Opinión

La juventud y Les Fernández

La generación que creció con la recuperación económica post 2001 pone sus esperanzas en un nuevo ciclo de gobiernos populares. El rol de la juventud en el Frente de Todes.

Los fuegos, como vómitos cortitos del asfalto, aparecen difusos a través de la pantalla cócava. El humo de las llantas negras y las corridas de la gente con la cara tapada invaden el living de un departamento en Caballito. Las figuras bailan sujetas al humor de una antena de metal.

Es el 21 de diciembre de 2001 y tengo seis años.

Fotos Abril Pérez Torres

Al año siguiente mis papás comenzaron averiguar cómo hacer para irse del país. Algunos de sus amigos ya lo habían hecho. Yo lloraba pensando que no podría trepar más a la higuera de atrás del colegio.

De ahí en adelante los siguientes cuatro años mi plan de verano consistió en recorrer la Capital Federal tirando curriculums con mamá. La estrategia suponía caminar trechos de más de 30 cuadras con sobres de papel madera en la mano. El primer año vino con nosotras una prima lejana. El segundo ya no. Aunque la habíamos acompañado varias veces al supermercado para ayudarla a comprar la comida, resultó insuficiente. Como muches a mi alrededor, ella también se fue a vivir afuera y con su partida huyó la única posibilidad de tener cerca primos de mi edad.

Fotos Abril Pérez Torres

La juventud esperanzada -pero también hambreada, castigada con empleos informales y obligada nuevamente a barajar la idea de la migración- se hizo presente en el acto de cierre del Frente de Todes en Rosario. Miles de jóvenes de todo el país tocaron bombos, repartieron volantes, ataron pañuelos verdes, cebaron mate para confundir el estómago y la espera.

Apenas unos días antes Alberto Férnandez habia dicho en un encuentro con jóvenes de Capital Federal «Lo último que quiero es una juventud domesticada, no dejen que los domestiquen».

Fotos Abril Pérez Torres

Con un nuevo round electoral por delante la juventud cobra una importancia política fundamental, no sólo a través de las figuras sub-30 que se destacan en las listas, sino por la cantidad de jóvenes involucrades en la militancia.

La politización de la juventud, validada a través del voto a los 16 años, significó un antes y un después para una generación que pudo alzar la voz. No es casual que este año el oficialismo haya tratado de obturar el voto joven a través de las ausencias en los padrones.

Tampoco es casual que la ebullición del feminismo en las secundarias haya sido en aquellas a quienes se les extendió la posibilidad del sufragio.

Según la encuesta “Gen Z, hacia una política de la sensibilidad», de la consultora Ipsos Argentina, CFK tiene la mayor imagen positiva entre les jovenes, en el polo opuesto a Mauricio Macri. Esta es la traducción de un desempleo que afecta en mayor medida a quienes son menores de 29 años – agudizado en mujeres y feminidades- y de las respuestas punitivas del gobierno actual -que oscilan entre la baja de edad de imputabilidad y el servicio cívico voluntario-. Ante esto jovenes y adolescentes proyectan en un nuevo ciclo de gobiernos populares la posibilidad de independencia económica, progreso y nuevas herramientas laborales.

Fotos Abril Pérez Torres

El fenómeno no es arbitrario. La diferencia entre esta generación y la de sus padres -quienes fueron jóvenes durante la última dictadura militar- fue el hiato renovador del kirchnerismo. Para quienes apenas entendimos que sucedía durante el «Corralito» y vimos en la tele las imágenes del 20 de diciembre, el kirchnerismo fue el momento en que la palabra Patria cobro sentido más allá de las escarapelas peludas de papel crepé de los actos escolares.

La ESI, la AUH, las computadoras Conectar Igualdad, la posibilidad de convivir con la ciencia y el arte fue lo que posibilitó no resignarse a creer que era derroche la posibilidad de vivir bien. Fue lo que no permitió quedarse de brazos cruzados ante el saqueo neoliberal.

En un país donde une de cada dos niñes de menos de 14 años son pobres que todos coman es un acto revolucionario y ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica.