Música y política

Rap político contra el neoliberalismo

Dani Devita hace rap desde hace más de 15 años. Oriundo del Conurbano Oeste, sus letras retratan la realidad social y política que atraviesa el país. Ahora, estrena su nuevo disco "Rap político", su cuarta placa oficial. "Las batallas de gallos están atravesadas por la lógica neoliberal", sentencia.

Daniel Devita es un tipo politizado. Músico y politizado. Escribió sobre Milagro Sala, sobre las Abuelas de Plaza de Mayo, sobre Venezuela y sobre globos amarillos. Un rapero con letras afiladas, casi programáticas, balas que salen de su boca para interpelar a una audiencia acostumbrada a contenidos cómodos, masticados, envasados al vacío. DobleD es un militante de la rima que se curtió en el trabajo cotidiano y que en el último tiempo la pegó con su tema “Yegua”, un rap de ocho minutos sobre la vida y obra de Cristina Fernández de Kirchner que ya superó la 100 mil visitas en YouTube.

Ahora DobleD presenta un nuevo disco: Rap Político, su cuarta placa oficial que incluye 10 canciones que recorren los principales temas de actualidad política (Yegua, Venezuela, Futuro por pasado) y temas inéditos. “Decidimos directamente ponerle el mismo nombre del género al que suscribe, creo que es una manera de plantar una posición desde el minuto 0”, explica Dani. El álbum se puede descargar de manera gratuita a través de la web www.danieldevita.com y cuenta con la modalidad de aporte solidario a través de la pestaña “Quiero Aportar”. “Es una forma de lograr que el contenido sea libre y accesible para todos y poder seguir produciendo con la libertad que necesitamos”, agrega el rapero.

Foto: Nicolás Cardello

Rap combativo, rap consciente, rap protesta. ¿Cómo definís el tipo de música que hacés?

A mí me gusta la categoría de rap político, que no la inventamos nosotros, es algo que tiene una historia. En EE.UU., donde arranca, hay una corriente que es el “political hip hop”. Muchas veces se lo asocia al rap conciencia, que en general se enfoca en lo social, en denunciar injusticias cotidianas. Pero el rap político no sólo se queda en las consecuencias sino que va hacia las causas que generan esa desigualdad, te permite no sólo quejarte de las injusticias sino plantear soluciones. Sino, la crítica sola es como el otario eterno del tango que sufre y no encuentra la solución al brete. La crítica desplegada del movimiento, donde uno critica todo desde el pedestal del artista, que es el lugar más cómodo que existe.

Foto: Nicolás Cardello

¿Cómo empezaste en el hiphop y qué cosas han ido cambiando en estos años de hacer música?

Empecé a los 12 años. Me gustaba mucho el rock nacional, siempre me gustó la música con letra y con letra que pudiera entender. Tenía un compañero en el colegio que escuchaba rap, que en esa época era 50Cents o Eminem, y yo no le daba bola porque no lo entendía. Cuando él empezó a escuchar rap en español me llamó la atención por todo el contenido que se podía meter en una sola canción. Arranqué escuchando rap centroamericano como Vico C, después vino el rap español, con Nach, ToteKing, Chojin. Y ahí hay un gran dilema con el tema político, porque son muy críticos y con contenido social, pero evitan hablar de política. Centroamérica me dio el género, España la impronta y acá en Argentina terminé de concretar la idea de un rap político. Cuandó yo arranqué eran los primeros años de Néstor, el nacionalismo estaba a flor de piel, la patria era un vector muy presente y el discurso del rapero en un convertible con modelos era ridículo. Esa crisis le permitió al pueblo argentino recuperar una impronta muy combativa, que después, al recuperarnos de la crisis y con la mejora del poder adquisitivo de las clases populares, se fue perdiendo. Cuando hay espacio para divertirse, para relajarse y cuando la realidad de uno deja de ser una tortura, se comienza a hablar de lo que le pasa y eso es natural. Pero ahí también se cuela toda la lógica liberal de la ostentación y hoy, con el trap, hay pibes de 15 a 20 años presumiendo de las mujeres, la ropa, el auto, la casa.

Foto: Nicolás Cardello

¿Qué te parece el trap como género? 

Es difícil disociar a los géneros del contenido que se promueve masivamente. Porque caemos en la cosa de “los que escuchan heavy metal son todos de un culto satánico” y después te das cuenta que eso no es ni el 1%. El trap argentino masivo, que es lo que se mueve, es un fenómeno emergente y muy genuino. No está Sony o Universal atrás, aunque ahora ya están mordiendo ahí. Tiene que ver con el freestyle, con las batallas de gallos, de las que siempre fui muy crítico porque también están atravesadas por la lógica del neoliberalismo. Por más contenido crítico que se le quiera poner, hay que subirse a un escenario donde si no bardeás al otro quedás como un boludo. Y por más que subas con todas tus convicciones, vos le tenés que ganar al otro. Y yo entiendo a los pibes que improvisan en vivo: lo que más te festejan siempre es lo más berreta, lo más dañino, lo más agresivo. Del germen del freestyle, que se vuelve muy masivo en Argentina, pasamos al trap y el 98% de las canciones de trap tienen un discurso de la ostentación económica, física y la lógica frívola de los 90. No es culpa del ritmo, porque el trap es una manera de cantar arriba de un rap más lento, con otras figuras más rítmicas. Eso no le hace daño a nadie, es el artista el que reproduce un discurso o no. Lo preocupante es el contenido que está funcionando. Dudo que un trap, simplemente por sonar a trap, pero que hable sobre las penurias de la gente, cuele en los pibes. Va en sintonía con lo que está pasando en el país y la región.

