Nuevo capítulo de conflictos entre el Gobierno porteño y los centros culturales

La cultura en la mira de las clausuras arbitrarias

Las nuevas víctimas de los controles de la Agencia Gubernamental de Control fueron el bar Vuela el Pez en Villa Crespo y el Espacio Simona en Chacarita. Procedimientos irregulares, voces disidentes que se acallan y malabares para sobrevivir en un período de fuerte crisis económica.

Este mes se conocieron dos nuevos casos de espacios culturales clausurados arbitrariamente por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: el bar Vuela el Pez en Villa Crespo y Espacio Simona en Chacarita. Frente a este nuevo episodio de persecución a espacios independientes, el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA) lanzó un comunicado donde explica: “La cultura volvió ser cercenada, coartada y silenciada. Por decisiones políticas, nuestros espacios volvieron a ser clausurados injustamente”.

Las visitas de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) son frecuentes en los espacios culturales porteños, las cuadrillas suelen pasar los fines de semana entre las 1 y 5 de la mañana, el momento con mayor flujo de trabajo de la semana. En las inspecciones que deberían durar aproximadamente una hora -no siempre se cumple este plazo-, se corrobora el cumplimiento de los requisitos básicos para el funcionamiento del espacio: desde el vencimiento de los matafuegos, que haya madera ignifugada, hasta el cumplimiento de los planos de evacuación y de las libretas sanitarias.

CUL-Espacios Culturales. Vuela El Pez. Av Cordoba 3479. Buenos Aires. 22/09/2011

 

El 7 de julio pasado la cuadrilla se presentó en el bar Vuela el Pez. Como todos los espacios autogestivos que se reúnen en MECA, Vuela el Pez tiene un protocolo de acción que asigna un encargado o encargada que conoce el procedimiento para atender a los inspectores. Sin embargo, en esta ocasión no hubo siquiera posibilidad de llamar a la persona que se ocupa de este tema, puesto que rápidamente la cuadrilla puso la faja de clausura alegando que las y los trabajadores del lugar obstruyeron el procedimiento.

“Fue un domingo de un fin de semana largo, así que no pudimos hacer el reclamo instantáneamente. Nos inhabilitaron un montón de días dejando 70 artistas sin presentarse y a las 16 personas que trabajan en el espacio sin cobrar. Fue una clausura totalmente irregular e injusta, si lo que quieren es velar por la seguridad del público deberían al menos haber entrado”, explicó Jenny Giraldo, coordinadora de Vuela el Pez.

Las peripecias no terminaron allí. Cuando pidieron la cita para la inspección que permite el levantamiento de la clausura, el trámite superó el plazo de cinco días y se hizo esperar casi ocho. “Solamente en el momento en que nosotros decidimos visibilizar el conflicto, aún quedando más expuestos a posteriores inspecciones, fue cuando nos escucharon. En el momento que sacamos un comunicado, mágicamente la AGC nos llama y nos dice que nos va a venir a inspeccionar. Creemos que no es casual esa actitud, estamos constantemente acechados por las inspecciones, no hay otra palabra”, sostuvo Jenny, quien perdió su trabajo en el Ministerio de Cultura luego de que éste se degradara a Secretaría.

Vuela el Pez no es el único espacio que sufrió el accionar injusto de la AGC en el último mes. En Chacarita, el Espacio Simona también fue clausurado recientemente por los mismos motivos. “En Simona, mientras iban por la carpeta de documentación les pusieron la faja. Nos desconcierta esa actitud porque no entendemos nada. Cuando nos dejan sin trabajar la pérdida no sólo es económica sino también cultural”, agregó Jenny. Y sentencia: “Creemos que es un claro ataque a la cultura popular, a callar voces que no están de acuerdo con que ni siquiera  tengamos un Ministerio de Cultura, voces que son bastante críticas ante la falta de acceso a la cultura para todos y todas. Pero además creemos que es una fuente de recaudación y eso suele pasar mucho en tiempos electorales, de las multas la mínima es 150 mil pesos y si nosotros decidimos abrir clausurados nos cierran el espacio por un año”.

Las clausuras no son los únicos obstáculos que enfrentan los espacios culturales independientes en época de crisis. Mientras el programa de mecenazgo cultural gestionado por el Gobierno apoya instituciones millonarias como Malba y se empieza a cobrar entrada dentro del CCK, algunos centros culturales autogestivos hacen malabares para sobrevivir.

El Teatro Mandril es un espacio cultural que funciona desde hace 11 años en pleno barrio de San Cristóbal, pero ya anunció que a partir de marzo de 2020 el local se va a poner en venta. Ante el riesgo de cierre del espacio, el grupo de cooperativistas que lo sostiene lanzó la campaña “SOBERANÍA CULTURAL” para lograr la compra del espacio.

Fachada del Teatro Mandril

El espacio ofrece talleres para niñxs y adultxs todos los días y una gran oferta de espectáculos. Sus trabajadores y trabajadoras sostienen que es importante sostener el rasgo territorial construido y resistir desde la trinchera de los espacios culturales que alimentan la vida cultural y social del sur de la Ciudad. Hoy en día, familias enteras del barrio se acercan a disfrutar de la oferta del teatro.

Desde el Mandril creen que con el aporte de las 100 mil personas que cotidianamente forman parte del circuito cultural independiente, se lograría el objetivo de lograr su supervivencia. “De algún modo es lo mismo que hacemos cuando compramos una entrada o un libro, estás haciendo que se mantenga la producción de eso”, comentó Santiago Mazzanti, integrante de la cooperativa del Teatro, en diálogo con El Grito del Sur.

El espíritu de la campaña es preservar el lugar y que se sostenga en el tiempo: “la gente no va a estar comprándole un espacio a gente que mañana se cansa, lo vende y se lleva la plata, no. El inmueble queda a nombre de la cooperativa y como cualquier cosa que una cooperativa compre, si el día de mañana la cooperativa no está, el espacio sigue”, explicó Mazzanti.

Teatro Mandril

En el caso de que la iniciativa no logre su objetivo, igual los fondos recaudados vuelven a la comunidad: se destinarán en su totalidad a subsidiar proyectos y hechos artístico-culturales mediante una convocatoria abierta a las personas y proyectos que hayan hecho aportes durante la campaña. En el caso de que se consiga reunir el total del dinero, se reinvertirá el 5%. “Queremos que esto siente un precedente de cómo el circuito puede organizar sus recursos, que marque un antes y un después como consumidores y como productores”.