Literatura Trans

Manifiesto trans: la expresión literaria del género

Anush, Emi y Nico. Tres personas, tres historias y tres maneras diferentes de construir la subjetividad trans que comparten algo en común: la literatura como gesto político. En una charla con El Grito del Sur, elle, ella y él nos acercan sus historias de vida y nos cuentan cómo sienten, aman y expresan las identidades trans a través de la escritura.

La primera vez que Anush escribió un poema y lo hizo público tenía trece años. “Lo recuerdo perfectamente. En un verso usé la expresión penetrar tu alma y un tío les dijo a mis xadres que era un poema sexual”, cuenta a El Grito del Sur. A partir de ese día, su escritura se restringió por completo, su ansiedad aumentó y no volvió a compartir sus versos con su familia. Tuvieron que pasar muchos años y un viaje de voluntariade al Cáucaso para que volviera a elegir la escritura como modo de expresión.

Porque Anush Grati es une chique trans no binarie descediente de armenies. “Mis abuelxs nacieron en Siria y se mudaron a la Argentina, y sus xadres nacieron en el Imperio otomano, donde había una gran comunidad armenia que fue exterminada hacia 1915”, rememora. “Con ese sentimiento de trauma colectivo ante un genocidio que no es reconocido, me criaron toda mi vida bajo el mandato de que debía repatriarme”. Ese viaje llegó en 2016.

Sin sentirse mujer, sin sentirse varón, Anush se fue sin saber quién era. Una vez que llegó a las tierras de sus antepasados, se desplazó hacia el norte y comenzó a trabajar junto al colectivo LGBTIQ+ PINK Armenia. Lejos del relato de sus familiares, fue construyendo su propio punto de vista sobre la vida en una cultura y una sociedad alejada de la argentina. “Allí aprendí que si expresaba una orientación distinta a la heterosexualidad, mi vida corría riesgo”, expresa sobre las políticas del país en donde las relaciones homosexuales, históricamente penadas por la ex república soviética de Armenia, no se legalizaron hasta el año 2003.

La práctica de resistencia política a través del bordado comenzó de manera clandestina junto a un grupo feminista-queer. “En Armenia, el bordado es algo que se les enseña a todas las personas socializadas como mujeres”, explica. Por ese mismo motivo, y porque las palabras no eran suficientes para hacer frente a la misoginia, se (re)apropiaron del núcleo fundamental en torno al cual giraba la vida de las mujeres: el bordado. “Con esa herramienta que les enseñaron toda la vida, yo pude plasmar lo que no podía decir ni escribir. La violencia de género, la persecución a la comunidad LGBTIQ+, la transgresión hacia los cuerpos de forma sistemática por parte del Estado”.

Bordando Disidencias

Durante una de sus jornadas de trabajo, Anush conoció a la primera persona no binaria que llegaría a su vida. Ese momento abrió una nueva etapa en su propia construcción identitaria. La expresión no binaria del género le dio la posibilidad de nombrarse por fuera del dualismo que siempre le había molestado.

Si lo que no se ve no existe, algo similar ocurre con lo que no puede nombrarse. Cuando Anush volvió a Argentina, el miedo a dejar de existir le aterró. En esa época, el lenguaje inclusivo todavía no era moneda corriente. “Mi identidad no binaria estaba cimentada en el armenio y el inglés, no conocía la opción neutra del castellano, y el único medio que encontré para estar presente y validar mi identidad siguió siendo el bordado”. Eso le llevó a fundar Bordando Disidencias, un espacio de resistencia transfeminista que usa el bordado como herramienta política.

Foto: Rocío Tursi

Para entonces, ya había pasado más una década desde aquella vez compartió su primer poema con su familia. Ahora su experiencia era distinta: la de una persona que empezaba a comprender quién era y cómo sentía. A esto se sumaba el impulso llevado a cabo en los últimos años para adoptar el uso del lenguaje inclusivo. Era su momento de resarcimiento con la literatura.

“La gente nos lee como a las tapas de un libro que se juzga. Nos lee como manifiestos”, explica Anush, que al día de hoy estudia Artes de la Escritura en la UNA y ha vuelto a recitar sus poesías en público. “Eso somos, con nuestra expresión del género. Manifiestos andantes que nos permiten visibilizarnos y existir genuinamente”.

 

 

“Tu silencio no te protegerá”

Emi Félix miraba Gossip Girl y se pintaba los labios en secreto. Aún así, todos los libros que leía, aquellos que le habían enseñado, pertenecían a varones. Fue bien entrada su adolescencia cuando se preguntó por otros mundos posibles: aquellos sobre los que no se hablan. “Cerca de esa edad empecé a leer a Pizarnik, Marguerite Duras, Sor Juana, y bastante más adelante me di cuenta de que la literatura de corporalidades biopolíticamente asignadas mujeres responden a la sensibilidad corporal que me interesa”, explica a El Grito del Sur.

