Juicio por Lucas Cabello, día 1

“Queremos una condena ejemplar para proteger a los pibes”

Casi cuatro años después de sucedido el hecho, comenzó el juicio oral y público por Lucas Cabello, el joven baleado en el barrio de La Boca por un efectivo de la Policía Metropolitana. Luis Gabriel Ricardo Ayala, el acusado, se negó a declarar.

Con decenas de personas en las afueras del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 y familiares de las víctimas del gatillo fácil acompañando puertas adentro, finalmente comenzó el juicio oral y público en el que se investigan los hechos ocurridos el 9 de noviembre de 2015, fecha en la que Lucas Nahuel Cabello fue baleado por un oficial de la Policía Metropolitana en la puerta de su casa. “Estamos muy esperanzados”, dijo Carolina Vila, madre de Lucas, a El Grito del Sur tras finalizar la primera audiencia.

Foto: Nicolás Cardello

La causa atraviesa un largo y frondoso recorrido que le valió casi cuatro años de espera para llegar al palacio de Tribunales. Y si bien el inicio del juicio fue suspendido en distintas ocasiones, lo que primó en la jornada de ayer fue la esperanza y la sed de justicia. La audiencia comenzó cerca de las diez de la mañana y se extendió hasta las cuatro de la tarde: en esta oportunidad testificaron Carolina Vila Llorens, madre de Lucas Cabello, Aldana Cabello, su hermana, Camila Belén Magallanes, su ex pareja, y María Celeste Portillo, una mujer que pasaba por el lugar al momento de los hechos.

De todas formas, el primero en pasar al estrado fue el oficial imputado, Luis Gabriel Ricardo Ayala, quien se negó a declarar en esta instancia y optó por la lectura de su última declaración en una instancia anterior. «Por sugerencia de mis abogados no voy a declarar», dijo al jurado. Ayala tiene la misma edad que Lucas, 24 años, y se encuentra en «servicio efectivo» dentro de la Policía de la Ciudad, con lo cual no está cumpliendo funciones en la fuerza.

En la declaración que prestó el imputado tiempo atrás, se relata una confrontación con Cabello el día anterior a lo sucedido, la noche del 8 de noviembre de 2015. Allí, el joven damnificado lo habría insultado y amenazado por su condición de efectivo de las fuerzas de seguridad. Según relata el policía, al día siguiente se repitió esta misma situación con dichos similares y, según denuncia, Lucas llegó a empuñar un arma, lo que habría motivado la reacción de Ayala «en defensa propia».

Luis Gabriel Rodrigo Ayala. Foto: Nicolás Cardello

El oficial, que se encontraba ese día realizando consigna policial en el domicilio lindero al de Lucas, asegura además haber efectuado nada más que dos disparos contra él, a diferencia del relato de los familiares, quienes testificaron que recibió tres impactos de bala en el cuerpo.

La primera en declarar en el reciento fue Alejandra Carolina Vila Llorens (41) y procedió a reconstruir el momento en el que se enteró que su hijo había sido baleado. Se encontraba trabajando en una rotisería al momento de los hechos, y una vecina corrió apresuradamente a darle la noticia. Inmediatamente, se desprendió del delantal de cocina que vestía y se dirigió al lugar de los hechos para socorrer a su hijo, aún sin tener en claro lo que había ocurrido.

Cuando llegó al lugar -cuenta- su hijo ya no estaba y vio, por un lado, a vecinos y maestros de la Escuela Nº 1 asistiendo a su hija Aldana, que se había descompensado producto de la situación y del otro lado un patrullero al que decidió acercarse para pedirle a los oficiales que la llevasen al hospital para ver a Lucas. Frente a la negativa de los agentes de seguridad, se abalanzó sobre un taxi que pasaba por la calle y, con la poca plata que llevaba encima, pidió por favor que la alcanzara hasta el Hospital Argerich.

La incertidumbre crecía minuto a minuto y en el hospital la numerosa custodia policial no le daba ningún tipo de información ni le permitía ver a su hijo. Luego de largas horas, cuando pudo ingresar a verlo, le acarició la cabeza, que continuaba bañada de sangre, y llegó a escuchar que le dijo: ‘yo no hice nada, me balearon’.

Desde el 9 de noviembre de 2015 su vida, como la de todo su entorno, cambió para siempre: Carolina nunca pudo volver a trabajar y desde entonces se dedica a cuidar a su hijo y a luchar para pedir justicia por lo ocurrido. Si bien agradece que Lucas siga con vida, le duele ver que ya no puede cuidar a su hija, no puede seguir tocando en la banda, no puede continuar sus estudios.

