Nieto 130

“Conservé la misma línea durante 40 años mientras esperaba este llamado”

Foto: Catalina Distefano

Abuelas de Plaza de Mayo presentó esta tarde a Javier Matías Darroux Mijalchuk, el nieto recuperado número 130. La historia de su familia, su búsqueda, la desaparición de sus padres y una línea telefónica que estuvo activa 40 años esperando el llamado que finalmente llegó.

“Es el premio más merecido que tiene nuestro país”, inició Estela de Carlotto durante la conferencia en la sede de Abuelas de Plaza de Mayo en el barrio porteño de Montserrat. El emotivo encuentro consistía en la presentación pública de Javier Matías Darroux Mijalchuk, el nieto recuperado Nº 130, cuyos padres fueron desaparecidos en diciembre de 1977, con su madre embarazada de dos meses.

A partir del trabajo de Abuelas de Plaza de Mayo, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) y el Banco Nacional de Datos Genéticos, se logró que el hijo de Juan Manuel Darroux y Elena Mijalchuk recuperara su identidad. Matías, como prefería llamarlo su madre, nació en agosto de 1977 en el Hospital Alemán de la Capital Federal, aunque al momento del secuestro, su familia vivía en Caseros. Tras la desaparición de su hermana, su tío Roberto comenzó una intensa búsqueda para dar con el paradero de su familia. Este andar lo llevó a radicar la denuncia en mayo de 1979. Allí dejó un teléfono de línea que nunca dio de baja esperando noticias. Un mensaje que esperó por 40 años y que finalmente llegó, cuando en octubre de 2016 el Banco de Datos Genéticos informó que el perfil de un joven coincidía con el de su familia. “Es un hermoso día. Llueve pero no importa”, concluyó Estela luego de presentar el caso.

Foto: Catalina Distefano

A su lado estaban Matías y su tío Roberto. De pelo largo y lacio, y notoriamente conmovido, fue Matías quien tomó la palabra a continuación para agradecer a quienes colaboraron en la recuperación de su identidad: “En primer lugar a mi tío Roberto, que durante 40 años nunca bajó los brazos ni perdió la esperanza de encontrarnos con vida. Mantuvo el mismo número de teléfono esperando ese llamado que finalmente llegó”. A continuación agradeció a su compañera, Vanina, y a sus amigos Juan Pablo y Horacio, quienes insistieron en que se acercara a Abuelas para realizarse el ADN. “Desde un convencimiento muy interno tenía la certeza de que mis padres podrían haber sido desaparecidos, pero no me interesaba iniciar una búsqueda de resultado incierto”, explicó Darroux. “En 2006 me di cuenta del egoísmo de esa posición, porque del otro lado podía estar buscándome un tío, un hermano, una abuela”.

“A muchos que les pasa una situación similar los invito a juntar coraje y acercarse”, finalizó Matías antes de fundirse en un abrazo con su tío. Un abrazo contenido de menos de 1 minuto que condensaba 40 años de espera. “La restitución de mi identidad es una caricia a mis padres. Lo representa el abrazo con mi tío que pudo abrazarme como nadie más podrá volver a hacerlo”, concluyó.

Foto: Catalina Distefano

Luego fue el turno de Roberto. Profesor universitario de matemática y física, fue quien se puso al hombro la búsqueda durante cuatro largas décadas de esperanza e incertidumbre. “Tengo dos líneas de teléfono, pero hubo una que nunca di de baja. Es la que tenía mi hermana y mi cuñado”, comenzó Roberto. “Siempre tuvimos la esperanza de que estuvieran vivos. Guardé todo un álbum de fotos para el momento en que viniese”. Cuenta que al enterarse de la noticia llamó a Córdoba, donde vivía su sobrino y pidió por Javier. “¿Quién es Javier?”, respondió su compañera, quien fue la encargada de leer las palabras que había preparado el propio Roberto.

“Conozco de variables. Escuchen a Videla hablar de lo que es un desaparecido. Para mí es un muerto que vuelve todos los días, con una boleta debajo de la puerta, pensando que podía ser la carta de mi hermana que viniera de cualquier lugar del mundo”. Roberto destacó que la familia adoptiva de Matías fue una “familia maravillosa, que lo ama y lo amó, pero que no era la suya” y finalmente compartió que, a pesar de la alegría, era también un momento de duelo por su hermana y volvió a reclamar por la aparición con vida de su nieto o nieta.

Los aplausos cayeron en avalancha. Las lágrimas volvieron a rodar y las Abuelas escribieron con hilo de oro el capítulo 130 en su historia de lucha.