La historia de Jessica Millamán

(Des)marcar la cancha

Jessica Millamán es una jugadora de hockey trans argentina que, ante la negativa de su federación de practicar el deporte, logró un cambio de leyes a nivel mundial. Por su lucha, el Comité Olímpico Internacional habilitó a las personas de esa condición a participar en el género con el que se identifiquen, marcando un hito en la historia de la lucha LGBT.

Hace casi diez años que mis días giran alrededor del periodismo narrativo. Me contaron cientos de historias y unas cuantas conté. Pero si algo aprendí de todos esos rostros, miradas y voces, que poblaron mis sentidos, es que las personas que logran cambios significativos desde lo colectivo, lo hicieron siempre desde adentro de la historia.
Nunca pasa desde afuera o desde lejos. Nunca es un ente que baja al llano para rescatar a la masa. Siempre es alguien que por necesidad, valentía, libertad o simple supervivencia, impacta contra la realidad para cambiarla, para siempre.

Desde la provincia de Chubut, Jessica Millamán (35) no estaba de acuerdo con el modo en el que el mundo le decía que eran las cosas. Ella es una chica a la que el frío de la Patagonia no apaciguó su llama de rebeldía. Desde muy joven supo pelear contra la discriminación y el homoodio. A los 15 se fue de su casa, en un contexto social y cultural en donde los cambios no siempre son bien recibidos. No siempre se acepta a quien decide que quiere decidir ser diferente.
En el año 2012 había obtenido el documento que acreditaba su identidad y ahora quería volver a jugar al hockey como lo había hecho hasta los diez años, cuando dejó porque no se sentía cómoda jugando con varones.
Wing izquierda o derecha. Su velocidad, talento y espíritu competitivo la hicieron destacarse en la primera división del club Germinal de Rawson ese año. Todo venía bien, hasta que tuvo que renovar el fichaje para el 2014.
“El primer campeonato lo pude jugar sin problema. En el segundo torneo no me dejaban inscribirme, ponían excusas que ni ellos entendían, yo sólo pedía que se respetaran mis derechos”, recuerda Jessica a El Grito del Sur.
Para buscar una solución, Millamán fue a hablar con el presidente de la Asociación de Hockey del Valle, quien le aseguró: “Hace lo que quieras, mientras yo esté acá vos no vas a jugar”.
Como en la cancha, la jugadora no se escondió en las difíciles y encaró la vida a puro dribling y coraje. La bocha pegada al palo y el arco entre ceja y ceja. Ella siempre supo qué quería y cómo lograrlo. “Los abogados me decían que haga todo lo contrario a lo que hice. Querían que vaya por la vía judicial y no mediática. Yo hice las dos cosas, sabía que si el caso no se difundía, podía quedar en nada y eso no lo iba a permitir”, argumenta.


La lucha no fue fácil para la chubutense, que relata su historia con una tenacidad que sorprende. “Además de discriminación sufrí cosas terribles como era que el presidente de la Asociación me tratara de “él” en entrevistas y además tenían amenazadas a las otras chicas de otros equipos para que no apoyaran mi reclamo, eso me dolía muchísimo porque yo tenía una relación genial con todas”.
Ella, lejos de quedarse quieta, utilizó la fuerza que le daban Internet y las redes sociales para que su caso se conozca. “Sabía que se tenía que viralizar”, comenta.
“Ahí comencé una campaña mediática primero con videos y los hashtags: #bastadediscriminación y #todossomosJessica, que se multiplicaron en el país y el mundo, para luego llegar a la televisión nacional”, detalla.


La atleta sabe de la importancia de la comunicación hoy en día, y que había que romper el hermetismo que genera una sociedad tan conservadora como la de su provincia. “Sin la parte mediática quizá hubiese quedado todo en un cajón, por eso decidí moverme de otra manera, no sólo por mí, sino por muchos otros más que podían caer en el olvido”.
El caso de Jessica empezó a llamar mucho la atención. Tanto que un juez se hizo eco, e intimó a la federación a fichar a la deportista en el término de 24 horas si no quería pagar una multa de 30 mil pesos diarios, lo que llevó a la inmediata resolución del conflicto. Pero faltaba más.
También llegó a oídos del Comité Olímpico Internacional (COI) y la Confederación Internacional de Hockey (CiH). Aparecieron otros casos, de otras chicas en otras disciplinas (Omaira Perdomo y Tiffany Abreu en el voley de Brasil y España). Ya nada paraba el torbellino que había nacido desde tierras bien australes, en el fin del mundo.
“Son muchos casos los que hay en el país y en el planeta. Yo tuve la suerte que el mío sea el más conocido, pero somos muchas las que peleamos por el reconocimiento y la igualdad”, asevera.
El triunfo final se dio el 7 de abril de 2017, cuando la Confederación Argentina de Hockey (CAH) emitió la circular 33-2017 que decía:
“En virtud de las consultas realizadas por nuestras entidades afiliadas respecto a aquellos jugadores que, habiendo optado por modificar su género dentro del marco de la Ley 26.743, han solicitado participar en los campeonatos de nuestras Entidades Afiliadas o en aquellos organizados por la CAH, informamos a continuación la posición de la CAH.
La CAH como entidad afiliada a la Federación Internacional de Hockey (FIH) adopta los lineamientos elaborados en la Reunión de Consenso del Comité Olímpico Internacional (COI) sobre Cambio de Sexo e Hiperandrogenismo, que tuvo lugar en noviembre de 2015. Estos lineamientos se establecen para dar cumplimiento a la Carta Olímpica. Aquellas personas que cambien de sexo masculino a femenino son elegibles para competir en la categoría femenina”

Jessi lo había logrado. A pesar que el tiempo pasó, el pecho le revienta de orgullo como el primer día cuando lo cuenta: “A partir de mi caso el Comité Olímpico Internacional decide cambiar las leyes mundialmente y a través de eso la federación argentina se tuvo que adecuar; por lo tanto, soy la primera chica trans en poder competir y que logró cambiar las leyes mundiales”.

“Lo que pasó va mucho más allá de mí, creo que sirvió para que más personas se animen a contar su historia y pelear por lo que le corresponde. Muchas chicas me dicen que me ven como alguien que abrió caminos en cuanto a derechos de igualdad en todo el mundo”, enfatiza.
Se dice que quién descubre el empoderamiento lo hace de una vez y para siempre. Una vez que la mente supera la excusa de lo posible, es absurdo no ser preso de la propia libertad. Se nota en ella. Trasmite una confianza que salpica cada palabra, tanto cuando habla de su pasado como de su futuro. “Imaginate que después de haber tenido una vida que yo no quería tener, volver a hacer lo que me hace feliz, que es jugar al hockey, fue recuperar los mejores años de mi vida. No fue fácil, pero creo que tuve constancia, suerte e inteligencia”.
Hoy está alejada del deporte y de su querida y difícil provincia. Vive en el barrio de Balvanera,  en la Ciudad de Buenos Aires y se dedica al modelaje, aunque regresar a las canchas siempre está en sus planes. “Mi idea es volver a jugar este año. O por lo menos empezar a entrenar, para competir hay que estar muy bien físicamente, aunque ya estoy hablando con algunos clubes”, adelanta.
Sabe que volver no va a ser fácil. Que la exigencia es mucha y que la liga de Buenos Aires es muy competitiva. Obvio que a ella no le asusta. Ya cambió el mundo una vez, lo puede volver a hacer.