Un movimiento que crece en América Latina

Los números no paralizan, los feminismos en México se mueven

El mundo se hizo eco de las movilizaciones feministas de la semana pasada en la Ciudad de México. Sin embargo, poco se conoce internacionalmente del cotidiano de la vida de lxs mexicanxs: cifras que nos invitan a pensar en lo complejo que es discutir las violencias machistas en un contexto en el cual las violencias de todo tipo son moneda corriente.

 

Los números son fuertes: sólo de enero a junio de este año, se registraron en México 470 casos de femicidio. Las cifras varían según región, siendo Veracruz la zona más peligrosa para las mujeres, con 104 casos en lo que va de 2019. Pero el femicidio no es el único delito que alerta a la sociedad entera: casi 300 mujeres denunciaron abuso sexual en la Ciudad de México de enero a hoy, y la sensación de inseguridad de las identidades no-varón-cis aumentó de un 74% en 2013 a un 82% en el presente.

 

La epítome del horror: casi el 20% de las mujeres mexicanas a partir de los 15 años ha enfrentado violencia física por su género. Es decir, una de cada cinco mujeres fue golpeada, pateada, asfixiada, estrangulada, amenazada con armas y/o abusada sexualmente en México.

 

Uno de estos muchos casos de violencia conmovió al movimiento feminista a principios de este mes: se filtraron datos e imágenes de una niña de 17 años que acusó haber sido abusada por cuatro policías. A partir de la filtración de sus datos en los medios, la joven decidió no continuar con su denuncia.

La voz de las activistas

 

Dana Corres, activista feminista y comunicóloga de México explica que estos hechos “desataron la furia de las mujeres por ser una niña y que hayan expuesto su información obligándola a desistir”. Esto fue lo que las llevó a movilizarse a la puerta de la Procuraduría de la CDMX el lunes pasado. “Generalmente son manifestaciones muy pacíficas, pero esta vez estábamos muy enojadas. Se rompieron vidrios y eso se publicó en todos lados”, cuenta. A partir de esto la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, dijo que “no toleraría actos de provocación”. “Claudia es la primera mujer votada en nuestra ciudad. Ganó con el voto feminista. Eso nos hizo enojar aún más”, explica.

 

Parecida a aquellas marchas del 3 de junio en Argentina, el reclamo de las feministas mexicanas fue muy claro: el patriarcado se tiene que caer porque nuestras vidas dependen de ello. “Nunca antes se había visto esta movilización”, explica Sonia Izquierdo, periodista feminista mexicana. “Las acciones que se llevaron como las pintas a los monumentos, la quema de una estación de policías, el daño a una estación de Metrobús y sus vidrios fueron producto de la indiferencia y hartazgo que viven a diario cientos de mujeres”

La complejidad de la sociedad mexicana es diferente a la nuestra. Para poner un poco de contexto, en 2018 México rompió su propio récord de violencia con 36.000 asesinatos en un año, y el primer trimestre de este año continúa con estos niveles de violencia en alza. A pesar de la llegada de un gobierno progresista como el de Andrés Manuel López Obrador, el tejido social de un país entero no se repone de la noche a la mañana. Como publicó recientemente el diario “El Español”, la situación de México es como la de una guerra moderna: armas de fuego, sicarios, asesinatos a periodistas como moneda corriente, y casi cuarenta mil desaparecidxs y contando; con 26 mil cuerpos no identificados de fosas comunes.

 

En este contexto, la lucha contra las violencias es compleja y diferente: el entramado social está marcado por un sentido de la violencia y la impunidad estructural que implica un retruco de los desafíos a la hora de luchar contra las violencias machistas. La justicia está lejos de estar apta para contener esta situación: como explica Izquierdo, “las mujeres ya no creen en las autoridades ni en el sistema de justicia, que en muchas ocasiones favorece a los agresores. Lejos de ayudarte terminan juzgándote. Por ello, muchas mujeres se han visto en la necesidad de no denunciar sus casos”. Además, la comprensión de la violencia en sí misma es diferente. Dana agrega que “por la violencia que vivimos en la guerra contra el narco, hay una deshumanización enorme y la saña contra las mujeres es cada vez es peor. Llevamos viviendo en picos de feminicidios desde principios de los 90, las muertes de Juárez tienen ya casi 20 años”

En el análisis de las activistas feministas, no alcanza con que un gobierno sea progresista o tenga un armado institucional igualitario para que se cumplan con demandas históricas: “Cuando empezó este gobierno estábamos muy ilusionadas, es el primer gabinete paritario en nuestra historia. Sin embargo, el entusiasmo bajó con el tiempo. El presidente -creo que por su edad- no ha sabido entender muchas cosas, esta semana cuando le preguntaron por la manifestación dijo que el feminismo no tiene nada que ver con la violencia que vivieron los edificios. Imaginate: ¡LOS EDIFICIOS!”, ríe sarcástica. Sin embargo, se mantiene optimista con las posibilidades que este gobierno abre: “esto es lo más parecido a una izquierda que tenemos en México, nos parece que no estamos tan politizadxs como en otros países de América Latina, aún en ese contexto tenemos que construir esa izquierda que tenemos y no existe sin feminismo. Ahora es un poco básica, pero nos queda ayudar a fortalecerla y hacerla como creemos que debe ser”