Foto: Nicolás Cardello

¿Militaste alguna vez? ¿De dónde nace tu formación política? 

Militar orgánicamente no. Soy peronista y me siento parte del movimiento nacional y popular y del Partido Justicialista. Mi carrera es una forma de militar. Lo que hago y digo y mi trabajo son una militancia. Veo un déficit enorme en el terreno de la cultura. Estos muchachos no ganaron por su gestión ni por sus éxitos en la economía. La derrota que estamos sufriendo es cultural y comunicacional: manipulan muy bien, comunican muy bien y nosotros no tenemos los anticuerpos preparados para pelear frente a una lógica comunicacional con esos presupuestos y diseñada de una manera tan ingeniosa. Ellos hacen ingeniería cultural y nosotros hacemos cultura con los recursos que tenemos. Yo estoy obsesionado en ser un referente de los que están faltando y generar espacios para que un montón de colegas sean referentes en lo suyo. Si hay tanta gente difundiendo la lógica del pensamiento individualista, meritocrático, racista, segregacionista, tiene que haber referentes positivos. Hoy por hoy no los hay, y la industria de la música no abre el espacio para esos referentes. El tema de la cultura es fundamental.

Foto: Nicolás Cardello

¿Cómo nació la idea de componer el tema “Yegua”? 

Cualquier artista que se siente interpelado por el proyecto nacional y popular en algún momento soñó en componer algo para las personas que generan representatividad y más en el terreno emocional: amor, pasión, lo que sea. La idea nació hace dos años. Yo trato de no forzar las letras, pero es más difícil escribir una canción cuando lo tenés que hacer que cuando fluye. Incluso, una canción para CFK en 2015 o en 2017 hubiera sido otra cosa. Hice muchos bocetos y muchos bollitos de papel en estos dos años y en el medio lanzamos dos discos. Me daba bronca el hecho de poder escribir incluso sobre cosas que no me apasionaran pero sobre esto no. Y ahí vino “Sinceramente” y cuando salió el libro me lo comí en una semana, llegué a la última página y dije “ya está”. La canción era un homenaje a CFK desde mi punto de vista como artista, pero el libro me dio la perspectiva de ella y pude completar toda la estructura de la canción. El título, “Yegua”, fue una recomendación de Javier Monge, de VLV, y no sabíamos cómo iba a caer, a pesar de que el peronismo tiene una historia de transformar el insulto de la oligarquía en bandera. Cuando la terminé de escribir, y se la mandé por Whatsapp, Javier me respondió llorando y dije: “Es ésta. Después de dos años, es ésta”. Una vez que lo publicamos comenzaron a llegar los comentarios y logramos que lo que nos pasaba a nosotros le pasara al otro.

¿La escuchó CFK? 

Intercambiamos mensajes con Gregorio Dalbón unos días después del lanzamiento. Él me preguntó si quería que se la pasara. A la hora, estábamos festejando el cumpleaños de Antonella, mi nena mas chica, y me cae un mensaje que decía: “Le encantó, un abrazo”.

¿Te imaginás aportando en campaña? 

Tenemos una dinámica de trabajo donde intentamos que todo lo que hacemos se inserte en favor de los resultados electorales del proyecto al que adherimos. “Yegua” no es un jingle de campaña, pero sí suscribe a la lógica del momento que estamos atravesando. Podría haberlo hecho más emotivo, con cuestiones más sentimentales, pero hablamos de cuestiones concretas, no del “monstruo grande que pisa fuerte”. La oligarquía, Mauricio Macri y el FMI. Vamos a confrontar al conjunto de la sociedad con medidas concretas. ¿Por qué son tan fanáticos de Cristina? Por esto. ¿Qué hicieron los que estuvieron antes? ¿Y los que están ahora? Pasamos de lanzar un satélite a que en el supermercado le pongan alarma a un pedazo de carne. A la gente le gusta que le hables con la verdad. Y el artista tibio, que sigue la lógica liberal de la música, que hace arte y no se quiere meter en la dinámica política, también tiene consecuencias políticas.

Foto: Nicolás Cardello

Tres raperos/as argentinos/as que recomiendes

Malena D´Alessio, una referente histórica. Cuando pensamos en la resistencia de los ´90 me parece un ícono como artista y más en este momento, que pensamos en la falta de referentes mujeres en muchos espacios. Malena ha sido la referente del hip hop político en Argentina.

Buenos Aires Subterráneo, una banda ya disuelta, que tiene un disco de 2006, “La Plaga”, que es excelente y sintetiza una corriente de rap patriota, de justicia social y antiimperialista. Es un combinar del sentir nacional con el antiimperialismo.

Por último, acabo de escuchar un disco de Sutil “Rebelde Estampa”. Es un rapero argentino que se crió en Dinamarca, con padres exiliados. Gran poder de síntesis y de impacto social con las letras.