Telares de la abundancia: ¿estafa o estrategia colectiva?

¿Qué es un telar? Retóricas feministas en un mundo neoliberal

El tema del telar de la abundancia resurgió en las redes en los últimos días. Las posturas están polarizadas: hay quienes están convencidas de que es una red sorora y quienes creen que es una trampa para personas estúpidas. ¿Qué hay detrás de las dos posturas irreconciliables? 

“Es una especie de revolución silenciosa para cumplir los sueños de todas”, afirma Silvina. Los sueños pueden ser muchos: realizar un viaje, lanzar un emprendimiento propio, mudarse a otra ciudad, renovar un departamento, invertir en formación. Hay una cosa que es segura: para formar parte de un telar, hace falta tener un dinero para la inversión inicial. Los “telares de la abundancia” o “de mujeres”, o “mandalas”, consisten en la formación de una red con un epicentro y anillos que se forman alrededor de él. Habitualmente, el anillo más grande consiste en ocho personas aportantes. Cada persona al ingresar, comienza avanzando de afuera hacia adentro a medida que se van reclutando nuevxs integrantes. Como red con niveles interdepedientes, sólo se mueve con la multiplicación de sus ingresantes.

Pero el telar es mucho más que eso: cada grupo, independientemente de cuánto dinero requiera para su incorporación, mantiene una comunicación. Algunas veces sólo consiste en un diálogo acerca de cómo se va desarrollando el sistema, pero en la mayoría de los casos también funciona como lugar de intercambio solidario, encuentro, reflexión y apoyo. En algunos casos se limita a grupos de Whatsapp, pero en otros incluye también reuniones y espacios de integración.

Al googlear “telar de mujeres”, se encuentran textos que alertan acerca de estafas y experiencias fallidas -que son, realmente, la mayoría-. Sin embargo, ¿qué implica, realmente, una red que promete cumplir sueños? ¿Qué motivos, a pesar de los riesgos, convocan a personas de diversos orígenes ideológicos a reunirse sistemáticamente en estas redes?

“Este movimiento apunta a una creación colectiva, una economía mandálica de co-creación”, explica Diana. Como también mencionó Mía, el telar funciona o se presenta como una forma de economía alternativa. Planteándose por fuera de un sistema de producción capitalista, el telar consiste en la multiplicación del ingreso original por la cantidad de personas que conformen el anillo exterior. Cada persona es responsable de convocar a ese número de personas y, conforme su perfecto funcionamiento, llega en determinada instancia a aquel epicentro en el que finalmente recupera su dinero multiplicado, y sale del círculo. Pero el telar tiene una vuelta de tuerca a un sistema clásico de circulación monetaria y es, justamente, el sentido de lo colectivo.

Con la masificación de los feminismos en América Latina, el encuentro con otras cobró un rol importante en las redes de sociabilización para muchas mujeres. Aquello que se llamó “círculos de mujeres” en las primeras olas feministas de Estados Unidos, espacios en los cuales las mujeres se encontraban por primera vez para hablar sobre sus experiencias y deseos, es parte del modelo que sustenta las redes de los telares. El encuentro, la expresión del deseo, del sueño, la inquietud. Y también la necesidad de construir colectivamente por fuera de un sistema que, ahora sabemos, fue históricamente opresivo de aquellas instancias.

Pero los feminismos latinoamericanos también dan una batalla muy clara en contra de la apropiación capitalista y neoliberal de sus consignas. El modelo bajo el cual vivimos deposita una tajante responsabilidad sobre nosotras mismas en la autogestión de nuestras vidas: nuestra economía, bienestar, salud, aspecto físico y estabilidad emocional dependen exclusivamente de nosotras y nuestra voluntad. Es ahí donde la pregunta se complejiza: en un contexto de crisis, las necesidades se exponencian y el deseo de acceder a sumas de dinero grandes -ya sea para reparar algo en la casa, viajar de vacaciones o pagar alguna deuda- también crece. Las redes de estafas piramidales como el telar de mujeres se aprovechan de esa vulnerabilidad. Y en ese caso no son diferentes a aquellas empresas de venta de productos autónoma que demandan que se coopte a nuevxs vendedorxs constantemente.

Pero sí está el giro de la retórica feminista. Solange explica que, según ella, el telar es una red de empoderamiento mutuo. “Se basa en la confianza entre mujeres. A mí me trajo la posibilidad de hermanarme y sentirme una con otras. Está muy arraigada con lo femenino por su poder creador y amoroso”. El discurso de la red se fomenta bajo la categoría de sororidad, también puesta en cuestionamiento por espacios de los movimientos feministas justamente por relegar la organización política y solidaria a las responsabilidades individuales. ¿Cómo se sale de este conflicto en el marco de una economía que fomenta prácticas como el telar? Y, ¿cómo se desarticula el uso de una retórica política con fines de estafa?

Mirta entró a un telar luego de una separación de una relación de muchos años. Decidió irse con su hijo a vivir a otra provincia. “Estaba desesperada por encontrar formas de sostenerme en ese contexto”, recuerda. Para entrar al telar se endeudó con su ex, lo cual reforzó la dependencia económica patriarcal de la que intentaba alejarse. “No sólo no gané lo prometido sino que quedé endeudada con mi ex pareja y con las amigas a las que metí y también perdieron”, explica. Debe tres veces lo que invirtió inicialmente y hace cinco años no logra cubrir esa deuda. Mirta no entró al telar ni para conocer Europa ni para comprarse un barco: entró para cubrir los gastos cotidianos de su familia monoparental. El tiro salió por la culata y la estrategia presuntamente feminista terminó reforzando las dificultades de la vida como madre soltera, y la dependencia económica de su ex.

En tiempos de crisis, las estrategias por conseguir dinero se diversifican pero es el mismo dinero el que escasea. Muchas mujeres que entraron a telares con una cuota en dólares “se tejieron” en plenas corridas cambiarias: el precio de entrada se duplicó, haciendo imposible que consiguieran compañeras para entrar. Así, en períodos de inestabilidad económica, estas redes de estafa se vuelven doblemente peligrosas.

La salida es verdaderamente colectiva

Entre todas las estrategias políticas que se dan los feminismos, hay una consigna infalible: ya no sirve tratarnos como estúpidas entre nosotras ante una divergencia táctica. Las mujeres y disidencias no somos sólo oprimidas por el patriarcado, sino por su modelo perfecto: el capitalismo. Como en tantas otras instancias, la respuesta demanda organización feminista, colectiva y despojada de estrategias capitalistas que reproduzcan y refuerzan las opresiones.

El telar es una paradoja. Garantiza una red patriarcal, de co-dependencia y sujeción, que se sostiene sobre vulnerabilidades: la ausencia misma de redes solidarias reales, la crisis económica, la urgencia de salir de situaciones problemáticas, la falta de contención real. Es en sí misma una propuesta de red que desarticula la posibilidad de lazos anticapitalistas y feministas. La salida es, entonces y como siempre, colectiva: la información, la desmitificación y sobre todo, el tejido real de espacios que contengan aquellas situaciones que muchas veces, por desesperación o ignorancia, terminan en engaños y estafas difíciles de reparar.