Panorama político en la Ciudad

Los aires que se vienen con Lammens

El Frente de Todos en la Ciudad de Buenos Aires está encabezado por dos candidatos con bajo nivel de conocimiento, inclusive entre sus votantes más firmes. ¿Cuáles son las estrategias posibles de la oposición para dar un golpe de efecto en poco tiempo?

“No tengo ni idea quién es Lammens ni Gisela (Marziotta), pero si están con los Fernández -en especial con Cristina Fernández- aceptaré”. En un breve comentario formulado como respuesta a una de las últimas fotos subidas por el flamante precandidato a jefe de Gobierno por el Frente de Todos, una usuaria de la red social Facebook y simpatizante kirchnerista sintetizó en pocas palabras la confusión generalizada de una porción relevante del electorado opositor más duro, que deberá acompañar una fórmula con la cual aún se encuentra muy lejos de empatizar.

Seguramente el voto arrastre de la boleta Fernández-Fernández sea suficiente para colocar a Lammens y Marziotta en un segundo lugar expectante en las PASO, dada la ausencia de un tercer espacio fuerte, como sí ocurrió con Martín Lousteau -hoy de lleno en el oficialismo- cuatro años atrás. Sin embargo, el bajo nivel de conocimiento y el escaso recorrido político de esta dupla atentan en forma negativa para dar una disputa política real contra el macrismo en su principal bastión. A priori, el panorama está marcado por más dudas que certezas.

Esta vez los tiempos políticos no fueron un fiel aliado: mientras Horacio Rodríguez Larreta terminaba de consumar su máster en inauguración de obras de relevancia -la gran mayoría hechas a costa de un peligroso endeudamiento que deberá afrontar la próxima gestión-, el Frente de Todos estuvo sumido hasta hace poco en publicitar una falsa interna entre Mariano Recalde y Victoria Donda. Ambos quedaron relegados a espacios legislativos y finalmente hizo su aparición en escena el presidente de San Lorenzo, aunque hasta la oficialización de su precandidatura y la posterior incorporación de la periodista Gisela Marziotta como acompañante en la fórmula, pasaron varias semanas más de hermetismo. Tal fue el nivel de incertidumbre que se creyó en un momento que la precandidata a vicejefa iba a ser la legisladora Victoria Montenegro (cercana a La Cámpora), pero luego se terminó imponiendo el criterio del ala pejotista que encabeza Víctor Santa María.

Las rispideces de la rosca se llevaron puesta un buen tramo de la campaña. En este aspecto corren con ventaja Alberto Fernández y Axel Kicillof, este último en proselitismo permanente dentro de la provincia de Buenos Aires desde hace más de dos años. La presentación en sociedad de Matías Lammens, hasta el momento realizada más que nada por redes sociales y pocos medios tradicionales, permite avizorar algunos rasgos estilísticos que tendrá su vertiginosa campaña electoral: “me decían ‘no te metas'”, “no vengo de la política”, “Tengo claro que en 12 años de macrismo se hicieron cosas, algunas buenas. Pero fueron incapaces de ponerse en el lugar del otro”.

Desde este punto de partida ya marca una modalidad discursiva muy distinta a la que habían tenido los otrora competidores Daniel Filmus y Mariano Recalde, más acostumbrados al tono confrontativo y a la denuncia sin medias tintas de las políticas neoliberales implementadas por el PRO en áreas esenciales como salud y educación. La postura de Lammens también evidencia un signo de reconocimiento necesario -tal cual hiciera Macri en 2015, aunque éste luego se deshiciera de sus promesas una vez que asumió en el poder- hacia ciertos logros del macrismo que alcanzaron una fuerte aceptación inclusive en los habitantes de signo político opositor, entre los que se cuentan el Metrobus y otras obras de infraestructura que han mejorado la forma de viajar en el transporte público.

En el mes previo a la realización de las PASO, Lammens -quien viene de gestionar con relativo éxito uno de los 5 clubes más grandes del país, pero no posee experiencia alguna dentro de la política partidaria- deberá aprovechar su condición de outsider y, por sobre todo, mostrar una fuerte eficacia con apariciones públicas de impacto en las 15 comunas porteñas. Ahora que se cumplió su declarado anhelo de conformar una lista “amplia y plural”, la próxima tarea es consolidar a los propios y en el mismo movimiento convencer al electorado indeciso y descontento con el accionar dañino de Cambiemos. ¿Acaso se mostrará junto a Alberto Fernández y Axel Kicillof en alguna actividad de campaña o conservará un perfil purista alejado de las figuras de mayor peso del Frente de Todos? En cuanto a CFK, hasta ahora no se avizora su participación en la campaña porteña porque allí es donde cosecha mayores índices de rechazo.

Las cartas ya están echadas sobre la mesa y, con la obligación de aplicar la fórmula de mucha prisa y poca pausa, el tándem Lammens/Marziotta mostrará a lo largo de sus intervenciones una impronta joven -un dato no menor es que ambos son sub 45- y descontracturada por el hecho de que ambos no están identificados ni desgastados por el arrastre de la polarización PRO-K, detalle que podría resultar atractivo para una porción del electorado porteño que reniega de la política en general pero además vio perjudicado su bolsillo en los últimos años por las medidas impopulares del gobierno nacional. Una ventaja segura para este espacio opositor es que la tercera vía encarnada ahora en la precandidatura de Matías Tombolini -aliado de Marco y Roberto Lavagna- quedó sumamente debilitada tras las fugas de Martín Lousteau y Roy Cortina hacia el oficialismo porteño.

Algunas consideraciones finales sobre las estrategias posibles que buscará poner en juego Lammens en poco menos de un mes: por un lado, el cuestionamiento en duros términos a los principales déficit del Gobierno porteño en materia de salud, educación, vivienda e inseguridad. Al mismo tiempo, dejará en claro que se trata de una disputa de índole nacional y que el principal culpable de la crisis económica se llama Mauricio Macri, sin desconocer que la imagen del Presidente tampoco se ha derrumbado en la misma medida en que sí ocurrió en otras grandes ciudades del país. Por último, intentará conectar con el sentido común porteño -algo siempre esquivo para el kirchnerismo porteño- atendiendo a ciertas cualidades personales que seguramente explotará: su carácter de joven exitoso en diferentes emprendimientos alienta un nuevo discurso de la meritocracia teñido de compromiso social y solidaridad hacia el otro, mientras que su perfil de candidato “anti-grieta” (recientemente dijo que no es “kirchnerista ni antikirchnerista”) debería permitirle reconocer en público las “buenas” medidas de las tres administraciones Pro para recalcar que es necesario mantenerlas e incluso mejorarlas.

Párrafo aparte para esta última cuestión, que será fundamental para incidir sobre los indecisos que -aún en estas condiciones adversas- podrían llegar a acompañar al oficialismo porteño y a la figura de Horacio Rodríguez Larreta en particular, cuya gestión cuenta con una aprobación de alrededor del 60% según diferentes encuestas.