Lucas Cabello. Foto: Nicolás Cardello

En medio de su declaración, la defensa del acusado -a cargo de los doctores Santiago De Jesús y Alejandro Daniel Bisbal- preguntó insistentemente por la relación entre el acusado y la víctima, sobre denuncias anteriores contra Lucas y por dos allanamientos al domicilio de Vila Llorens motivados por una vecina en busca de armas. Además le preguntaron por la presunta portación de armas de su hijo, sobre lo que introdujo que si bien fue parado muchas veces en la calle para ser requisado, nunca le encontraron un arma.

Luego siguió Aldana Cabello, hermana de Lucas, quien relató los hechos tal y como los vivió desde su habitación, donde se encontraba estudiando al momento del incidente. La joven de 19 años recuerda que cuando vio a su hermano tirado en el entrada del conventillo donde vivían, corrió rápidamente a pedir ayuda. Minutos más tarde -recuerda- empezaron a llegar muchos patrulleros preguntando por el policía herido, cuando el herido era el joven de entonces 20 años que laburaba de trapito en el bar de la esquina de su casa y el atacante era justamente el miembro de la fuerza metropolitana, a cargo del entonces jefe de Gobierno Mauricio Macri.

Cuando se encontró con su madre le contó lo que había sucedido y no la acompañó a la guardia del hospital por miedo a que planteasen pruebas falsas en la escena buscando inculpar a su hermano. Esta desconfianza surge no sólo por el accionar de los policías cuando llegaron a la vivienda ubicada en Martín Rodríguez 559, sino también porque había logrado escuchar que un vecino había hablado con los medios y la versión que estaba circulando era la de un enfrentamiento narco en el barrio de La Boca.

Al igual que a su madre, el hecho le causó fuertes secuelas: durante mucho tiempo le costó dormirse, no pudo continuar con sus estudios y hasta reveló que intentó quitarse la vida.

Foto: Nicolás Cardello

La tercera en pasar al estrado fue Camila Belén Magallanes, la ex pareja de Lucas y la madre de Milena, la hija que tuvieron juntos. Ella estuvo en el lugar de los hechos cuando sucedió y es testigo de los tres disparos que Ayala le propinó a Cabello: el primero, que provoca su caída automática sobre el suelo, y los dos siguientes, con el joven ya tirado sobre la entrada de la vivienda. En medio de los hechos, su hija de dos años salió de la habitación llorando y asustada por el ruido de los disparos.

Por último declaró María Celeste Portillo (30), una mujer que presenció la escena del crimen y que participa del juicio en calidad de testigo. Portillo se dirigía a su trabajo en el colectivo de la línea 159, acompañada por su pareja y su hija de 8 años, cuando escuchó el primer disparo. Cruzó la calle y siguió caminando hasta acercarse al lugar. Escuchó dos o tres estruendos más y vio el cuerpo de Lucas en el piso lleno de sangre y a su pareja y su hija gritando desesperadas.

La testigo asegura haber visto también al oficial que disparó el arma ingresar por la puerta del costado, correspondiente a Martín Rodríguez 561. Portillo y su pareja logran subir Lucas al auto de un vecino para llevarlo al hospital más cercano, el Argerich. La mujer relata que en la comisaría de la zona no le quisieron tomar la denuncia. Su testimonio resulta clave para la investigación, ya que presenció los hechos y no presenta ningún tipo de parcialidad porque no conoce a ninguna de las partes. Portillo ya cumplió con su deber de declarar, ahora queda en manos de la Justicia continuar con la investigación y llegar al fondo del asunto para juzgar a quien corresponda.

Aldana Cabello (hermana), padre de crianza, Carolina Vila (madre) y Gabriela Carpinetti (abogada).

Al salir del tribunal, Lucas y su familia fueron recibidos por militantes, vecinos y amigos que fueron a expresar su apoyo y corearon el nombre del muchacho, quien no aguantó más de la emoción y se permitió desbordar sus ojos de lágrimas. En diálogo con El Grito del Sur, Carolina Vila expresó: «Queremos conseguir justicia y queremos la mayor condena posible, que sea una condena ejemplar para proteger a los pibes que están en las manos de estos policías».

Aunque admitió sentirse nerviosa por ser su primera vez declarando frente a la Justicia, reconoció que no percibió incomodidad y se mostró conforme con la actuación de los jueces. Consultada sobre la actuación del acusado y su defensa contestó: «Al acusado yo no lo conocía, lo acabo de ver y tomo conciencia de que es un pibe como mi hijo, pero la diferencia es que él abusó de tener un arma en la mano y mi hijo hoy no puede caminar».

La próxima audiencia, prevista en principio para el 29 de agosto, se reprogramó para el 3 de septiembre debido a la superposición con otras causas que atienden los jueces al frente del caso. Además se estipuló la fecha de la tercera audiencia, que tendrá lugar también en Talcahuano al 500 el próximo 10 de septiembre.