Alertan por vibraciones de la línea H en hogares

Hasta que pase el temblor

Más de 70 familias de los barrios de Parque Patricios, Once y Recoleta denuncian vibraciones de la línea H del subte que sacuden todos los días a sus casas. "Tenemos miedo de que los techos se caigan encima nuestro", explica una de las vecinas afectadas. 

Desde hace aproximadamente tres años, por efecto del paso de la línea H del subte, que va desde Facultad de Derecho hasta Caseros, un creciente número de familias de los barrios de Parque Patricios, Once y Recoleta empezó a sentir una serie de vibraciones en sus hogares que afectan su cotidianeidad y ponen en peligro sus vidas por un posible derrumbe. Hoy se cuentan en más de 70 las familias afectadas y, por esta razón, el pasado viernes 2 de agosto realizaron un “vibrazo” en la esquina de avenida Caseros y Monteagudo para denunciar la gravedad de esta situación y exigir una respuesta de parte de Metrovías y el Gobierno de la Ciudad.

El estado de pánico que sufren estos vecinos y vecinas se basa en que el temblor que sufren sus hogares es casi permanente: va desde las cinco de la mañana hasta las doce de la noche, de lunes a lunes, el tiempo de funcionamiento semanal de la línea H del subte. Incluso a veces circulan formaciones en plena noche y afectan un breve lapso que debería ser de calma y tranquilidad. “Es como un pequeño sismo cada tres minutos”, define a El Grito del Sur Elena Abboud, vecina de Parque Patricios que padece esta problemática.

Cuenta Elena que, durante estos tres años, varias de estas casas -que en su mayoría superan los 50 años de antiguedad- sufrieron rajaduras en pisos y paredes, así como vidrios rotos que debieron reponer con plata de su propio bolsillo. Lo que en un primer momento era visto como un problema individual, terminó siendo un tema compartido que preocupa a cada vez más vecines. En ese marco se organizaron colectivamente y radicaron una denuncia en la Defensoría del Pueblo por esta cuestión, pero aún no obtuvieron respuestas. Al mismo tiempo, el GCBA les mostró un estudio de impacto ambiental en el que supuestamente no habría riesgos de ningún tipo y en el que “todas las condiciones actuales de funcionamiento del subte están acordes con la ley”.

Los vecinos y vecinas dejaron en claro que no buscan que el subte deje de funcionar -se autodefinen como “usuarios”-, pero pretenden una solución para el problema de las vibraciones. “Queremos vivir tranquilos, yo vivo aterrada permanentemente. Muchas de las casas son viejas y tenemos miedo de que los techos se caigan encima nuestro”, concluye Elena Abboud, quien no pierde la esperanza de que puedan ser escuchados.