La primera vez que Emi leyó en público nombrándose en femenino fue en el Pacha. “En ese momento todo me daba pánico, pero en el fondo habitaba un deseo de hacerlo. Me latió el corazón muy fuerte y se me secó la boca, como me sucedió todas las veces que le siguieron hasta entender el goce de exponerse, conectar con alguien, con algo tuyo, y afirmar algo”, cuenta Emi. Llegar a leer en público un poema en el que se escribía como ella fue todo un logro. “Construir una identidad y llevarla como arma, con todas mis fallas, con mi cuerpo. Había entendido que ya no le tenía miedo a la heteronormalidad”.

Emi Felix

La elección de la poesía oral como modo de expresión no fue casual. “Las experiencias artísticas que incluyen el cuerpo tienen un poder inmenso a la hora de combatir el imaginario ya educado y obediente”, explica Emi. “La heteronorma se cuela por cualquier lado. Si me lees o si hablo en femenino, ¿cómo pensás que me veo? Hay algo del cuerpo que falla, y ahí es donde creo que mostrarse es útil”. Para ella, el resto es parte del trabajo activo y productivo que deben hacer lxs lectorxs.

“Creo que Gaby Cabezón Cámara en alguna entrevista dijo yo escribo para el que no puede escucharme, o le escribo a quien no puedo hablarle, y quizás eso responde a la intención que siempre tuve al escribir”, cuenta. Tardó un poco más en contrarse con las escrituras de Susy Shock y de Camila Sosa Villada. En esa misma búsqueda conoció la teoría de Simone Weil, Virginia Despentes, Judith Butler y Paul B. Preciado, entre otrxs. “Ahí encontré algo de lo que agarrarme con más agrado”.

“Tu silencio no te protegerá”, dijo Audre Lorde, y Emi Félix cree que estaba en lo correcto. “Es urgente y necesario que llevemos nuestra monstruosidad a todos los rincones que habitemos”, expresa. “Aunque eso no quiere decir que estemos obligadxs a hacerlo”.

 

Regurgitando estereotipos

Nicolás

Nicolás tenía quince años cuando salió del clóset. Pibe trans y puto. El anonimato propio de la capital lo ayudó a que esa construcción comenzara más temprano que tarde. Así, un día se acercaba a una esquina poblada de la ciudad y observaba las reacciones de las personas ante su expresión del género. Y al día siguiente hacía lo mismo. “Las reacciones siempre eran diferentes”.

Después se mudó al conurbano. “Eso me permitió entender cómo marca el aspecto territorial a la forma en la que unx sale del clóset”, cuenta a El Grito del Sur. “Aquí hubiera sido más difícil expresarme a tan temprana edad”.

Desde que las personas trans existen como sujetos de discurso para el mundo occidental, explica Nicolás, “esto ha sido para patologizarnos y deshumanizarnos, y para que la psiquiatría teorizara sobre nosotros como si fuéramos objetos, sin preguntarnos cómo sentimos o vivimos”. La necesidad de romper con los estereotipos que habían edificado para su cuerpo y sus afectos fue inmediata.

Un buen día, la literatura golpeó la puerta de su boca. “Regurgitar significa devolver un alimento que no fue digerido”, describe. “Desde que aprendí esa palabra la asocio con lo que escribo, una especie de terapia para sacar de adentro lo que fui viviendo al construirme como varón trans, y para sacar afuera todos los estereotipos que me fueron cargando desde afuera y que no me pertenecían”.

Su primer fanzine, Regurgitando el género, salió a la luz en 2017. Una especie de revancha histórica. “Publicar una historia trans, por más fea que sea, nos devuelve la voz propia que nos fue callada”.

En un principio, Nicolás se dio cuenta de que hablar en ambientes cisexuales- término usado para referir a personas cuya identidad de género se construye de manera tal que coincide con su fenotipo sexual- era como estar en un monólogo constante. Pero tampoco sentía que los espacios trans que conocía lo entendieran. “Hablaban de cómo hormonarse, de cómo operarse y de ciertos pasos a seguir para llegar a ser un varón trans. Y eso es todo. No se problematizaba nada más”, explica.

En esos contextos, la escritura se develó a sí misma frente a Nicolás como una herramienta política: “Me permitía expresar otras posibilidades de construcción de las identidades”. Regurgitando el género no habla de cuerpos equivocados. Habla de cómo es vivir en Buenos Aires siendo un pibe puto y trans.

 

“Para mí que tiene que costar un poco más
saber que no sos heterosexual”,
dice un comentario en internet.
¿Acaso no cuesta lo suficiente?
me pregunto yo.
(…)
¿Saberse no cisheterosexual
no duele y cuesta lo suficiente
si en el proceso de nos va la vida?
(por no decir que nos la arrancan)

Fragmento de Morir a los 12, en Regurgitando el género nª 2.