Conflicto en el PO

El Partido Obrero, la fracción y el affaire Altamira

Este sábado se conoció la ruptura entre el Partido Obrero y el sector liderado por su histórico referente, Jorge Altamira, quien había quedado por fuera de los órganos centrales de decisión partidaria. En medio de la campaña electoral, te contamos qué sucede en la interna del espacio trotskista.

Facciosa, caprichosa, personalista y liquidacionista. Así definió el Comité Central del Partido Obrero a la maniobra impulsada por Jorge Altamira, Marcelo Ramal y una serie de referentes históricos del partido, en su afán por conformar una facción interna en la tradicional formación trotskista. “El Partido Obrero considera que el grupo dirigido por Altamira ha resuelto romper con el Partido Obrero para formar su propia organización”, sentencia el documento publicado en la página oficial de esta organización, donde también se replican las mociones presentadas por el grupo díscolo.

El trotskismo es un espacio que se caracteriza históricamente por sus fracturas, facciones y rupturas. Sin embargo, en el último tiempo, la experiencia del Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) había logrado canalizar gran parte de esa dispersión uniendo a tres de los mayores partidos de la izquierda trotskista argentina: el Partido Obrero, el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) e Izquierda Socialista. Es más, en su última maniobra política, desde el FIT abrieron sus listas para la incorporación del MST, en una unidad sin precedentes en el sector que sólo dejó por fuera al Movimiento al Socialismo (MAS), que llevará como candidata a Manuela Castañeira.

Pero el debate al interior del Partido Obrero se retrotrae a tiempos anteriores y se puede fechar su inicio en la derrota de Jorge Altamira frente a Nicolás Del Caño en las PASO de 2015, un hecho que torció su hegemonía al interior del FIT y desató un cúmulo de discusiones en el propio PO. Desde entonces comenzó una puja por la conducción del partido que se ha extendido hasta la fecha y tuvo su punto culmine en el último congreso partidario, donde la mayoría de los delegados votó una dirección política que excluía a los tradicionales referentes Jorge Altamira y Marcelo Ramal. En su lugar, se ubicaba un grupo mayoritario dirigido por el actual legislador y precandidato a jefe de Gobierno, Gabriel Solano.

La divisoria tiene su sustento en un debate político. Durante los años de kirchnerismo, el Partido Obrero caracterizó a Cristina Kirchner como una obturación para la emergencia de un proceso revolucionario. La hipótesis que subyacía era que, con medidas populistas, Cristina evitaba el conflicto de clases y aplacaba la protesta social. El sector de Altamira remarca que, si esta hipótesis siguiese teniendo sentido, hubiese habido un crecimiento notable en la izquierda, hecho que no sucedió. En ese marco Altamira propuso la consigna “Fuera Macri”, lo que fue visto por el Comité Central como un gesto de kirchnerización de sus consignas, que evitarían nombrar al PJ y al kirchnerismo. En respuesta, Altamira denunció que la campaña del FIT en Córdoba fue “pluriclasista”, “sin frontera de clase” y “feminista”.

En el PO acusan a Altamira de caer en una especie de catastrofismo que lo llevarían a posiciones conciliadoras. “Nosotros venimos teniendo debates hace un tiempo. Varios meses antes del congreso se hacen plenarios con la militancia, se debaten posiciones, se presentan documentos. En el congreso ganó la posición mayoritaria por 80% a 20%”, explica Fernando Ramal, presidente de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y segundo precandidato a diputado del FIT por la Ciudad de Buenos Aires. “Lo que termina de romper es que, después de perder, en vez de aceptar la resolución del congreso armaron finanzas paralelas, campaña paralela, y una orientación política paralela”, expresó Ramal, quien es parte del sector mayoritario y quedó del otro lado de su padre, el ex legislador Marcelo Ramal. “Nosotros defendemos el programa histórico: no puede ser que alguien se arrogue el partido y se cague en lo que define la mayoría. Yo soy altamirista, el que no está siendo altamirista es el propio Altamira. El Altamira del ´88 se podría rebatir con el Altamira de hoy”, sentencia Fernando Ramal.

¿No pudo el histórico referente tolerar el recambio generacional? ¿Es una disputa entre nuevos y viejos cuadros, amparada en posiciones políticas que, desde fuera, parecen apenas matices? Lo cierto es que la amplia mayoría de los congresales del Partido eligió a la nueva dirección y la minoría desconoce la resolución y plantea una línea discrepante con la del 80%. El paso del tiempo y los reacomodos políticos definirán el futuro del tradicional partido y del referente histórico más conocido del trotskismo argentino.