Anticonceptivos y contraindicaciones

Anticonceptivos: todo lo que no nos dijeron

La pastilla anticonceptiva no es sólo la medicación más regularmente consumida en el mundo: es también producto de la lucha feminista, y catalizadora de gestos transformadores en la sexualidad de las mujeres y personas con capacidad de gestar. Sin embargo, tiene efectos adversos: ¿qué riesgos conlleva el consumo de anticonceptivas y qué nos dice esto sobre el lugar de la salud de las mujeres?

Piquete hematológico

Cuando decidí fumar menos, ningún argumento me convencía demasiado como para sostenerlo. La idea abstracta de un cáncer en el futuro no me disuade lo suficiente de prenderme un pucho con la primera cerveza del viernes, el olor en la ropa nunca me molestó, los dientes ya los tengo manchados y los demás factores de riesgo se asocian con muchas otras prácticas que exceden mi inocente puchito contra la ansiedad.

Sin embargo, un motivo sí me hizo disminuir mi consumo de tabaco, y fue inesperado para mí y para aquellxs con quienes lo conversé: las pastillas anticonceptivas. De acuerdo a estudios, la combinación de tabaco y consumo de anticonceptivas potencia por veinte las chances de la generación de un trombo. ¿Qué es un trombo? Consulté al Dr. Hernán Barreda, residente del Sanatorio Güemes, para que me lo explicara con metáforas que pudiera comprender: “un trombo es un piquete hematológico”, ilustró.

“El agua, las sales, proteínas, plaquetas, glóbulos rojos y blancos normalmente fluyen en estado líquido por las autopistas de los vasos sanguíneos. La agregación en estado sólido e inmóvil de todos esos elementos y su organización hasta impedir el flujo de sangre por un vaso sanguíneo es un trombo”, explica Barreda. La trombosis es la formación de aquel coagulo, y puede producir, entre otras cosas, infarto de miocardio. Así de grave suena y así de grave es. Y las personas bajo tratamiento anticonceptivo que además fumamos tenemos las posibilidades de hacer uno multiplicadas por veinte.

Todo lo que no nos dijeron

Al tratarse de anticonceptivos, los riesgos de trombosis no son los únicos que se mencionan poco en las campañas publicitarias, la propaganda médica y dentro de los consultorios. El consumo de las hormonas que contienen las pastillas puede causar síntomas de depresión y ansiedad, por ejemplo. Fatiga, ataques de pánico, bajones inesperados y fulminantes. Y sigo: hay antibióticos -como la rifampicina, la amoxicilina y la penicilina, entre otros- que interactúan impidiendo la absorción correcta de la pastilla, con lo cual pueden impedir su correcto funcionamiento.

Ilustración: Ly Ngo.

La problemática de este artículo no es la interacción entre dos drogas, sino un problema político: la desinformación acerca de tratamientos dirigidos a mujeres y disidencias continúa fomentando disciplinamientos y explotación de sus cuerpos. El Dr. Barreda lo compara con la extracción de capital de los pacientes psiquiátricos. “El sistema biomédico pos-capitalista le encontró un artilugio a la locura: no se puede poner a producir a los locos, entonces les extraen capital. Lo que hacen es básicamente fomentar la industria farmacéutica de la psiquiatría: alguien está pagando por tu insanía, no te logran producir pero si te hacen rentable”. En ese mismo sentido, ante la voluntad de las mujeres y disidencias de no reproducirse -y así, al sistema de producción-, se logra extraer capital de aquellos cuerpos a través de la anticoncepción.

Ilustración: Ly Ngo

En una encuesta sobre el conocimiento de métodos anticonceptivas realizada por el Ministerio de Salud en 2014, el 94% de las mujeres y disidencias mencionaron a la pastilla en primera instancia. Esto demuestra la popularidad del anticonceptivo oral en nuestro país: mientras que en otros países la aplicación del DIU o de las inyecciones es más común, en Argentina el método más utilizado por mujeres es la pastilla.

Entre la autonomía y el consentimiento

Como se explicó al comienzo, la pastilla anticonceptiva implicó históricamente -y continúa implicando hoy- un gesto de emancipación de las mujeres en términos de la relación con su sexualidad. Es, además, un método accesible y fácilmente distribuible en todos los rincones del país. Eso lo vuelve popular y da el puntapié para reivindicar su consumo y demandar que no cesen las distribuciones gratuitas en todos los hospitales. Sin embargo, este consumo no debe estar separado de la información: los riesgos de los consumos, las atenciones sobre interacciones con otros consumos o tratamientos y los posibles efectos adversos de su toma prolongada.

Los riesgos expuestos son previsibles en tanto se tenga conocimiento de su existencia: una trombosis puede ser atendida a tiempo, el uso de anticonceptivos complementarios puede prevenir embarazos durante la toma de antibióticos y el conocimiento de los efectos adversos en el plano psiquiátrico pueden ayudar a identificar causas de cuadros que pueden ser muy complejos.

Ilustración: Ly Ngo.

La clave del aporte que puede provocar la perspectiva de género en las temáticas de salud y ciencia reside, justamente, en la proliferación de información para fomentar las elecciones conscientes. Y también en la insistencia en no cesar el reclamo de más investigación y producción científica no sexista: no se trata de descartar el consumo de medicamentos, sino de demandar la mejora de los productos, de su acceso y de la información que los recubre.