siempre debo aclarar que en nuestro grupo no somos curas kirchneristas, somos curas en opción por los pobres. Desde esa posición apoyamos proyectos que vemos que ayudan a que la vida de la gente sea más digna, y criticamos cuando eso no pasa. Pero no estamos en la interna política de cada día. Y tenemos distintas formas de ver las cosas entre nosotros. Creo igual que ninguno de nosotros votaría a Macri (risas).

-¿Leíste Sinceramente?

No tengo el libro todavía (risas). Pero tengo el WhatsApp inundado de fragmentos que me mandan los amigos. Ya me haré el tiempo necesario.

-Tuviste un fuerte cruce con Gabriela Michetti durante la beatificación del obispo Angelelli en La Rioja. ¿Qué pasó concretamente ese día?

-Pensamos que la presencia de Michetti en el homenaje era un insulto a la memoria de nuestros mártires. No tanto de ella como persona, sino por las políticas de hambre de este Gobierno que ella representa como vicepresidenta. Decidimos hacer ese cartel, que surgió de un día para el otro, porque Michetti no tenía nada que hacer ahí, y lo levantamos en medio de la misa como acto de protesta. Al final de la misa encontré un huequito, se lo dije a ella personalmente y le llevé un crespón negro. Fue una cosa muy rápida. Cuando me estaba por responder, uno de seguridad me invita a retirarme. En ese momento un funcionario saca una foto, que fue la que se viralizó, en la que parece que yo la estoy increpando y el de seguridad se me viene encima. Ni una cosa ni la otra. Se armó un poquito de revuelo entre las autoridades que la acompañaban e hicieron la foto y se viralizó, no tengo idea quien la hizo. Yo le escribí después una carta para decirle «bueno, fui yo el que estuve ahí» (risas).

Paco en su (ex) casa en la Isla Maciel, junto a sus perros. Foto: Gabriela Manzo

-Ya le enviaste tres cartas a Michetti, todas muy críticas. ¿Tiene que ver con que ella es la cara visible de los “religiosos” en el Gobierno?

-Sí, ella representa al área católica del Gobierno, de un Gobierno que no tiene otra religión más que el «que yo la pase bien, yo viva bien y al resto que le den”, la religión del “oommm”, New Age, muy propia de la clase alta que nada tiene que ver con el evangelio. Pero al margen, cuando en diciembre de 2015 Macri y Michetti festejaron en Casa Rosada, ella fue la única que se acordó de los pobres y dijo que, así como hay muchos que votaron a Macri esperanzados, había otra gente humilde que estaba asustada por las políticas que pudieran llegar a implementar. Y pidió que se quedasen tranquilos, que iban a trabajar para ellos. Tuve esa frase durante dos años en mi escritorio y abajo le iba anotando las cosas que justificaban nuestra preocupación. Ya en diciembre de 2016 le escribí la primera carta, con una radiografía de lo que yo veía en mi barrio. Me llamó y me dijo que quería venir a la Isla y le dije que ni loco la invitábamos (risas). Finalmente fuimos al Congreso con otro cura del grupo. Una reunión al cuete (risas).

-Hablando de pobreza, últimamente tanto Vidal como Macri apelaron a un discurso que acepta que hay cada vez más pobres, pero que ahora tienen cloacas. Una suerte de pobreza digna.

-Es un verso de campaña, nada más. Cualquier gobierno hace cloacas y agua. Incluso, en proporción, Cambiemos hizo menos en los tres años y medio que lleva de gobierno que los doce años kirchneristas. Cualquiera puede chequear esa información, es pública.

-¿Cómo tomaste que no haya habido un homenaje oficial por los 100 años de Evita ni por el aniversario del asesinato del padre Mugica?

-En el caso Mugica tiene que ver ya con algo mucho más eclesiástico, por así decirlo. Pero en el caso de Evita fue vergonzoso que no haya habido un homenaje oficial. Es imposible que lo hubieran hecho porque son gorilas, así de sencillo (risas). Yo lo que resalto de ella, de hecho, tiene que ver con lo religioso. Y lo hago también desde una posición de debate con la clase media progresista, que desprecia la religión del pueblo. Evita despreciaba a las jerarquías de la Iglesia, no la idea de Dios. Tiene unos mensajes preciosos que la gente no conoce. Por ejemplo, en la página 51 de Mi Mensaje (me lo sé de memoria), dice que “un mundo sin Dios sería algo tristísimo, Dios está en el alma de los pueblos”. Ella no predicaba un evangelio de la resignación, en eso pensaba como Angelelli. Ella decía: “El último descamisado le puede decir al emperador ´yo soy igual que usted, un hijo de Dios´”.

«La grieta es un verso que me tiene harto. Sirve para sostener el status quo». Foto: Gabriela Manzo

-¿No había una idea de fanatismo en la religiosidad popular de Eva?

-El fanatismo mal entendido es propio de alguien que no dialoga, de un sectario. Rescato de Eva el sentido positivo del fanatismo, de alguien que da la vida por una causa. Eva era fanática de su causa. En el apocalipsis hay una línea que dice: “Los vomitaré de mi boca porque no son ni fríos ni calientes”.

-¿Podría decirse que esa línea del apocalipsis se aplica a quienes proponen “superar la grieta” para reconstruir el país?

-La grieta es un verso que me tiene harto. Me acusaron de que ampliaba la grieta por haberle dicho a Michetti lo que le dije. Pero no es lo mismo una economía donde el Estado intervenga y se distribuya la riqueza y una economía liberal donde sólo se cuida la billetera de los ricos. La grieta es una falacia que le viene muy bien a los que quieren sostener el status quo.