Presentación del libro 'Cuaderno de V'

Alquimia: transformar el abuso en prosa

En su primera novela, la escritora rosarina Virginia Ducler ficcionaliza el episodio de abuso sexual que sufrieron ella y su hermano en la infancia. La literatura como herramienta para reescribir la historia.

Una de las principales teorías alquímicas es la que supone que a través de la transmutación es posible convertir un elemento químico en otro. En el caso de los metales, por la cantidad de átomos similares, creen los que creen que es posible llegar del plomo al oro.

Virginia Ducler dice que su libro es alquimia y algo en su voz también se transforma.

“Cuaderno de V” es la primera novela de la escritora rosarina, licenciada en Letras y autora de las noevelles El sol y La dispersión (Casagrande, 2015) y del libro digital de cuentos Los zapatos del ahorcado (Revólver, 2014) entre otros. “Cuaderno de V” es una ficcionalización de la historia de Virginia y su hermano, quienes sufrieron abusos sexuales intrafamiliares durante la primera infancia. La ficción – en la que Virginia es encarnada por el personaje de Vica- funcionó como herramienta para reelaborar los dolores más profundos de su historia. La prosa minuciosa deja entrever una narradora que tiene fresco el ejercicio de la palabra. En su lucha por existir, la novela tomó varias facetas: por un lado, su carácter artístico como obra de arte. Por otro, su impronta autobiográfica. Por último, su significado judicial que emerge cuando el padre de Virginia la denuncia por calumnias e injurias, proceso que aún está en curso.

“A mí me gustaría que el libro quedase como literatura, que se rescatara lo literario y trascendiera por eso, más allá de todo”, explica Ducler. El diálogo telefónico deja entrever un carácter calmo. Ella misma se define como una persona solitaria y dice que si bien apoya completamente al movimiento feminista, no suele ir a las marchas porque no le gustan las multitudes. Sin embargo, el libro aparece en un momento donde la marea verde lo digiere para convertir las palabras en testimonios plurales y recorridos sensibles. En comunicación con El Grito del Sur, Ducler revisa el proceso de elaboración del libro que se presentará el miércoles 4 de Septiembre en Buenos Aires, en ‘La Internacional Argentina’.

¿Cómo fue escribir tu propia historia como ficción?

Hace rato que me vengo entrenando en esto de usar mi propia vida para hacer literatura. Para mí la vida es como un compost de donde van a surgir textos, lo autobiográfico es la materia prima para escribir. Para mí la literatura, en principio no tiene nada para decir, es solo una voz, una forma. Pero en esta novela sí había algo para decir, que es bastante pesado, y en eso se diferencia de los demás textos.

Un día mi hermano recordó un abuso sexual sufrido en la infancia, y a partir de eso empezamos a hablar mucho, a hacer una especia de terapia por Whatsapp y a armar un rompecabezas que me permitió a mí también empezar recordar. La escritura del libro fue paralela al devenir del recuerdo: a medida que iba escribiendo iba recordando. En la novela también se muestra la manera en la que fue develando el misterio, cómo fue haciéndose en el momento de enunciación; porque la escribí como en trance, casi zombie.

Además de cambiar tu nombre usaste otros recursos de ficcionalización. ¿Cuáles son y por qué?

Hay grandes metáforas que sostienen la novela: una es la muerte de la madre al principio, matar a mi madre en la literatura me ayudó a poder escribirla, porque de otro modo no hubiera podido. Aparte es más verosímil que la madre muera; es raro que esté viva y sea cómplice. En la novela mi padre es juez, y en la vida real es abogado. Son una serie de metáforas que sirven como columnas que sostienen al recuerdo en sí, para el que no hay metáfora. Porque para el abuso no hay metáfora posible, se impone con tanta fuerza, es tan real, que no se puede transformar en ficción.

Dijiste que te entrenaste para generar ficción de la realidad. ¿Cuál fue el trabajo literario del texto?

Es un texto que tiene un trabajo literario muy grande: la estructura, el ritmo narrativo, la manera en la que fluye, por eso me gustaría que luego del escándalo quedara como un objeto artístico. Es la manera en la que yo pude decir esto, mediante la literatura. Todos tenemos una herramienta para transformar lo que nos pasa en un objeto que esté fuera de nosotros, todos tenemos algo, cada uno tiene que buscar con qué cuenta, pero todos tenemos con qué sanar estas heridas tan profundas. Si la vida nos pone en estas situaciones es porque tenemos las herramientas para salir. Yo no me siento en el lugar de víctima, sí me sentí víctima cuando no recordaba, porque no sabía qué pasó. Pero cuando empezás a tomar conciencia podés empezar a correrte de ese lugar.

Recibiste una denuncia por calumnias e injurias por el libro. ¿Cómo fue esto?

Cuando recordamos, con mi hermano nos acercamos a nuestros padres y les dijimos lo que habíamos recordado. A partir de ahí, mi padre comenzó a mandarme amenazas. Para estar, hice una denuncia, pero de manera preventiva, pedí que no se le diera curso, a pesar de la insistencia de la fiscal. Finalmente esa causa prescribió. En marzo, antes de editar el libro, me llegó una denuncia por calumnias e injurias de parte de mi padre (supongo que lo hizo para defender su imagen, no sé). Como mi hermano es abogado, tomó mi defensa, así que hoy es mi abogado y es testigo en la causa. En unos días tenemos una audiencia preliminar donde hay que presentar pruebas. Casualmente la novela es nuestra prueba de los abusos, y a su vez es la prueba de las calumnias que presenta mi padre: el libro pasó a ser protagonista.

¿Por qué no quisiste continuar la causa judicial?

Porque quería evitar el escándalo. Yo no escribí el libro para denunciarlo a él, lo escribí para curarme yo. Es un proceso muy íntimo, y lo que pase con él, mucho no me importa. Me interesa poder hablar y que mi hermano pueda hacerlo, para transformarnos en personas. Este es un proceso de reconstrucción de nuestro yo.

 

¿Creés que el movimiento feminista está usando la literatura como herramienta para atravesar la sociedad?

Si. Sin esta escucha social que hay ahora yo no sé si hubiera podido recordar, ni siquiera digo escribir la novela, recordar. Porque sé que no estoy sola y que va a haber una escucha y una contención, eso ayuda muchísimo.

¿Te escriben personas que se sintieron identificadas con el relato?

Me escribieron muchas mujeres que me agradecen por poner esto en palabras. El hecho de que esto ayude a otra gente me ayuda también a mí porque todo cobra sentido. Además, que se sepa y se difunda sirve para desnaturalizar el abuso. Cuando viviste eso desde muy chica hay una voz interior que te dice: ‘Bueno, no es tan grave lo que pasó’. La mirada de los demás ayuda a quitarle naturalidad; en las personas abusadas hay un fuerte sentimiento de culpa que es necesario desterrar.

Pienso en la idea de resignificar el dolor a través de la literatura…

Es alquimia, es resignificar la vida para poder superarla. El arte supera a la vida siempre, la corrige.