Juan Mascaró, director de "Escuela bomba: dolor y lucha en Moreno"

“No había nada formal que impidiera el estreno de esta película”

El documental censurado por el INCAA relata los motivos y consecuencias de la explosión en la escuela de Moreno, que se llevó las vidas de Sandra y Rubén el año pasado. "Les incomoda el relato de los propios maestros y también las pruebas de las responsabilidades", dispara su director en diálogo con El Grito del Sur.

“Escuela bomba: dolor y lucha en Moreno” es el documental que narra la explosión ocurrida hace un año en la Escuela Nº 49 de Moreno, que terminó con las vidas de la vicedirectora Sandra Calamano y el auxiliar Rubén Rodríguez. Sin embargo, a pocos días de su estreno en el Cine Gaumont, las autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) decidieron quitar el largometraje de la cartelera. Juan Mascaró, director de esta película que incomodó a las más altas cúspides del poder político, habla con El Grito del Sur sobre este nuevo acto de censura bajo la gestión de Cambiemos, del proceso de filmación junto a la comunidad educativa y del ajuste que está sufriendo la industria cinematográfica.

La fecha de estreno ya estaba confirmada y, de un día para el otro, el INCAA canceló la proyección. ¿Cómo les llegó la noticia?

Previamente se había reafirmado su posibilidad de estreno en varias ocasiones y ya habíamos hecho todo el camino previo: llevar las copias de la película, los afiches, la prensa, convocar a la gente para el estreno. Estaba confirmada la fecha del 1° de agosto, que para nosotros era muy importante porque se cumplía el primer aniversario de las muertes de Sandra y Rubén.

Dos días antes del estreno, en el último momento de diálogo con la gerencia, nos informan que no se iba a poder pasar la película. El argumento fue que no había sido producida mediante los canales de fomento del INCAA.

¿Por qué caracterizan lo sucedido como una censura?

Ante el argumento esgrimido por el INCAA, fuimos a relevar las listas de DOCA (Asociación de Documentalistas Argentinos) y encontramos que había de más de 10 películas que en todos estos años se estrenaron en el Cine Gaumont siendo películas no producidas por el INCAA; por lo tanto, esto resultaba contradictorio. Además no encontramos ninguna resolución que determine que las películas que no sean producidas mediante sus líneas de fomento no puedan ser estrenadas en estas salas. Ahí empezamos a caracterizar la situación como un acto de censura.

Hay otros antecedentes. Durante el festival de cine de Mar del Plata el año pasado, el secretario Avelluto no les permitió tomar la palabra a los ganadores del festival ni a los jurados porque temían que se hiciera una crítica a la gestión. Fue la primera vez que pasó en la historia que alguien gane un premio y no le permitan agarrar el micrófono para decir algo. Durante estos años también hubo otras situaciones similares con la película “El Camino de Santiago” -que nunca encontró sala INCAA- y el documental “Chavez Infinito”, que se pasó pero después trajo muchos problemas a la gente que había decidido proyectarlo.

En síntesis, no había nada formal que impidiera el estreno de esta película: la censura tiene que ver con su contenido; les incomoda la temática que trata, el relato de los propios maestros y también las pruebas de las responsabilidades.

A pesar de todo, lograron proyectarlo en la puerta del Cine Gaumont…

Sí, después de todas estas irregularidades volvimos a pedir una reunión con la Gerencia de Medios, pero allí no nos dieron siquiera un horizonte para que la película se pudiera estrenar más adelante. A partir de eso decidimos, junto con el DOCA y el Departamento de Educación de la UNLU, convocar a la gente a la puerta del cine. Fueron casi 1000 personas viendo la película en la misma fecha y horario en que estaba previsto su estreno. Fue muy emocionante, vinieron compañeros y compañeras de Sandra y Rubén desde Moreno y también referentes como Norita Cortiñas. Logramos quebrar el silencio y hoy hay mucha más gente que conoce la película.

Juan Mascaró, director del documental “Escuela bomba: dolor y lucha en Moreno”

 

¿Consideran que fueron víctimas del ajuste que está sufriendo el cine en nuestro país?

Sí, e incluso deberíamos discutir si llamar al ajuste también censura porque hay películas que no se están pudiendo filmar debido a la lógica que mantiene la actual gestión. El tema de la exhibición está cercenado y los espacios INCAA están muy degradados: no funcionan al 100% de sus posibilidades, están cerrados o funcionan a medias. En consecuencia, hay muchas películas y pocos cines para mostrarlas. El Estado debe intervenir según la ley de cine para regular la cantidad de salas y pantallas que debe haber disponibles en la Argentina.

¿Cómo surgió la iniciativa de filmar “Escuela Bomba”?

La iniciativa surgió el año pasado impulsada por el Departamento de Educación de la Universidad Nacional de Luján (UNLU), del cual formo parte. Es un grupo que, ante la tradición que suele sostenerse en las universidades de producir comunicación meramente institucional, está iniciando un camino de trabajo audiovisual que tiene que ver con saltar los muros de la universidad, con hacer comunicación junto a la comunidad. Además nosotros de alguna forma teníamos contacto permanente con la problemática porque somos de la zona. Yo soy padre de niños que tienen edad escolar y van a escuelas no tan distintas a la que sufrió la explosión. De ahí surgió la idea de poder plasmar todo eso en una película.

A partir de allí empezamos a charlar con los vecinos del barrio San Carlos, con los compañeros de Sandra y Rubén y con la comunidad educativa. Cuando nos acercamos por primera vez la explosión había ocurrido hacía menos de cuatro días, fueron días muy dolorosos porque había mucho terror en sus caras frente a una situación inesperada. Sin embargo, llamarlo inesperado es relativo porque la comunidad docente ya venía alertando acerca de situaciones de riesgo que habían sufrido los edificios escolares.

La comunidad también participó activamente de la realización de la película: por ejemplo, el corte final de la película se hizo durante una proyección abierta en la UNLU con los maestros de la Escuela N° 49. Sin lugar a dudas, la organización popular fue la gran ausente del relato mediático. Los medios contaron sólo lo inocultable: la explosión y los fallecimientos de Sandra y Rubén. Pero nunca se habló de sus historias y de lo que pasó después, por lo que nosotros tratamos de recuperar ese discurso.

¿Dónde se va a poder ver la película?

A pesar de que hoy tenemos cerca de 70 ofrecimientos de espacios que quieren proyectarla, el único que está confirmado por el momento es el Centro Cultural de la Cooperación, que va a estar pasándola todos los lunes a las 20 hs. La idea es que en cada proyección haya docentes del Departamento de Educación de la UNLU para generar debates. Queremos que la película sea un disparador para tratar esos temas con todas las comunidades que la vean, porque los temas planteados por la película se actualizan según las problemáticas particulares de cada lugar.